Liverpool: Pepe Reina, el pecado del sonriente
El portero español atraviesa por un mal momento de forma
Pepe Reina no atraviesa su mejor momento de forma en el Liverpool y está encajando duras críticas por algunos de los goles que ha encajado. Sin embargo, en Fútbol Primera.es no perdemos la confianza en él y José David López le defiende en este artículo.
Etiquetas, ‘tags’ que dirían los programadores, roles para los más ordenados y cualidades para fans de lo tradicional. No hay absolutamente nadie en la sociedad, sea cual sea su rango o nivel de arraigo entre quienes lo rodean, que escape a los adjetivos, peyorativos o agradables, que lo situarán en uno u otro escalón. Una pirámide plural, colectiva, global que, pese a estar perfectamente automatizada entre símiles, guarda un misterio inquietante, pues no está escrita ni legalizada, careciendo de leyes previamente estipuladas para todas sus valoraciones. Hay quien logra la simpatía del resto como castigo divino, sin haber intentado ganárselo ni haber impulsado motivo alguno para generar un marco agradable para ello. Otros, lo buscan, lo intentan y lo secundan como método para mejorar su imagen personal. Encontrar respeto, estabilidad y distancia entre quienes lo aplauden y fotografían, es el ‘paraíso’ profesional.
La rimbombante fuerza del fútbol actual en nuestro país, creó nuevos héroes casi mitológicos el día en el que España alzó la Eurocopa 2008, multiplicando el impacto de esos jugadores con el primer Mundial en 2010 y la reciente Eurocopa 2012. Muchos repitieron en todas esas gestas y todos, como personajes públicos vanagloriados, exaltados y considerados ejemplos de un deporte que casi mueve al planeta (sólo hay que ver la cantidad de premios a nivel nacional e internacional que han llegado a la generación de oro de la Roja en los últimos años), encontraron una etiqueta que les define dentro y fuera del césped. Su gloria es la de todo el país que, a través de sus risas, victorias y gritos de éxito, transmite sensaciones valorativas como si del amigo del trabajo se tratara. La distancia se acorta y pese al respeto general, las críticas son una salida fácil cuando esos mitos se ‘humanizan’ ante ojos de quienes depende ese rango no escrito pero automatizado.
Nadie increpa a Casillas, Xavi, Xabi Alonso, Iniesta o Villa, pues representan la cúspide como profesional futbolístico y protagonizaron los momentos más emblemáticos de la historia de esta España que se extendió al mundo. Se mantiene entre grandes elogios a otros como Silva, Puyol, Cazorla, Pedro, Navas o Piqué, que aspiran a ser los ‘elegidos’ en no demasiado tiempo pero igualmente son considerados parte integral y activa de la generación exitosa. Sin embargo, sí reticencias en mostrar un cariño y defensa absolutos por aquellos que, desde un rol secundario o al menos no actualmente prioritario, intentaron aportar ese impulso tan necesario como energético en momentos de distracción. Se ha dudado de Fernando Torres por su nefasta crisis goleadora cuando fue él quien marcó el gol que transformó la historia del fútbol español. Se ha enturbiado la percepción de Arbeloa por errores defensivos graves cuando ha sido intocable en los últimos años pese a esa corriente que intentó tumbarle. Ese panorama persigue a Albiol por no considerarlo capacitado para su puesto, como ocurrió no hace mucho con Marchena o Capdevilla. Una línea entre el respeto y el desagrado que encuentra accesibilidad a la crítica, esa que ahora arrastra desde hace meses un Pepe Reina cuyo principal defecto ha sido y es, representar la alegría personificada de una selección sin igual. Su pecado, ser el eterno sonriente.
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Porque España, ese país que vanagloria ignorantes televisivos, se emociona con el comadreo más irracional o engendra ídolos entre vítores chocarreros, no es capaz de quedarse con la verdadera premisa que inició esa relación de afecto, sino con la imagen de la imprevisibilidad en momentos de alegría. Una faceta que le multiplicó fama, pero le repercutió negativamente entre los que esperaban con el látigo en la mano. Su faceta de animador o speaker en las celebraciones, transformó su perfil por completo y, curiosamente, aquellos que lo respetaban por pertenecer a un grupo ganador, empezaron a dudar de su necesaria presencia en el contexto de los internacionales españoles.
Reina es desde hace muchos años el perfecto suplente de Iker Casillas. Nadie puede discutir al madrileño como el mejor portero del mundo, como el referente absoluto de las porterías o como el símbolo número uno del movimiento positivo del fútbol español. Él nunca osó discutirlo, entendió su rol, asumió su papel y secundó apoyos particulares para motivar, empujar, dinamizar a su colectivo desde esa sombra nunca que nunca decae para dar el último aliento. Porque él siempre fue el primer en llegar a las celebraciones (a las pruebas nos remitimos con los últimos goles históricos de España). Porque él siempre era el último en aconsejar para ese penalti clave (lo hizo siempre con Casillas en Euro 2008 ante Italia, en Mundial 2010 ante Paraguay y en Euro 2012 ante Portugal). Porque él siempre era el que aportaba el júbilo final, el grito, el empuje, el salto, la risa… para levantar a un pueblo español echado a las calles para festejar títulos que otros mejor valorados y queridos, ya estaban hartos de mostrar o habían perdido la verdadera realidad de lo que trascendía sus gesta.
Ahora, esos que lo tachan de ‘animador’ y ‘fiestero’ sin nivel suficiente para ocupar parte de esta selección española, aprovechan los peores días del portero catalán en la Premier League, para sacar a relucir sus críticas y buscar un cambio de dirección en la portería de los campeones del mundo. Y es que Reina, que sigue incrustado bajo los palos de Anfield tras siete temporadas y 360 partidos, ha iniciado con muchas dudas el nuevo curso inglés. Ha encajado siete goles en tres partidos, mostrando incapacidad para levantar desde su experiencia a una línea defensiva frágil, carente de solvencia y vinculada a los graves problemas del club en los últimos años, donde ha perdido cualquier referencia competitiva en la élite. Los grandes referentes de los últimos años, cayeron con el peso de la presión y los años en una entidad exigente, pero el portero español atravesó la ‘Era Benítez’, la posterior crisis post ‘Spanish Liverpool’, la inoportuna apuesta por Roy Hodgson y la fatídica alarma creada con Kenny Dalglish. Sin embargo, la enorme expectación en torno al estilo asociativo, dinámico y aseado que propone el nuevo técnico, Brendan Rodgers, parece apuntar también a una renovación en el entorno que parecía más asegurado del equipo.
Con 30 años, la lógica apuntaría a que la vida profesional de Reina aún tiene varios años de gran nivel por delante y que quizás su declive se iniciará tras el Mundial 2014 (momento clave para asumir el relevo generacional), pero los analistas más drásticos llevan demasiado tiempo acumulando peso para sacarlo de su estatus actual. En innegable que no atraviesa su momento de forma más fiable, que ha perdido la enjundia de hace unos años y que quizás haya que considerarlo ya tercera opción bajo palos en la Selección. Pero el cambio, llegue o no, es un proceso lineal en el que no solo uno debe haber rebajado su nivel, sino que otro debe demostrar ser superior. Y pese a que hay problema, la solución no será esta vez centrar las críticas hasta obtener su penitencia o condena, sino aplaudir lo que ofreció y lo que ya demostró poder seguir aportando. Esta vez, la risa, el ánimo y los impulsos, deben ser del resto. Pepe lo espera pues su único pecado es ser la sonrisa eterna de esta España.
