Real Madrid-Borussia Dortmund: cuando peligró la Séptima

El Madrid casi la pierde por el derrumbe de una portería

Pocas veces una portería tuvo tanto protagonismo, quizás la de los postes en Berna del Benfica-Barça del 61. Pero así fue la noche de un miércoles 1 de abril de 1998 (día alemán de los santos inocentes), cuando minutos antes del comienzo del Real Madrid-Borussia de Dortmund (semifinales de la Liga de Campeones, camino de la Séptima para el Madrid de Jupp Heynckes) los ultras madridistas provocaban una avalancha y la caída de la portería del fondo sur, que estaba sujetada por unos cables a las vallas.

El pánico no fue a mayores en la grada (lo más importante), pero entonces se vivió uno de los episodios más kafkianos de la rica historia de la Liga de Campeones. La rotura de la portería (cual meta derribada algo solo visto antes por los ‘hooligans’ escoceses en Wembley en los 70) provocaba probablemente el aplazamiento del choque por parte del árbitro holandés Van der Ende y una fuerte multa para el Real Madrid, quien sabe si algo más en forma de derrota en los despachos o algo similar. Ese era el temor.

Así hasta que, tras unos minutos de caos, el club español le pospuso una solución al árbitro y a la UEFA. Ante la ausencia de una meta de repuesto dentro del propio estadio Santiago Bernabéu, en unos minutos se traería otra desde la vieja Ciudad Deportiva, entonces a unos minutos tan solo arriba por el Paseo de la Castellana, algo más allá de la Plaza de Castilla. Agustín Herrerín, el ayudante de Julio Casabella, el delegado de campo al que ahora sucede en la actualidad, había sido el ideólogo del recambio, el salvador del partido, quizás hasta de la eliminatoria, al irse decidido hasta la Ciudad Deportiva y saltar una valla a sus 63 años que le rompió el pantalón.

[video:http://youtu.be/Z43tLSWLVF0 ]

El árbitro holandés, al que un infortunio para un alemán nunca le sentará especialmente mal, esperó lo que hizo falta y en una furgoneta, cual imagen española de la época anterior a la democracia, llegaba Mr. Marshall en forma de dos palos y un larguero. Al Madrid le costó 85.000 pesetas de la época alquilar el vehículo a un camionero que pasaba por allí y mucha habilidad luego para hacerla pasar por los vomitorios hasta el césped.

La instalación, con el público aguardando pacientemente en sus localidades y los dos equipos en los vestuarios del estadio, duró otros tantos minutos hasta que, por fin, una hora y cuarto más tarde, se pudo jugar al fútbol el partido más tardío de la Champions hasta el ‘kick-off’ de la final de 2008 entre Manchester United y Chelsea en Moscú, a las once menos cuarto de la noche hora local.

Gracias a Herrerín, y a Van der Ende (igual otro no hubiera esperado tanto), el objetivo que no se había podido cumplir en tiempo y hora por el imprevisto estaba finalmente resuelto. Aunque la portería nueva se tambaleaba más de lo normal. Y un Madrid embalado hacia su Copa de Europa en color le ganó por 2-0 al Dortmund con goles de Morientes y hasta Karembeu para sentirse ya mucho más cerca de la final en el Ámsterdam Arena, luego ganada a la Juventus con el mítico tanto de Mijatovic.

PD: Por avalanchas como aquella se han tenido que lamentar desgracias irreparables en espectáculos de masas por aforo desbordado, como en el Madrid Arena este último fin de semana. Así que si algo bueno tuvo aquello fue la aceleración, el convencimiento de que los estadios de fútbol debían ser con asientos y no con público de pie, más cómodos y seguros a cambio, igualmente, de quitar las temibles vallas/ratoneras.

Artículos destacados

Comentarios recientes