Real Madrid-Valencia 1967, polémica en los cuartos de final
Una eliminatoria todavía recordada
Real Madrid y Valencia jugarán esta noche en el partido de ida de los cuartos de final de la Copa del Rey, un encuentro que recordará viejos duelos entre dos de los clubes más importantes de la historia del fútbol español...
La lista de enfrentamientos entre el Real Madrid y el Valencia en el torneo de copa es extensa. Desde que en 1928 se vieran las caras por primera vez, se jugaron el título en varias finales: la de 1934 supuso el primer gran desplazamiento de aficionados del club valenciano en la historia, mientras que en 1979, un Valencia comandado por Mario Alberto Kempes se llevó el título tras batir en el Vicente Calderón al Madrid de los Stielike, Del Bosque o Quique Wolf.
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Mala fortuna en finales
La maldición valencianista respecto a las finales del torneo fue una constante a lo largo de su historia, sobre todo con las que tuvieron como sede la ciudad de Barcelona. En los años cuarenta, época gloriosa del club en el campeonato de liga, los levantinos perdieron tres finales; un hecho que volverían a repetir en los setenta, con la primera de ellas disputada como no, en Barcelona.
Antes sin embargo, en 1967, tuvo lugar uno de los precedentes coperos de mayor éxito para el Valencia. En el Santiago Bernabeu ganaba el trofeo que llevaba el nombre del generalísimo ante el rey de copas, el Athletic de Bilbao. En un partido rodeado de un ambiente precioso con miles de aficionados desplazados, el Valencia superaba a los Iríbar, Aranguren o Arieta II de la mano de un ilustre vizcaíno nacido en Baracaldo en 1916, Edmundo Suárez Trabanco “Mundo”.
Para llegar a esa final, el Valencia realizó un torneo espectacular que tuvo como última víctima antes de acceder al encuentro decisivo al Elche; uno de los equipos que curiosamente, sería parte de la serie de cinco finales perdidas por equipos valencianos en los siguientes años (tres del Valencia, una del Elche y otra del Castellón). Las últimas rondas del torneo de copa se celebraron una vez finalizada la liga, como era habitual en aquella época. Se condensaban los partidos para dotar a la competición de un mayor atractivo, fuera de las exigencias habituales del calendario. En poco más de un mes acontecía una auténtica criba de elegidos que vivía su momento especial con la disputa de la final: la fiesta del fútbol español, que además solía contar con el aderezo de la final pequeña, la del torneo de juveniles en el mismo escenario del partido.
Real Madrid y Valencia 1966-67
En cuartos de final de 1966-67, el sorteo emparejó al Real Madrid con el Valencia. Eliminado el Barcelona por el Atlético de Madrid en los octavos de final, la ronda de los ocho mejores llegó con dos finales anticipadas, de las que era presumible que salieran los dos finalistas (y así fue). Por un lado los dos atléticos, el de Bilbao y el de la capital, y por otro el Valencia frente al Real Madrid, un conjunto que seguía contando con muchos de los integrantes que hacía sólo un año se habían proclamado campeones de Europa en Bruselas.
Al Valencia Club de Fútbol lo presidía Julio de Miguel, un auténtico prohombre de la historia del club que fue clave en la expansión valencianista por Europa a inicio de los años sesenta. De Miguel había nacido en Madrid, aunque se convirtió en una figura fundamental de la industria citrícola a orillas del Mediterráneo. El destino de los acontecimientos dispuso que coincidiera durante su mandato con Santiago Bernabeu, el presidente del Real Madrid que curiosamente tenía ascendencia valenciana y un conocido apego por las tierras levantinas.
El Real Madrid había vuelto en 1966-67 a conquistar el título de liga tras habérselo cedido durante un año al club vecino de la ciudad, el Atlético. El Valencia se clasificó quinto a 17 puntos del ganador, aunque contó en sus filas con Waldo Machado, que se había convertido en el tercer jugador (el primero fue Mundo) del club que alcanzaba el honor de ser el máximo goleador de la liga. Waldo era un delantero muy potente, del que dependía buena parte de la suerte ofensiva de su equipo. Había jugado con todos los entrenadores, y con todos había hecho goles. A día de hoy sigue siendo el tercer máximo realizador de la historia del Valencia en el campeonato de liga, sólo superado por el mencionado Mundo y por Kempes. Waldo tenía especial habilidad en el lanzamiento de falta, y participó en los primeros títulos europeos de la década junto a otros mitos del valencianismo como el uruguayo Héctor Nuñez o los internacionales españoles Guillot o Manolo Mestre.
