La Juventus tras los pasos del Milan de Fabio Capello

Los de Turín acumulan 46 partidos sin perder en la Serie A.

La Juventus de Turín recibirá al Nápoles para seguir luchando por acercarse al récord de partidos invicto en la Serie A que posee el Milan con 58.

Massimo Carrera, el técnico que se sienta en el banquillo de la Juventus desde la sanción de Antonio Conte, es consciente de las dificultades que se encontrará su equipo en la visita del Nápoles. Avanzar hacia el récord de partidos invicto es un objetivo secundario en las aspiraciones de la Juve, pero no cabe duda que conforme el valioso logro se acerca, la ansiedad por alcanzar las cifras mágicas del Milán de los años noventa crece. Y es que curiosamente, Carrera estuvo presente en la última derrota del club lombardo en 1991; el partido previo a iniciar un espectacular balance de resultados que finalizaría con más de cincuenta encuentros sin conocer la derrota en el campeonato italiano.

El Milán perdió ante el Bari el 19 de Mayo de 1991, es decir, dos meses más tarde del apagón de Marsella y muy poco tiempo antes de que Arrigo Sacchi se hiciera cargo de la selección italiana, dando paso en el Milán a un Fabio Capello que escribiría la historia del fútbol italiano. Aquel día en Bari, dos goles del brasileño Joao Paulo definieron un encuentro que muchos calificaron de impropio para la calidad que se le presumía al Milán. La derrota en el Estadio San Nicola puso la liga en bandeja a la Sampdoria, que no falló ante su entregado público el día que celebró su primer scudetto tras vencer al Lecce.

Desde ese momento, el Milán se mostró intratable, sumando a su espectacular racha de encuentros ligueros una estadística absolutamente abrumadora; solo perdieron un encuentro oficial de los 79 siguientes. La Juventus en las semifinales de copa fue el único conjunto que les derrotó en la siguiente temporada. Lejos de las copas europeas en 1991-92, los Gullit, Papin, Albertini, Baresi o Maldini, siguieron aplastando a sus rivales en la siguiente campaña, donde impusieron su dominio en las competiciones nacionales y además ganaron los seis partidos de su grupo en la primera Liga de Campeones de la historia; el PSV de Romário, el Oporto de Domingos y Vitor Baía, o el Goteborg del legendario Thomas Ravelli, cayeron ante la máquina Rossonera de Fabio Capello.

Silvio Berlusconi, el presidente del Milán, llegó a afirmar: “el día que perdamos, el equipo debe dar la vuelta de honor al campo”. El Milán era un equipo con un hambre de triunfo atroz, una especie de Eddy Merckx del fútbol. Competía hasta en los partidos amistosos, y no fue hasta Febrero de 1993 cuando conoció en Bilbao su primera derrota en encuentros jugados a 90 minutos (en verano había perdido contra el Nápoles en la Coppa del Mediterraneo, pero era solo uno de los encuentros a 45 minutos de un triangular que por supuesto, terminó ganando). Antes del 2-0 de San Mamés, un partido que a Fabio Capello le hirió más de lo que reconoció publicamente, “este encuentro no sirve para la estadística”, el Milán se paseó en sus amistosos frente a equipos punteros del fútbol español.

El Imperio mediático de Berlusconi se expandía, y el magnate italiano era uno de los propietarios del canal español Telecinco, razón por la que el público de la península ibérica pudo observar en riguroso directo las exhibiciones de un conjunto imbatible en sus visitas al Deportivo de la Coruña y al Tenerife. El Milán de Capello era una máquina perfecta del “calcio”. Dominaba todas las parcelas del juego, resolviendo sus encuentros con resultados cortos y una hermética perfección atrás cuando así lo requería el guión, pero infringía castigos durísimos a aquellos conjuntos que buscaban algo más que defenderse. El 2-8 al Foggia, 1-5 al Napoles o 3-7 a la Fiorentina de Effenberg o Batistuta, fueron algunos de los marcadores que estremecieron al fútbol transalpino.

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Pero el imparable conjunto de Capello demostró ser humano el 21 de Marzo de 1993. El gran Parma, que se proclamaría ese año campeón de la Recopa de Europa, le derrotaba en San Siro. Un gol de Asprilla ponía freno a la espectacular racha de 58 encuentros sin conocer la derrota del Milán; el equipo estaba psicológicamente cansado, y en la cúpula del club se temía que no llegase en condiciones de ganar el encuentro más importante de la temporada, la final de la Liga de Campeones frente al Olympique de Marsella. Como un mal sueño, los italianos no pudieron conquistar su cuarta Copa de Europa, y los increíbles números no fueron coronados en la competición de clubes más importante del mundo.

Un año más tarde en Atenas, el Milán vivió el premio que mereció en 1993. Una victoria como la conseguida ante el Barcelona de Cruyff hubiera supuesto el colofón perfecto para un equipo que marcó época. La Juve sigue caminando tras la huella de aquel Milán, pero para conseguir entrar en los anales de la historia del fútbol, todavía deberá mejorar en muchas parcelas. El éxito no es solo estadística, algo que el Milán de los años noventa conoció a la perfección.

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