Champions League: La (in) justicia de las fases previas
El Málaga intentará no quedarse por el camino como sucedió con muchos otros
La fase previa de la Champions League 2012-2013 vive su última semana con la vuelta de los play-offs y José David López nos analiza la (in) justicia de este formato en el que los equipos buscan un sitio en la Liga de Campeones.
Que la actividad futbolística es constante y frenética, quedó perfectamente recalcada estos días veraniegos. Mientras que muchos aún estábamos pendientes de poder encontrar días libres para tomar un descanso vacacional y hasta se alargaba la resaca de la Eurocopa 2012, la llamada de la gran competición continental a nivel de clubes ya se plantaba ante nosotros. Y es que a pesar del calor y de que los torneos ligueros no estaban aún preparados, los clubes más modestos y humildes de Europa que a su vez ganaron sus respectivos campeonatos nacionales, comenzaron nada menos que un 3 de julio su odisea en la Champions League 2012-2013.
La aventura de los clubes menos afamados arranca con las altas temperaturas y en esa primera ronda eliminatoria con solo seis clubes, estaban los campeones de países a los que la UEFA y el resto de vivientes seguidores europeos, apenas guarda en el ostracismo. F91 Dudelange (Luxemburgo), SP Tre Penne (San Marino), Valletta FC (Malta), Lusitans (Andorra), Linfield FC (Irlanda Norte) y B36 Tórshavn (Islas Feroe). Y es que su cartel de ‘campeones’ no sirve para mucho en el panorama continental, que obstaculiza su camino a la gloria con hasta un total de cuatro rondas previas a la fase de grupos oficial del torneo. Demasiados milagros necesarios como para que la heroica fuera, ya desde verano, la nota sorprendente de esta edición 2013 que tendrá como sede final Wembley.
En segunda ronda esperaban clubes ya con cierto nivel como Partizán, Bate Borisov, Dinamo de Zagreb o Basilea. En la tercera aparecieron Dinamo Kiev, Panathinaikos o Anderlecht, que entrarían en competición en el mes de agosto. Pero para entonces, esos místicos, amantes de lo singular y deseosos de historias escritas con barro y graderíos de chapa, habían perdido ya a sus referentes especiales. Pues apenas semanas después de su arranque, no quedaba rastro alguno de los que abrieron el inocente telón de una Champions League que les apremia con su ‘castigo’, el de una herencia terrible que ningunea sus títulos nacionales y les condena a fuego lento entre el calor de un verano de injusticias. La única respuesta a sus quejas, un inventado y repetitivo discurso que aboga por la defensa ultranza hacia un ranking europeo que les sitúa en lo más bajo de la cadena alimenticia, donde apenas llegan los huesos mordidos del gran manjar que se disputarán eternamente unos ‘elegidos’.
No hay que olvidar que Michel Platini, presidente de la UEFA, apadrinó una medida plausible que busca más respeto, ayuda y predisposición dialogante para estos clubes humildes y su participación en la Champions League. Desde el inicio de su gestión, quiso reducir el número de equipos que ingresaban en la competición desde los campeonatos ligueros más cotizados en favor de empujar a los clubes menores de federaciones con peor ranking europeo. No es un paso gigantesco, no ha significado aún una sorpresa mayúscula (quizás el Apoel ha sido puntualmente la más satisfactoria), ni tampoco ha favorecido su inserción a nivel de selecciones, pero sí es una idea que denota cierto interés en no aglutinar el fútbol en varios escenarios habituales, sino estirarlo, asomarse a nuevos entornos y alargar los tentáculos para atrapar en las redes del deporte rey a todos aquellos que quieren participar de una misma pasión.
Sin embargo, el debate profundiza en muchos factores y quizás el más repetitivo, no por ello menos real y lícito, es que muchos clubes de campeonatos mejor valorados, sufren lo indecible por poder entrar en las fases previas de la Champions League. Competitividad máxima, problemas financieros e inversiones futuras para seguir progresando que, una vez en suelo continental, encuentran serios problemas para encontrar su premio debido a la dificultad de los oponentes que se encuentran en los play-off. Equipos escoceses (Celtic y Rangers), Holandeses (Ajax, Feyenoord), belgas (Anderlecht, Brujas) e incluso alemanes (Bremen o Borussia Monchengladbach este mismo verano), italianos (Udinese, Roma o Sampdoria), ingleses (ocurrió con el Everton) o españoles (le sucedió al Osasuna), han conocido esa fatalidad, la de quedarse a la orilla del gran premio por cruzarse contra enemigos poderosos (últimamente enfrentados entre ellos mismos o con clubes ucranianos-rusos debido al ranking de emparejamientos UEFA), perdiendo la evolución que tan costosamente habían podido lograr con un primer paso a nivel nacional.
Dos perspectivas con multitud de defensores, aspectos debatibles y reproches a cada imposición llegada desde la UEFA, pero con una misma teoría, la de facilitar el acceso a la competitividad máxima de clubes no acostumbrados a poder ocupar ese rol. Una justicia imposible de acelerar, que va sumando decepciones anualmente y que no contenta a nadie (a pesar de que los más ruidosos y los que pretenden alterarlo a su favor, siempre serán los que tienen cierto prestigio que defender). Esta semana, la lista seguirá creciendo.
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