Suecia: Elfsborg, el campeón accesorio

Consiguió su sexto título de la Allvenskan

El IF Elfsborg consiguió su sexto título de Allsvenskan (liga de Suecia) gracias al poderoso centro multifuncional de Suecia, el Knalleland, y el liderazgo eterno de Anders Svensson. Analizamos las claves con José David López.

Cada año, siete millones de curiosos compradores y ociosos lo visitan. Disfrutan de mega-mercados (aún más espaciosos y completos que lo que aquí conocemos como súper-mercados), restaurantes variados, más de cien tiendas donde encontrar cualquier artículo inimaginable pero, sobre todo, del Boras Zoo (el único del planeta con una sábana artificial de 23 kilómetros cuadrados), el camping urbano con hasta alquiler de canoas, parque de atracciones, museo de arte y el centro deportivo para practicar cualquier práctica incluso en su piscina de cincuenta metros al aire libre o climatizada. El Knalleland es el mayor centro multifuncional de Suecia, atrayendo a diario a artistas, escritores, deportistas y personalidades de todo el país y, estableciéndose con mucha diferencia, en la gran atracción de la ciudad de Boras.

Cerca, muy cerca de allí (apenas a 350 metros), aunque lejísimos en cuanto a relevancia mediática, comercial o incluso económica para la ciudad, se levantó el Boras Arena en 2005, sede del recientemente coronado campeón de Suecia, el IF Elfsborg (comparte con el Norrby IF). Estadio coqueto para 17.000 espectadores, de césped artificial (ya instaurado en el país como elemento clave para soportar las heladas invernales) y levantado como epicentro del Euro Sub 21 celebrado en 2009. Sin embargo, un conflicto entre la cadena de comida rápida Max que había aportado ciertas cantidades financieras al proyecto y su símil internacional, McDonalds, que es patrocinador oficial de la UEFA, le llevó a perder su condición de sede del torneo. De tal manera, el Elfsborg se convirtió en el primer club en poseer como propiedad un estadio que, a su vez, multiplicara sus ingresos (modelo repetido desde entonces por sus enemigos), aunque cada fin de semana los graderíos se vistan de bolsas de compra, bañadores o cabezas de animales pues gran parte de su afición es, ante todo, aficionado del mastodóntico Knalleland.

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Tal es la fuerza del centro comercial más importante del país (muchos de sus visitantes también proceden de Noruega), que la empresa que monopoliza esas tierras quiso adjuntar el Arena Boras como parte de la oferta hacia sus consumidores. El club, viendo la gran atracción que suponía para sus seguidores la cercanía con tan poderoso ‘vecino’, acabó entendiendo que aliarse era la mejor opción. Así, en los últimos partidos del curso, las entradas para el partido semanal, suponían un descuento atractivo en las tiendas del Knalleland, visitas gratuitas al zoo o comidas gratis en sus restaurantes. A cambio, el centro explota entre semana las oficinas, instalaciones y derechos del estadio para sus actos promocionales, e incluso la imagen de alguno de sus jugadores. Una unión inevitable que relanzó la capacidad de atracción para ambos y que completó su particular éxito a principios de este mes de noviembre cuando el Elfsborg consiguió su sexto título de Allsvenskan (superando por dos puntos de ventaja al Hacken y por tres al Malmoe).

La estela de Magnus Haglund, míster anclado en el puesto ocho temporadas, era el reto principal de Jorgen Lennartsson, encargado de hacer olvidar esa etapa de crecimiento, pero su primera experiencia no ha podido ser más esperanzadora tras llevar al club a Boras al título tras seis años de sequía (no ganaba desde 2006 pese a ser siempre uno de los máximos favoritos). La clave fue su inteligencia de vestuario, al ser capaz de fusionar sin problemas las grandes promesas del club junto a los más expertos, pues la mezcla entre Anders Svensson (eterno internacional sueco) o Klarstrom junto a Oscar Hiljemark y Niklas Hult, asentó una base que le hizo llegar con ocho puntos de ventaja a la pausa anual debido a la Euro 2012 (en Suecia, el calendario futbolístico es diferente al occidental debido a las inclemencias del frío) y poder especular con esa renta para acabar imponiéndose en la última jornada tras una difícil cuesta final de campeonato.

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El jugador del año ha sido Stefan Ishizaki, un centrocampista absolutamente asentado en la institución (hace ocho años llegó después de incluso haber probado en Genoa), de origen japonés, que en su día llegó a ser internacional escandinavo y que aporta llegada, gran calidad técnica, poderío en definición y una portentosa visión de juego a la hora de asistir, lo que le llevó a estar nominado entre los mejores jugadores del país (Guldbollen) este curso (aunque nuevamente ganó el premio Zlatan Ibrahimovic). Además, fue capaz de marcar el gol del año en el campeonato, con una volea desde su propio campo ante el Orebro el pasado mes de abril. Una justificación más no solo de su talento, sino de la gran lectura deportiva de un proyecto impulsado por un vestuario lleno de juventud pero donde dirigen varios de los ex internacionales más afamados que aún apuran sus días de profesionalismo en ‘casa’.

El año que viene, Elfsborg volverá a intentar el complicado y obstaculizado asalto a la fase final de la Champions League (tienen tres fases previas que superar) con la misma ambición del humilde que reúne perlas nacionales (solo tiene dos extranjeros en su plantilla) entre veteranos sacrificados. Serán noches de retos, ambiciones y, sobre todo, disfrute, algo que en la ciudad no solo se atribuye al fútbol sino a un mastodóntico Knalleland que impulsa su propio beneficio al de su equipo de fútbol. Otra fusión en busca de la felicidad aunque el deporte rey, en Boras, sea un simple accesorio para ampliar la oferta ociosa del verdadero buque insignia de la ciudad.

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