Manchester City: El último día de esta vida
La inversión millonaria de los citizens continúa sin rendir en Europa
La millonaria inversión del Manchester City está muy cerca de fracasar en la Champions League por segundo año consecutivo y se juega la supervivencia en una final ante el Real Madrid. Los citizens afrontan su último día de esta vida. ¿O no?
"Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta era no durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo". Estimulantes y emprendedoras palabras de quien un día de verano del 76, fundara en su garaje el hoy gigantesco imperio Apple. Steve Jobs no tardó en formularse aquella pregunta y mucho menos en responderse a sí mismo con un cambio en su interpretación y conducta de vida. A los 26 años fue portada en The Times como ejemplo de uso ideal de la inteligencia pues, para entonces, ya era millonario por la salida a bolsa de su mastodóntica multinacional y se colocaba en lo más alto de la pirámide de capitalización mundial. Pero la altísima competencia de sus principales rivales fue lo que de verdad agigantó la figura de Jobs. Jamás esperó ni especuló, sino que trabajó, progresó y transformó el sector informático (adquirió Pixar y rediseñó la cultura cinematográfica animada) con la premisa clave de innovar y sorprender durante décadas a todo el planeta. Sin descanso y sin conformismos. Sin relax y con ambiciones, como si se tratara del último día de su vida.
Ese sentir agonizante de los instantes finales del latir humano, son los que experimenta estos días otro gigante de finanzas, portadas y figuras, aunque desde el punto de vista deportivo como reto diario. La vida del imponente millonario Manchester City, con una de las plantillas más poderosas del planeta creada en base a cifras astronómicas, contratos inigualables y cheques en primera persona, también toca a su fin en esta etapa tan dubitativa como inicial en el paso del ostracismo a la élite más competitiva. Una línea negativa en competición europea le ha dejado a un pequeño paso de la eliminación en una Champions League para la que había quedado apuntado entre los firmes candidatos de curso. Será el segundo fracaso de Roberto Mancini en el continente, un golpe anímico que no supondrá medidas inmediatas sobre la luz, pero que sí ampliará la maniobrabilidad de una directiva que ya trabaja en la sombra pensando en la próxima temporada. Hoy, el Etihad, Inglaterra y Europa están ante el partido clave, el último de esta vida.
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El proceso de grandeza, al contrario que los jugadores que deben impulsar dichas pretensiones, no se puede adquirir y la obligación moral de la institución que más gastos ha generado en el fútbol mundial en los últimos años (650 millones solo en la edificación de un vestuario lleno de recursos y alternativas), debe ser la de acabar encumbrándose en lo más alto del podio europeo. Tras una primera aparición experimental y casi práctica el pasado curso (siendo eliminado en un grupo difícil por el Nápoles), los escenarios y rivales volvían a ser aún más complicados y la medición iba a ser drástica tanto en lo positivo como en lo negativo. Fue incapaz de mantener resultado favorable en el Bernabéu, levantó el vuelo sin merecimientos ante el campeón alemán y decepcionó por completo en dos duelos ante un Ajax que sacó a relucir sus vergonzosos réditos competitivos cuando la necesidad de reacción ante diferentes culturas futbolísticas, se multiplica en noches sin margen de error. Una desidia regularmente peligrosa y una alarmante falta de convicción, recalcan nuevamente la sensación de inexistencia en la idea de un guion, formato o idea de juego.
No se le podía exigir a Mark Hughes cuando llegó en mitad del crecimiento impensable de la institución (siempre existe esta etapa que vivieron por ejemplo en Londres con el ex Chelsea de Claudio Ranieri en situaciones similares) pero, después de varios años, cientos de millones, peticiones aceptadas y defensores en tiempos grises, sí se le debe pedir respuesta a Roberto Mancini. El italiano vivió de la fortuna de un gol en el último segundo del último partido de la temporada pasada o, lo que es lo mismo, de un apunte con suerte que devolvió el título de Premier League a un Manchester City que no sabía lo que era gritar con tanta fuerza desde 1968 pues durante décadas, vio como su vecino United daba color, brillo y porte a la ciudad en el escenario mundial.
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Coronado por tanto ya entre los gigantes del momento, con grandes estímulos globales por adornar una sala de trofeos vacía, con todas las provisiones acomodadas para conseguirlo, pero sin un sentido futbolístico que acaba por confiarles el protagonismo que buscan. Teniendo en cuenta la fugaz pérdida de paciencia de este tipo de proyectos (donde prima el dinero, priman resultados inmediatos), el Manchester City representa por tanto el epicentro ideal para aspirar a grandes títulos durante los próximos años, demasiados conceptos favorables como para que el técnico italiano salve su puesto a final de campaña sin superar esta fase de grupos de la Champions League. Explicación que encuentra adeptos informativos con el paso de los días pues, tras haber firmado a Txiki Begiristain como nuevo director deportivo, la identidad será lo primero que intente encontrar el ex ‘ejecutor’ del Barcelona de Pep Guardiola, que inevitablemente se acercará al banquillo citizen con el paso de los días.
Por todo ello, este Manchester City-Real Madrid será histórico por representar (salvo desastre madridista y acumulación de situaciones favorables en el resto de resultados del grupo) no sólo el último día del primer gran proyecto celeste, sino también por ser el primero donde empezó a gestarse el siguiente. Un shock ineludible que conmocione definitivamente a quien firma los cheques para provocar el salto al siguiente nivel, donde la competitividad, los resultados y la personalidad transmitida sobre el césped, encuentren la perfecta fusión que desean en el Etihad. Una transformación en busca de la innovación, aquello que Jobs buscó a diario para no caer en la desidia de lo cotidiano pues seguro que “si hoy fuera el último día de sus vidas”, los hinchas del Manchester City “sabrían que necesitan cambiar algo”.
