Milan-Inter: Matrimonio de conveniencia

Los milaneses han intercambiado a Pazzini y a Cassano

El Milan y el Inter de Milán han cerrado el trueque que viste a Antonio Cassano de nerazzurro y a Giampaolo Pazzini de rossonero. No es la primera vez que los dos equipos milaneses se intercambian jugadores y hemos querido repasar con José David López la extraña relación entre ambos conjuntos.

El estadio San Siro o Giuseppe Meazza, ejerce de principal diferenciador entre dos de los principales clubes del mundo instalados en un mismo país y en una misma ciudad, Milan. El banco rossonero fue quien lo pudo levantar semejante mastodonte arquitectónico con el apoyo y la fuerza de su entonces afamado presidente, Piero Pirelli. El Inter, que fue el rival milanista en el amistoso que estrenó el estadio, disputaba sus partidos en el más humilde Arena Civica, pero a mediados de los años 40, también se instaló allí una vez que el total control del alojamiento quedó en manos del ayuntamiento de la ciudad. Aquél traslado e inicio de convivencia, no sólo multiplicó la enemistad entre ambos rivales, sino que acrecentó la sensación de disputa, odio y denuncia sobre todo lo relacionado con aquél molesto vecino.

Y la primera manera de diferenciarse del rival, de aquella corriente opuesta al que las leyes ciudadanas habían obligado a unirse, llevó a ambos clubes a buscar un nombre más personal al que era su estadio. Tantas críticas, quejas y manifestaciones persiguieron a los concejales lombardos que finalmente decidieron buscar una opción que contentara a ambos clubes. La solución fue llamar a San Siro, estadio Giuseppe Meazza, honrando así a la memoria de uno de los grandes jugadores que generó Italia (campeón del mundo en 1934 y 1938) y que tuvo etapas en ambos clubes, Inter y Milan. Es más, su mejor rendimiento llegó con el fascismo, donde la ideas políticas obligaron a unir a los dos enemigos en un solo equipo llamado temporalmente Associazione Sportiva Ambrossiana (como el santo patrón de la ciudad, Ambrosio Ambrosiana). Una idea que sí gusta a los neroazzurri porque Meazza fue uno de sus verdaderos mitos y hasta acabó siendo su entrenador pero no a los rossoneri, porque Meazza no acabó de ser estrella cuando vistió su camiseta.

Hoy en día, el estadio es llamado San Siro por el Milan y Giuseppe Meazza por el Inter pero ambos, sin darse cuenta, habían iniciado una relación amistosa bajo un mismo techo, un lazo histórico y perenne que inició el primer jugador que vistió ambas camisetas. Ahora, sus otrora recelosas directivas dejaron a un lado sus problemas deportivos. No entienden de rivalidad mercantil y siguen cerrando intercambios de jugadores más allá de colores, enemistades, rivalidades y principios futbolísticos. Operaciones singulares por la naturaleza competidora, por el simple intento de no reforzar al principal adversario y de evitar que mejore con un elemento que debería ser ajeno a su radio de maniobra mercantil. Incluso, aunque solo fuera por una actitud profesional, por el enorme compromiso que supone para los jugadores involucrados en cuestión, que en días cambian de camiseta, sentimiento, ideología y vestuario. Demasiados impedimentos que en la historia de los dos gigantes lombardos no han sido tales, sino una muestra de ayuda mutua cuando las sensaciones no acaban de encontrar su pulso ideal.

Y en esa lista que inició Giuseppe Meazza (pasando de Inter a Milan previo paso por el curioso Associazione Sportiva Ambrossiana que unía ambos clubes más allá de que hoy en día se considera a ese club parte del pasado neroazzurri) y ha aumentado esta misma semana con el ‘trueque’ entre Giampaolo Pazzini y Antonio Cassano (para mayor singularidad, compañeros, amigos y claves ofensivas en la Sampdoria hace algunos años), tiene una larga lista de personajes involucrados en una liturgia que pocas veces encontró éxito y que sirve para debatir si realmente todos aquellos firmantes, pretendían realmente reforzarse a costa del rival o corromper aún más las dudas del enemigo. Eso sí, hay un par de ejemplos de cómo un traspaso de este calibre puede incluso cambiar la historia del fútbol italiano desde su concepto base.

Los traspasos, cesiones o cualquier movimiento de mercado que haya cambiado Milan por Inter sin ningún otro club de por medio, apenas suman ocho. Desde los vetustos Collovati o Frezzolini, hasta el inquietante argentino Guglielminpietro (siempre que debato sobre estos intercambios lo cito porque es imposible no recordar su nombre escrito en la camiseta), proyectos que nunca explotaron como Helveg o Umit Davala (sí, aquel turco de la cresta en el Mundial 2002). El camino opuesto desde el Inter al Milan, con trece ejemplos también tiene peculiaridades variadas pero en este caso, mucho más sangrantes y dolorosas para los neroazzurri. Cierto es que no fue significativo en los casos del goleador Mauricio Ganz, el nigeriano Taribo West, Simic, Brocchi, Vieri, Favalli, Muntari o los recientemente canteranos vendidos, Daminuta y Filkor. Pero sí hay un referente de error histórico pues en un margen de meses, el Inter mandó a su gran rival al gran Clarence Seedorf y, sobre todo, al mismísimo Andrea Pirlo, al que no había sido capaz de sacar rentabilidad como enganche y al que Ancelotti acabó reconvirtiendo al mediocampo para trastocar por completo la historia del fútbol italiano moderno.

Sin embargo, si hablamos de un auténtico mito que destrozó cualquier vínculo amoroso con los clubes de la capital lombarda y hasta desmontó los tópicos sobre rivalidad, ese fue Aldo Serena. Cierto que hace muy poco el brasileño Mancini intercambió las camisetas de la ciudad y acabó jugando igualmente en su club de origen en un triple movimiento, pero lo del delantero italiano no tiene comparación posible. Siendo aún un chico por explotar pasó del Inter al Milan en 1982 pero como las esperanzas puestas en sus cualidades no se definían, volvió a Meazza un año más tarde. Buscando más opciones sí encontró el gol y la fama que le hizo regresar al Inter para convertirse en icono como Capocannoniere (22 goles) y varios años a buen nivel que, sin embargo, no evitaron que Serena volviera a marcharse al Milan para terminar su carrera. Por tantos, cuatro etapas como interista y dos como milanista pero, no contento con ello, su auténtica burla a la enemistad entre clubes vecinos había llegado en esos años donde buscaba explosión. La encontró en el Torino, que no tuvo miedo a dejar atrás por la Juventus. Una interminable sucesión de aventuras con mil colores y un único sentimiento, el de disfrutar del fútbol más allá de quien te aplauda…

LOS FICHAJES OFICIALES DE LA SERIE A 2012-2013

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