Jugadores violentos: Roy Keane

Roy Keane superó a Jones siendo expulsado en trece ocasiones. El centrocampista irlandés fue el capitán de una de las mejores épocas de Ferguson en el Manchester United, se convirtió en ídolo de la afición pero también perteneció al grupo de los bad boys del fútbol inglés. Su carácter dentro y fuera de los campos hizo que estuviera siempre involucrado en polémicas que alargaban su currículum. Sus peleas en pubs quedaban en nada cuando se vestía de corto para defender tanto a su equipo como a su selección. Quizás su pasado en el mundo del boxeo tuvo algo que ver para que a la mínima ocasión convirtiera vestuarios, túneles o el propio campo en un ring en el que lidiar sus batallas. De todas en las que se vio implicado hay una que destaca sobre el resto. Todo comenzó en 1997 cuando en un partido contra el Leeds Roy Keane se lesionó en una jugada con Alf-Inge Haaland, que lo apartaría de los terrenos el resto de la temporada por culpa de los ligamentos de su rodilla. Pero la historia no queda ahí sino que se complicó cuando el noruego pensó que Roy estaba fingiendo la lesión y le llamó mentiroso. La reacción de irlandés se hizo esperar pero se la devolvió con creces caños más tarde. Por increíble que parezca, aún no había olvidado lo sucedido. Por aquel entonces Haaland jugaba en el Manchester City, así que Keane aprovechó el derbi para servirse la venganza. En la primera jugada en la que tuvo oportunidad aprovechó para golpear la rodilla de su rival acompañando la secuencia con un: “jódete cabrón, ya no volverás a reírte de mí por lesiones fingidas”. El castigo fueron tres partidos y 5.000 libras. Cuando en su autobiografía reconoció la premeditación de la entrada y su clara intención de lesionarle, la Federación Inglesa le castigó con otros cinco partidos y 150.000 libras. Peor parado salió Haaland que tuvo que pasar por el quirófano cuatro veces sin la fortuna suficiente como para seguir jugando. Así que a los 29 años tuvo que retirarse viendo cómo Roy Keane no mostraba el más mínimo remordimiento y seguía con su carrera.

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Tras ejemplos como éste da la sensación de que el castigado es el jugador que recibe la entrada. Haaland tuvo que retirarse antes de tiempo mientras Roy Keane seguía jugando sin problemas. Es en este punto donde deberían tomarse medidas para proteger al lesionado. En algunos países ha habido jugadores condenados a cumplir meses de prisión para pagar por su “crimen”. Así, en Holanda, Rachid Bouaouzan fue condenado a seis meses tras romperle la pierna a un rival. Quizás pueda parecer excesivo pero de lo que no hay dudas es de que hay circunstancias en las que el infractor sale claramente beneficiado. Podría cambiarse el reglamento de modo que todo jugador que lesione de gravedad a otro cumpla con una sanción que le tenga apartado de los campos el mismo tiempo que el rival al que ha lesionado. Lo complicado en ciertos casos está en averiguar el grado de intencionalidad de la entrada, si llega a ser agresión premeditada y condenar de alguna forma la reincidencia.

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