FC Magdeburgo, el sarcasmo del gol

Ya no hay goles en Magdeburgo...

Manfred Zapf, Jurgen Pommerenke, Wolfgang Seguin, Martin Hoffmann y sobre todo, Jurgen Sparwasser. Cinco amigos que formaban la columna vertebral de un equipo que hizo historia en el fútbol alemán de los años 70 y que incluso trasladó su éxito a nivel continental. En esos años, el FC Magdeburgo levantó tres Ligas, tres copas y la Recopa de Europa del 74 con un increíble 2-0 al Milan en una final que les convirtió en el único campeón europeo de la República Democrática Alemana (RDA, que apenas tuvo 41 años de vida, 1949-1990). Fue tal su brillantez, que su plantilla representaba la base del seleccionado de la RDA que jugó el Mundial de 1974 (donde se impuso a Alemania Federal en un partido histórico) y que obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1976. Una generación única, irrepetible, en un contexto muy especial y de encomiable valor socio-deportivo.

La renovación del fútbol alemán tras los cambios político-sociales durante la adhesión de la antigua República Democrática Alemana (RDA) bajo la jurisdicción de la República Federal de Alemania (RFA), degeneraron graves problemas de aislamiento que fueron agravándose con el paso del tiempo e impidiéndoles competir en la élite. En una dinámica constante de descensos y problemas financieros, el FC Magdeburgo tocó fondo en las catacumbas del fútbol amateur y actualmente intenta subsistir en la Regionalliga Nord (Cuarta división Alemana dividida en cuatro grupos).

Tal es el desencanto con las decisiones tomadas deportivamente y con el nivel pobre de sus jugadores, que la hinchada acumula quejas y críticas en busca de soluciones. El pasado año, el pozo no pudo ser más profundo. Se acumuló una racha de 25 partidos con apenas 16 goles (once menos que su antecesor) y tras cinco consecutivos sin marcar, la afición decidió actuar nuevamente por su cuenta pero siendo esta vez más originales y singulares que nunca. Un domingo de partido, desplegaron una pancarta gigante detrás de la portería rival que decía: "¡Wir euch zeigen, wo das tor steht" ("No se preocupen muchachos, vamos a mostrarle donde está el camino del gol”).

Como éste no llegada por los méritos de su equipo, el siguiente partido dieron un paso más en sus críticas. Cargados de cartulinas, los aficionados inventaron ‘flechas gigantes’ que, desde los graderíos, ejercían de improvisados cartones luminosos para ayudar a mejorar la puntería de sus desafortunados jugadores. La idea era mostrar la ruta hacia el gol, indicar la fórmula del éxito y favorecer la cohesión entre afición-equipo gracias a sus esquemáticas flechas direccionales. Curioso fue ver cómo, lejos de portarlas en silencio, actuaban enérgicamente por las gradas, moviéndose con celeridad en tiempo real conforme el partido avanzaba hacia una banda o la otra con la única idea de indicar y ajustar donde estaba la portería contraria.

El humor, sarcástico y hasta estresante para quienes lo sufren, alcanzó su cota máxima de singularidad por todo el país (el afamado nombre del club ayudó a recuperarlo al menos del anonimato) y terminó cuando el centrocampista estadounidense Chris Wright puso fin a la racha negativa tras 558 minutos sin presenciar un gol (terminaron perdiendo 1-2 ante el AK 07 en el último minuto). Un triste desenlace para una curiosa propuesta de una afición (más de 4.500 fieles pese a estar en las catacumbas) cansada de la desidia y el caos que hunde semanalmente a su equipo desde hace cuatro décadas. Ya no hay goles en Magdeburgo…

[video:http://www.youtube.com/watch?v=YPQSPcQ9Kq4]

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