Y Diego Armando Maradona descubrió París

Se cumplen 30 años de su primera gran fiesta en Europa

Diego Armando Maradona con el Barcelona Diego Armando Maradona con el Barcelona

Se cumplen 30 años del Paris Saint Germain-Barcelona de 1982, un partido amistoso disputado por los azulgrana en el Parque de los Príncipes que estuvo rodeado de polémica, y significó uno de los primeros escándalos de Diego Armando Maradona en el fútbol europeo. Solo llevaba tres meses en España, y ya comenzaba a poner a prueba la dosis de paciencia de sus allegados...

"Saldré por la noche cuándo quiera y dónde quiera, siempre que mi rendimiento no se vea afectado en la cancha después".

Tajante y explícito se mostraba Diego Armando Maradona en Noviembre de 1982, recién aterrizado de un vuelo y con una nube de periodistas a su alrededor. Las palabras de Maradona harán esbozar una sonrisa a millones de barcelonistas y aficionados al fútbol actual, ya que leyendo en retrospectiva se pueden adivinar grandes respuestas a los pormenores de su vida. La historia posterior del "pelusa" con sus innumerables conflictos y luchas repartidas por gran parte de la geografía mundial, convirtieron en poco creíbles sus promesas, demostrando que cualquier confianza depositada en él o en su sentido del compromiso o la disciplina, era una equivocación.

"Voy a demostrarles a estos estúpidos que aunque salga por la noche, rindo igual en la cancha". Una concatenación de argumentos que bien podrían haber sido firmados por Romário o Ronaldinho décadas después. La vieja historia de la estrella con malos hábitos, que percibe un salario desproporcionado y que es incapaz de rodearse de personas sensatas que sepan gestionar su patrimonio. En el mundo de Diego todo era exagerado; salía demasiado, tenía muchos amigos, una casa muy grande en Pedralbes, coches, piscina decorada con los colores del Barça... su vida estaba rodeada de un áurea que le acompañaba siempre. Diego parecía transformar en oro todo cuanto pisaba, y estar cerca de él, era lo más parecido a pisar el paraíso. Un firmamento de ficción, donde nada brillaba tanto como parecía.

El traspaso de Maradona le había costado demasiados quebraderos de cabeza a la directiva presidida por Josep Lluís Núñez. El genio albiceleste aterrizó en la ciudad condal tras el mundial 82, con ganas de borrar la mala imagen que había ofrecido en el estadio de Sarrià pocos meses antes. Barcelona sería su nueva casa, pero el club necesitaba rentabilizar el gasto realizado, y para ello organizó una serie de encuentros amistosos por Europa en los que Maradona sería la gran atracción, el reclamo con el que llenar estadios y vender la marca Barça por el continente. Por ello, la presencia del futbolista internacional era obligada en estos partidos, que sin embargo, gozaban de una importancia deportiva escasa.

Los comienzos de Maradona en el Barcelona de Udo Lattek no fueron fáciles. Un verano gris donde el equipo no arrancaba, preocupó en exceso a los aficionados, "la temporada no ha comenzado y ya se están quejando", decía Diego. El Barça terminaba de remodelar su estadio convirtiéndolo en el Camp Nou del futuro, uno de los escenarios más colosales del mundo; pensado y diseñado para albergar a un equipo que debía construir un nuevo camino de éxitos. Diego Armando era el futuro, el buque insignia del club, y el elegido para guiar a la plantilla hacia la perfección. Por todo ello, su comportamiento en el campo debería ser equivalente a la cantidad de dólares que el Barça había pagado por él. Directivos como el entrañable Nicolau Casaus estaban convencidos de que el fichaje de Maradona había sido una decisión correcta. Incluso su compatriota Osvaldo Ardiles, con el que había compartido una difícil concentración en Alicante y Barcelona durante la Copa del Mundo, afirmaba que el "Pelusa" era sin discusión el mejor futbolista del mundo, y que muy pronto, la España balompédica se rendiría a su figura.

Los problemas llegaron, y con ellos los primeros roces con la prensa. Detalles que fueron olvidados cuando el mágico futbolista argentino comenzó a destapar el tarro de las esencias. De aquellas primeras actuaciones con la camiseta azulgrana se recuerda especialmente una, la que tuvo lugar en el "Pequeño Maracaná" de Belgrado el 20 de Octubre de 1982. Yugoslavia estaba viviendo un periodo políticamente inestable tras la muerte del Mariscal Tito, y el fútbol no era ni de lejos la mayor preocupación del pueblo. Pero la llegada de Maradona trocó los planes establecidos durante unos días. La austeridad de la economía local obligaba al Estrella Roja a disputar sus encuentros por la tarde, con la luz del día. Pero con la visita del Barcelona todo fue diferente, también por la cantidad de dinero que el equipo español dejó en taquilla. Ante el Barça el estadio se llenó, y se emplearon parte de los focos de iluminación, un gasto que dejaba a buena parte de la ciudad sin suministro eléctrico. Maradona no defraudó, y a pesar de que el Estrella Roja perdió aquel encuentro, el argentino regaló una de sus maravillosas jugadas al público presente; una acción llena de talento, improvisación y autoridad. Diego Armando Maradona visitó el mismo campo años más tarde, recordando su maravillosa acción en la Recopa 1982-83. La imagen puede verse en el siguiente vídeo:

