Bulgaria y el tráfico de influencias familiar
Herederos y matrimonios muy deportivos
El fútbol búlgaro no olvida a Yordan Letchkov. Su cabezazo en plancha ante Alemania en la Copa del mundo de 1994, es probablemente el gol más importante de la historia de su país. El sobrino de Letchkov, Ivan Stoyanov, juega también en el Ludogorets, el club de moda en el país, y pasó previamente por el fútbol ruso, concretamente por el Alania Vladikavkaz. No es alineado con asiduidad en la selección, aunque ha sido 8 veces internacional.
Pero no finaliza aquí la relación entre la Bulgaria actual y el glorioso conjunto de los años noventa. La portería de la selección está defendida por Nikolay Mihaylov, hijo del ilustre Borislav Mihaylov, portero del equipo nacional durante más de una década. Mihaylov padre, contrajo matrimonio en 1998 con toda una leyenda de la gimnasia rítmica, la nueve veces campeona mundial María Petrova. El abuelo de Borislav, Biser Mihaylov, también fue portero, siendo considerado todo un mito del Levski Sofia. En Bulgaria circula la anécdota de que fue el primer cancerbero que usó una camiseta diferente a la negra en las competiciones oficiales de clubes; vistió de amarillo en el estadio de San Siro, en la primera eliminatoria de la Recopa 1967-68 ante el Milan, aunque con muy mala fortuna ya que recibió cinco tantos.
Por último citaremos dos últimos casos, los de Valentin Iliev y Nasko Sirakov. El primero no juega con Bulgaria desde hace más de cuatro meses y es hijo de Lliya Valob, portero suplente de la selección en la Copa del Mundo de México 86. Nasko Sirakov por su parte, fue otro miembro de la mítica Bulgaria del 94; ex-futbolista del Espanyol y del Zaragoza, representa otro curioso caso de influencia parentesco-deportiva en el fútbol búlgaro. Era hijo de Petko Sirakov, medallista olímpico en lucha grecorromana en la categoría de menos de 87 kilos en los Juegos Olímpicos de Melbourne 56, y se casó con Iliana Raeva, otra representante del combinado nacional de gimnasia rítmica.
Como puede apreciarse, la selección búlgara de fútbol respeta sus tradiciones, y una de ellas es potenciar los lazos familiares entre sus miembros. Navegando entre tantos datos e historias que guardan un enorme parecido, podría pensarse que el deporte en Bulgaria es un juego de clanes.