El Real Madrid era favorito en el duelo, pero se conocía y temía la enorme tradición de su rival en eliminatorias a doble partido. De hecho, el Valencia había tomado en cierta medida y en otra dimensión el testigo de victorias europeas del Real Madrid. Bajo sus actuaciones cayeron en la Copa de Ferias el Barcelona o el Inter, con un increíble afán competitivo que tan sólo fue frenado por el Zaragoza de los “Magníficos” en aquella final del Camp Nou en 1964.
Mestalla, tradición copera
De esta forma se presentaron en el encuentro de ida jugado en Mestalla el 4 de Junio de 1967. El estadio del Valencia tenía un aspecto muy singular, siendo uno de los escenarios con mayor tradición copera de la geografía nacional. En 1929 había sido testigo de la final del agua entre el Real Madrid y el Espanyol, y pocos años más tarde, un mes antes del alzamiento militar, Real Madrid y Barcelona se jugaron el título de copa en un partido lleno de expectación y emoción con Zamora, Balmanya, Emilín o el castellonense Bonet en el terreno de juego.
Mestalla era un campo rodeado de huerta, al que la ciudad todavía no había asaltado con sus tentáculos urbanísticos. El campo del Valencia era el terreno ideal para una noche copera de buen fútbol, donde pudiera hacerse honor al torneo con más solera y tradición de nuestro fútbol.
Sobre el rectángulo de juego, los futbolistas no fallaron. Las estrellas merengues con Amancio, Velázquez, Zoco o Serena, intentaron dejar la eliminatoria viva de cara al encuentro de vuelta. Un Valencia muy aguerrido, serio en el desplazamiento y certero en la definición, ganó el partido, aunque no sin complicaciones.
Los árbitros, el señor Gaspar Pintado y el emblemático Ortiz de Mendibil en la vuelta, se iban a convertir en importantes estrellas de la eliminatoria. Lo cierto es que no llovió a gusto de nadie, y los dos equipos se quejaron amargamente. La tensión era máxima, y el Valencia que había remontado un tanto inicial del Real Madrid, acosó sin descanso la portería de Betancort en el segundo tiempo.
En una de esas acciones, dos valencianos iban a convertirse en protagonistas del partido. Por un lado Alberto Arnal, lateral zurdo natural de Manises, que se introdujo en el área controlando la pelota. Le salió a su paso el defensa del Madrid Antonio Calpe, valenciano y ex-levantinista. Su entrada fue sancionada como penalti, y Waldo, el cazagoles brasileño falló su disparo, estrellando el balón en el travesaño y rematando a portería posteriormente... aunque la jugada fue anulada. Con 2-1 finalizó el partido, pero no sería la última pena máxima de la eliminatoria.
En la vuelta, jugada siete días después, el Bernabeu esperaba sentenciar. Llegaban con el ánimo bajo, ya que a parte de la derrota cosechada en Valencia, habían perdido durante aquella semana en su estadio frente al Celtic, el equipo que les había sucedido en el palmarés de la Copa de Europa apenas diez días antes. El homenaje a Di Stefano, para el que se había invitado a los escoceses, tuvo sabor amargo debido al tanto de Lennox.
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Ya en la copa, los hombres de Mundo plantearon un encuentro muy defensivo, maniatando las esperanzas merengues y neutralizando todos los ataques del equipo local. El entusiasmo inicial de la grada por la remontada se fue apagando, aunque renació a los 24 minutos del primer tiempo, cuando Ortiz de Mendibil señaló un polémico penalti a favor del Real Madrid. La acción provocó las airadas críticas de los miembros de la junta directiva del Valencia desplazados al estadio merengue. Alguien requirió que no era lugar para los comentarios, y la expedición valenciana abandonó el campo en pleno partido.
El penalti lo tiró Gento, pero Abelardo, el cancerbero asturiano del conjunto “ché”, repelió la pelota. A falta de cinco minutos, Waldo remataba con estilo a la salida de un córner, y el Valencia certificaba su pase a las semifinales de la mano de su estrella, del máximo goleador de la liga.
Tras eliminar al Elche, el 2 de Julio de 1967 el Valencia volvía al nuevo Chamartín, esta vez para proclamarse campeón con los tantos de Jara y Paquito, un colofón histórico a una temporada sensacional en el campeonato de copa.

