Spartak Moscu: Kombarov, la respuesta al desafío

Ha seguido un largo camino hasta llegar a ser titular con su club y la selección rusa

Kirill Kombarov Kirill Kombarov

Analizamos la figura de Kirill Kombarov, el gemelo del Spartak de Moscú y la selección de Rusia, tras cuyo éxito se oculta una sorprendente historia de superación y, sobre todo, de lucha.

Cinco grados bajo cero, gorros cubriendo las tímidas orejas y algún calentador color rojo para tapar esas blancas muestras de piel valiente ante las inclemencias. Como cada mañana, el entrenamiento suponía un airea de esperanza para todos aquellos chicos que, entre las verjas y el gentío, adivinaban la figura de sus ídolos en el campo limítrofe. El Spartak de Moscú, aún hoy el club con mayor masa social de Rusia, evidenciaba en estos pequeños detalles su grandeza, pues los intrépidos que hasta allí se desplazaban un día cualquiera, perdían modales ante la presencia de sus estrellas. Más atentos de los gritos cercanos que de sus ejercicios, las únicas voces que escuchaban los jóvenes canteranos, procedían de su propio entrenador, un estricto y exigente Nikolai Parshin.

Aquella generación de ‘espartanos’, apenas niños que aún contemplaban muy en la lejanía la posibilidad de convertirse en profesionales, aglutinaba pese a todos a algunas de las hoy estrellas del fútbol nacional. Inseparables y siempre compartiendo aventuras, los dos gemelos Kombarov, Dimitri y Kirill, seguían peleando cada metro para mantenerse en la vía correcta hacia su sueño, extrapolado al sentir de su padre, Vladimir (amigo cercano del míster que les dirigía), enfervorecido aficionado del Spartak y emocionado para la posteridad con la posibilidad de que sus dos jóvenes vástagos lograran vestirse de corto defendiendo al Narodnaya komanda (Equipo del pueblo). Aquella motivación diaria suponía una tensión enorme para los dos gemelos, que repartían esfuerzos sin la perspectiva ideal que pronosticaba su familia, pues con apenas catorce años, les abrían las puertas de salida. “No tienes las cualidades suficientes. Debemos trabajar en otros conceptos y necesitamos empezar de cero”, comunicó Nikolai Parshin a Dimitri para intentar explicar su decisión de prescindir tanto de él como de su hermano.

Los gemelos Kombarov

Tal fue el golpe anímico recibido, que aunque Kirill pronto encontró alojamiento en el enemigo natural, Dinamo de Moscú, Dimitri sufrió un ataque de ansiedad que lo llevó a desafiar todos aquellos años de trabajo y doctrinas por y para el fútbol (que sin abandonarlo, sí practicaba sin ilusión ni compromiso). Su actividad secundaria, ese deporte en la sombra de la pelota y el césped frío, era el kickboxing, donde ya había demostrado cierto nivel al clasificarse para campeonatos nacionales como uno de los referentes juveniles de la capital moscovita. Liberaba tensiones, trabajaba en silencio y encontraba un bálsamo que le hiciera olvidar su ‘fracaso’ vestido de corto. Con un ropaje más sólido y consistente, los hombros de Dimitri sostenían aquella losa en sus pensamientos, pero no le impidieron disfrutar de un deporte de contacto, lucha e inteligencia para administrar esfuerzos, que le iba a permitir recuperar la auto-estima. Tuvieron que pasar varios años hasta que su silencio, el de un chico deprimido ante la sensación de haber sido incapaz de cumplir el destino para el que estaba pre-concedido, reencontrara su instinto futbolístico gracias a los premios otorgados por su habilidad en la lucha.

Con varias medallas en su habitación, Dimitri convenció por completo a Yuti Mentyukova, su técnico en el Dinamo, que lo recomendó al primer equipo como gran esperanza de futuro y aunque pasó por el ‘B’ con 17 años, meses después debutaba en el primer nivel ruso. Seis temporadas donde acumuló 155 partidos, donde se convirtió en referente de la nueva ‘camada’ rusa y encontró las motivaciones para las que cada mañana había viajado sobre el hielo con su hermano. Pero su actitud ganadora, desafiante y competitiva, le impedía olvidar, por lo que cuando en 2010 el mismo Spartak de Moscú que había puesto e entredicho sus facultades y casi consigue sacarlo del fútbol siendo un niño, llamó a su puerta. Un nuevo aliciente para mejorar en lo deportivo, económico y recuperar el prestigio soñado para auto-convencerse y demostrar que su sueño jamás debió encontrar obstáculos. Ese verano, por unos 12 millones de euros, el Spartak recuperaba a sus dos gemelos en una operación conjunta que llegaba a tiempo de inscribirles en la Champions League.

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Habían pasado muchos años pero aquellas frías mañanas moscovitas sobre el césped congelado, regresaban a su vida, aunque ahora no eran ellos quienes escuchaban los griteríos de los aficionados sobre el fondo, sino quienes lo provocaban. Suficientes alicientes y motivaciones como para frenar los impulsos de un Dimitri lleno de desafíos que completar y dudas que solventar. Tanto con Valery Karpin (ex técnico y ahora director deportivo del Spartak) como ahora con Unai Emery, el carrilero encontró la proyección adecuada a sus ambiciones. Recorrido, profundidad, precisión en sus centros y tranquilidad defensiva para el lateral de mayor crecimiento no sólo en el fútbol ruso, sino posiblemente en toda Europa durante los últimos años.

Hoy, aquél chico luchador en el césped y también sobre el tatami, es uno de los capitanes del Spartak y el carrilero zurdo titular de la renovada selección rusa de Fabio Capello (superando al casi desaparecido Yuri Zhirkov). Elementos sobrados como para que los gritos enfervorecidos del líder familiar, Vladimir, expresen ahora una incontrolable devoción y orgullo por sus chicos, que respondieron al desafío de una adolescencia que quiso obstaculizar sus sueños.

LA APUESTA del día

Real Sociedad y Valladolid se medirán mañana viernes, a partir de las 21:00 de la noche, en la jornada 26 de LaLiga Santander

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