[video:http://www.youtube.com/watch?v=j6EdWhBNNyk]

A medida que avanzaba la temporada llegaron los "bolos" europeos. Primero un encuentro ante la Fiorentina de Giancarlo Antognoni, y más tarde un amistoso frente al Servette suizo. Maradona, hombre de mucha inspiración con un balón en los pies pero de escasa paciencia fuera de los terrenos de juego, se quejó de los constantes viajes a lugares donde era acosado e idolatrado. Los defensas comenzaron a temer sus acciones, y cada jornada que pasaba, debía sortear las durísimas patadas que sus tobillos recibían.

La siguiente parada en la lista de partidos amistosos era París, donde el Barça debía medirse al Paris Saint Germain, un conjunto que había pujado en la lucha por hacerse con los servicios de Maradona, y al que se comparaba con el Barcelona en aquella época debido a las grandes inversiones que estaban realizando en materia de fichajes. Ardiles, el amigo de Diego, había recalado en la ciudad de la luz tras escapar de la conflictiva Inglaterra, afectada todavía por el síndrome Malvinas. Pero ese equipo también tenía en sus filas al holandés Kees Kist o al talentoso argelino mundialista en España 82, Mustapha Dahleb.

Pero París estaba ansiosa por ver a Diego, el jugador que había enloquecido al fútbol español tras su llegada. Maradona estaba cansado, cabreado y asustado. La responsabilidad estaba derrotando a la energía de un superdotado físico de 22 años. Cada día debía sortear historias que tenían a él o a algún integrante de su "clan" como protagonista, como el día que saltó a la prensa un posible secuestro en Sevilla tras jugar frente al Betis. Tanto fue el susto, que el propio Nicolau Casaus acudió a la habitación para cerciorarse de que su estrella estaba allí. El caso Quini quedaba muy reciente.

Sobre el campo del Parque de Los Príncipes Maradona se olvidó de sus problemas, de los agobios y de lo poco que le apetecía estar allí. Anotó un gol marca de la casa, y ayudó a que el Barcelona se impusiera dando una auténtica lección de fútbol por 1-4. Tras el partido, la prensa francesa cargó las tintas contra el jugador, al que acusaron de antipático y de no querer conceder entrevistas si no era recibiendo una suculenta cantidad de dinero de antemano. Fue tanta la animadversión gala hacia la figura de Maradona, que algunos medios incluso calificaron su actuación futbolística como discreta, y afirmaron que Diego tendría poco que hacer en el futuro al lado de Bernd Schuster.

[video:http://www.youtube.com/watch?v=G3CRii3nyJ0]

Maradona se quedó unos días en París, según su versión, haciendo compañía a "Ossie" Ardiles (que por cierto se había perdido el partido por una lesión) y descansando del ajetreo diario de Barcelona. Pero la prensa del país vecino afirmaba algo distinto, con testimonios gráficos de por medio. Diego Armando exploró la ciudad a fondo, quedando encandilado por la "Nuit" parisina y dejándose llevar por el éxtasis del momento.

En aquellos mismos días, Josep Lluís Nuñez también se encontraba en París, donde se había quedado por cuestiones publicitarias. El presidente sorprendió con unas durísimas declaraciones sobre la figura de Maradona, al que instaba a tener un comportamiento más profesional, acorde a la realidad de la institución. Sin duda, Nuñez comenzaba a estar harto de los caprichos de Diego Armando, de sus noches locas y de las exigencias de Jorge Czysterpiller, el controvertido representante del astro argentino. Las noticias de la prensa gala en cuanto a los modales, la educación y la profesionalidad de Maradona, enfurecieron al presidente y a la junta directiva. Ya en Barcelona, Maradona cenó junto a Czysterpiller en el domicilio del presidente del club. El futbolista fue llamado a corregir sus faltas, y aparentemente, todo quedó en una simpática puesta en común de impresiones.

Aquel incidente de París del que hoy se cumplen 30 años, solo fue el comienzo de una espiral autodestructiva que redujo el éxito de Maradona en la Liga. Mientras España vibraba con su fútbol e incluso el Santiago Bernabeu se rindió a su calidad pocos días más tarde, fuera del campo el Barcelona se dejó llevar en momentos por el delirio del jugador y su entorno. Maradona aportaba tantas cosas al equipo en el campo, que muchas de sus locuras e insensateces fuera de él eran perdonadas. Pronto, el castillo de naipes se vendría abajo, y la verdadera historia del genio de Villa Fiorito comenzaría a escribirse...

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