Fútbol y deporte en Bielorrusia

La selección nunca tuvo éxitos

La selección española visita Bielorrusia por primera vez, un país con una tradición futbolística peculiar que últimamente ha tenido repercusión en los medios gracias al BATE Borisov, pero la historia de su deporte refleja las difíciles condiciones de vida en una República en la que el fútbol, debe competir con el hockey sobre hielo por ejemplo, en su lucha por acaparar la pasión de los aficionados.

En 1988, bajo el cielo de Munich, Sergei Gotsmanov y Sergei Yevgenyevich Aleinikov no tenían más opción que recoger su medalla de subcampeón en la Eurocopa de naciones y volver a casa. Van Basten había establecido la diferencia sobre el césped del Olympiastadion ante la Unión Soviética, un conglomerado de futbolistas con raíces muy distintas. Aquel partido fue la última oportunidad de captar una imagen de la selección en una final; Gotsmanov y Aleinikov fueron los dos representantes de la República de Bielorrusia en una foto que muy pronto sería parte de un pasado irrepetible.

El fútbol bielorruso siempre presentó una notable irregularidad durante los tiempos de pertenencia soviética. En 1982 se vivió la histórica victoria del Dinamo Minsk en el campeonato de liga de primera división; un éxito que permitió competir en la Copa de Europa a los Zygmantovich, Aleinikov o Igor Gurinovic. La experiencia fue positiva, y aunque no se consiguió traspasar la barrera de los cuartos de final, la escaramuza continental fue todo un ejemplo para generaciones venideras. En aquellos tiempos, el BATE Borisov, club que aspira a continuar el legado del Dinamo 30 años después, terminaba de disolverse. Y es que el deporte bielorruso es una suma de claros y oscuros, desapariciones y retornos de estrellas tras un pasado tumultuoso. Aliaksandr Hleb es el último ejemplo de ídolo que germina, desaparece y después renace. Para encontrar respuesta a la cantidad de interrogantes que abre Bielorrusia, hay que buscar en su historia como pueblo y su abstracta identidad nacional.

La configuración geográfica actual de Bielorrusia, no quedó definida hasta bien entrado el siglo XX. Su estratégica situación, provocó que sufriera muy pronto el avance nazi durante la segunda guerra mundial, un hecho que produjo consecuencias más contundentes que en otras repúblicas. Además, posteriormente fue uno de los lugares donde Stalin implantó su política de sovietización con mayor vehemencia, por lo que las secuelas padecidas por el pueblo bielorruso durante muchas décadas, fueron devastadoras; controlado y exterminado por los nazis hasta 1944, y políticamente dirigido por las estrictas leyes económicas que dominaron la Unión Soviética décadas después. Por si fuera poco, el efecto de la lluvia radioactiva de Chernóbil también llegó a Minsk y a las poblaciones cercanas. Por todo ello, Bielorrusia vivió una transición difícil tras la disolución del país en 1991. Su deporte asumió de cerca el resultado de tanta convulsión, y aún hoy, sus estamentos políticos y las organizaciones deportivas sufren la corrupción y otros graves problemas, como el dopaje en deportes individuales o el funcionamiento arcaico en algunas competiciones por equipos.

La selección de fútbol de Bielorrusia, acumuló pobres resultados en sus 18 años de vida hasta el momento. En el pasado torneo olímpico celebrado en Londres, las jóvenes promesas del conjunto bielorruso ofrecieron buenas sensaciones, dejando abierta una puerta a la esperanza pese a su eliminación en la primera fase. Los Bressan o Rodionov abanderan el sueño de una selección poco acostumbrada a la victoria. Pero la tradición deportiva del país es más grande de lo que podría pensarse, y es en este punto donde debemos volver a los fantasmas interiores de las estrellas bielorrusas.

Vitaly Scherbo, bielorruso nacido en 1972, ganó 6 medallas de oro en gimnasia artística, siendo considerado el auténtico rey del deporte masculino en Barcelona 92. Fue la última gran hazaña bielorrusa antes de competir de forma independiente. La realidad es que aquel triunfo estuvo ligado a un período turbulento con demasiada violencia. La casa de Scherbo fue asaltada numerosas veces, e incluso miembros de su familia estuvieron cerca de ser secuestrados. Las continuas extorsiones recibidas en su propio país le hicieron abandonarlo, y lejos de allí, tuvo que superar su adicción a la bebida, un problema que aminoró gran parte de sus facultades antes de volver a la competición en Atlanta 96, ya representando al Comité Olímpico de Bielorrusia.

La primera gran hazaña del fútbol bielorruso llegó en Junio de 1995, cuando fueron capaces de ganar a Holanda gracias a un gol de Gerasimets. Aquel equipo era una de las selecciones herederas de los restos de la Unión, y aspiraba a convertirse en un referente del fútbol del este. Pero el éxito no tuvo continuidad, y el desánimo se apoderó de los aficionados.

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Muchos bielorrusos, desencantados por el escaso avance de los clubes y la selección, se refugiaron en el Hockey sobre hielo, y es que en Bielorrusia como en el resto de naciones de la ex-URSS, se vive este deporte con auténtica devoción. Con mayor motivo cuando en 2008, se fundó la Liga Continental de Hockey, una competición en la que tomarían parte representantes de varios países con el objetivo de hacer frente al imperio económico de la NHL norteamericana. Un equipo bielorruso fue invitado a participar, el Dinamo Minsk, con lo que el interés por el Hockey se incrementó, y vivirá su punto culminante en el año 2014 con la disputa del campeonato del mundo en el gigantesco Minsk Arena; un espectacular recinto multiusos que se ha convertido en uno de los mayores orgullos de Bielorrusia.

La llegada de la selección española a Minsk es toda una oportunidad de mostrar al mundo el actual nivel del fútbol bielorruso. El BATE Borisov ya ha avisado de sus pretensiones en la Liga de Campeones de la UEFA, y la selección busca elevar el nivel del fútbol cuanto menos a la altura de otros deportes.

Curiosamente, España ya tuvo la oportunidad de jugar allí en un gran torneo, aunque no fue en categoría absoluta. La historia nos remonta a los Juegos Olímpicos de Moscú 80, donde España disputó su segundo y tercer encuentro de la primera fase a más de 700 kilómetros de la sede principal. Aquella experiencia se recuerda como uno de los mayores fracasos olímpicos de España, que fue incapaz de ganar a Siria y más tarde a Argelia, aunque en este encuentro frente a los africanos, con una indecente actuación del colegiado azerbayano Eldar-Azim-Zade. Los Paco Buyo, Víctor Muñoz o Poli Rincón, no olvidarán el Dinamo Stadium de Minsk.

Bielorrusia es la única heredera de la URRS junto a Rusia y Ucrania que siempre obtuvo más de diez medallas en los Juegos Olímpicos de verano. Sus atletas, tiradores y halteras ya demostraron su calidad en diferentes eventos; en tenis, Victoria Azarenka es todo un símbolo del deporte femenino. El fútbol debe ser el siguiente en dejar atrás la parcela más oscura e ingrata de la competición. La imprevisible y desconocida Bielorrusia tiene una oportunidad irrepetible ante la tricampeona España.

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