Norman Whiteside, el diablo roto del Manchester United

Debutó en un mundial a los 17 años y 41 días

La aparición de Norman Whiteside en el primer equipo del Manchester United fue uno de los acontecimientos más importantes del club al inicio de la década de los ochenta, eran años de dominio por parte del Liverpool. Tres selecciones británicas acudieron al Mundial de España 1982, en una de ellas se hallaba el jugador más joven de la historia del campeonato…

El día que cumplía 17 años, Norman Whiteside fue incluido en la primera lista de Billy Bingham para la Copa del Mundo, justo dos semanas más tarde de debutar con el Manchester United en primera división en Goldstone Ground, el estadio del Brighton. Los aficionados del United se enamoraron de su joven estrella. Recordaba a Best por su origen, y a Duncan Edwards debido a su prematura incursión en el primer equipo. En un escenario tan ligado a la tradición como Old Trafford, la presencia de un nuevo talento llegaba unida a la comparación permanente con los héroes del pasado. Su juventud y descaro provocó que el técnico del United Ron Atkinson, no dudara en darle un puesto en la delantera del equipo junto a Stapleton.

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Whiteside era hábil y espigado, con un buen manejo de las dos piernas y muy certero de cabeza. Aportaba detalles de estrella, y su estilo de juego puede recordar aunque con matices, al desarrollado por Fernando Llorente en el Athletic de los últimos años. Fue un delantero que modificó su vertiente atacante, adaptándose a posiciones más retrasadas o directamente pegadas a la banda. Whiteside perdió chispa con los años y siempre fue perseguido por las lesiones. Aunque sólo jugó dos partidos en aquella temporada de su debut (1981-82), fue convocado para el mundial con Irlanda del Norte. Una vez en España, Whiteside no llegó de mero comparsa a la cita. Batió un récord de precocidad, siendo alineado en los cinco encuentros de su selección. Mostró espléndidas condiciones y mucho carácter… el chico de Belfast al que descubrió Bob Bishop, se había convertido en el nuevo “Golden Boy” del fútbol británico.

Irlanda del Norte firmó en la Copa del Mundo de 1982 la actuación más brillante de su historia en 22 años. En 1958 habían llegado hasta los cuartos de final, pero en el campeonato celebrado en España consiguieron superar la primera fase gracias a un trabajo defensivo encomiable y un excelente despliegue físico. No eran un derroche de virtudes: con Hamilton (Burnley), Armstrong (Wattford) y Sammy Mcllroy (Stoke) como diques del armazón, no tenían demasiados recursos, pero las cosas que sabían hacer las hacían muy bien.

Antes de jugar su decisivo partido ante España, el encuentro que decidía la clasificación, los norirlandeses disfrutaban del sol de Valencia alternando cerveza con horas de piscina; la fórmula de libertad y evasión empleada por Holanda en 1974 y de la que abusó sin contemplaciones la Bulgaria de Stoichkov, Ivanov y Kostadinov en el 94. En el Luis Casanova jugaron con mucha profesionalidad, esperando su momento y sin sufrir alteraciones mentales que desviaran la atención en aquello que no les interesaba. Sufrieron el juego duro español bajo la permisividad del colegiado paraguayo Héctor Ortiz, que sin embargo expulsó a un irlandés por una acción infantil, pero ni por esas pudo ganar España. El histórico gol de Gerry Armstrong nada más arrancar la segunda mitad, hizo saltar de alegría a toda Irlanda del Norte.

El seleccionador era Billy Bingham, uno de los integrantes de aquel cuartofinalista del 58. Era un tipo valiente con fuertes convicciones. No le tembló el pulso al llevarse a España a un chico de 17 años, Norman Whiteside, dejando en casa a George Best en la que era la última oportunidad del ex-futbolista del Manchester United de jugar una Copa del Mundo. Whiteside nació en Belfast dos meses después de la primera gran exhibición europea de Georgie, el día que la santísima trinidad del United destrozó en Lisboa al Benfica ganándole por 1-5, transcurría 1965.

En aquella época, el conflicto político norirlandés no había entrado todavía en su fase más cruda. No es que los seis condados del norte vivieran en paz, pero las comunidades religiosas alimentaban su odio de forma menos violenta de cómo lo harían en los setenta. Pocas cosas unen a Whiteside y George Best, pero una de ellas es que los dos provenían de familias protestantes, y los dos comenzaron a dar sus primeras patadas a un balón en la oscura Belfast. Por lo demás, Best no era muy alto mientras que Norman alcanzaba casi el metro noventa. Best entregó su vida al alcohol, y aunque a Whiteside también se le acusó de tener esta afición, su vida nunca pudo compararse a la bacanal protagonizada por el talentoso George. Su manera de jugar era distinta, pero los dos vivieron sus mejores años con la camiseta del Manchester United.

El Liverpool de Bob Paisley hacía estragos en la época, pero pronto el United alcanzará su pedazo de protagonismo. Whiteside comienza a marcar goles en el teatro de los sueños, pero será en Wembley donde viva alguno de los capítulos más importantes de su carrera. En 1983 pierde la final de la Copa de la Liga frente al intratable Liverpool, pero volvería dos meses más tarde para disputar un doble encuentro histórico. El Brighton, el equipo frente al que había debutado un año antes, se mide ante el United con la FA Cup en juego. Con los Seagulls se alinea Michael Robinson, pero el trofeo más antiguo de la historia del fútbol tendrá que decidirse en un partido de repetición. En él, se pierde el equilibrio del primer choque, y el 4-0 no deja lugar a duda; Norman Whiteside se proclama campeón junto a Brian Robson, Frank Stapleton o Ray Wilkins. Precisamente este último abandonará el club tiempo después con dirección a Italia. Whiteside también estuvo cerca de fichar por el Milan pero no lo hizo, algo que le permitió enfrentarse al Barcelona de Maradona en la Recopa de Europa 1983-84 y volver a Wembley en Mayo de 1985.

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En otra final de infarto con un guión muy cercano a la angustiosa tradición de la competición, el United le gana al Everton gracias a un golazo de Whiteside. En aquella época el irlandés ya jugaba de extremo. Pronto llegaría Alex Ferguson y las lesiones, sus problemas con el alcohol y el deseo de marcharse al extranjero. La flor juvenil que apareció en España comenzaba a marchitarse...

El 4 de Julio de 1982, los Jennings, Armstrong o Martin O´Neill, amanecen soñando. Se juegan un puesto en la semifinal del campeonato del Mundo de fútbol. Nadie podía afirmar con rotundidad que era algo imposible, un acto de fé eso sí… pero tras ver jugar a los irlandeses en ese mundial, las quinielas que apostaban por su éxito habían tomado enteros. Irlanda del Norte tenía que luchar ante varios contratiempos, uno de ellos la lesión de Whiteside. La joven perla de Belfast estaba tocada desde el encuentro anterior frente a Austria. Tenía 17 años, hacía muy poco tiempo que competía frente a juveniles, y sin embargo en unas horas iba a luchar por colocar a su selección entre los cuatro mejores equipos del mundo.

La realidad superaba a la ficción, e Irlanda del Norte tenía la posibilidad de mejorar la actuación del equipo de 1958. En aquel campeonato donde brilló Pelé con 17 años, Francia fue el verdugo irlandés; la historia se repetía en el Vicente Calderón poco más de dos décadas después. Whiteside jugó, aunque los pupilos de Bingham arrastraban mucho cansancio en sus piernas, y delante no estaba aquella España atenazada por la presión de la primera fase. El rival era la Francia de Michel Hidalgo, un conjunto que había comenzado a poner su maquinaria en funcionamiento y que sólo se perdería la final tras un angustioso encuentro que rozó la muerte en Sevilla.

El sueño se esfumó por culpa de los goles de Rocheteau y Alain Giresse. Irlanda había llegado lejos a base de coraje y esfuerzo, pero sus recursos futbolísticos eran escasos ante la imaginación francesa. Whiteside decía adiós al mundial. Volvería en México 86 pero ya no sería lo mismo, porque Norman Whiteside no era el mismo. En unos años el ángel misterioso que debutó en La Romareda, el conquistador de Wembley, se convertiría en el diablo roto de Old Trafford.

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