Helsingborgs, Celtic y el corazón de Henrik Larsson

Se enfrentan en los play-off de Champions dos de los equipos que marcaron la carrera del delantero sueco

Con motivo del duelo entre Helsingborgs-Celtic de la Champions League, recordamos la figura del gran Henrik Larsson, quien verá enfrentarse a los dos clubes de su vida. El delantero sueco, goleador de postín, consiguió triunfar en ambos equipos. En el club de su trampolín retiraron el dorsal 17 que llevó en su día y con los escoceses fue nombrado mejor jugador extranjero de su historia así como miembro de la orden del imperio británico. Todo un mito.

Tenía apenas diez añitos pero el fervor futbolístico ya había tocado mis débiles venas para ‘juguetear’ conmigo a su gusto. Volvía a toda pastilla del colegio, con la chaqueta por los suelos, la mochila golpeando cualquier esquina y las vecinas alborotándose a mi paso. No es que tuviera hambre, no es que mi familia me hubiera preparado un regalo o que llevara en la mano un 10 en un examen de aquellos que había que colgar en la pared. No, mi ilusión, lo que me hacía correr, lo que me motivaba a llegar cuanto antes a mi casa era mi salón, mi televisión y mi programa favorito de mis lunes adolescentes: Eurogoles.

Resulta que Eurosport, por aquél entonces, sólo lo podía sintonizar en la televisión del salón y que no era ni mucho menos aquella que usábamos para comer (para eso estaba la de la cocina). Me costaba sudores llegar a tiempo, generaba discusiones con mi madre pues (también la mía) todas quieren que su hijo se siente a comer con el resto. Pero para mí, disfrutar aquél programa representaba mucho más porque, entre otros, cada lunes al mediodía me esperaba el gran Henrik Larsson. Acumulación de goles, de estrellas y de sensaciones pero, sobre todo, de felicidad al ver al gran sueco con aquellas rastas juveniles que pronto calaron en mi intrínseco y que, entre otras cosas, me hicieron hincha feyenoorder.

Pues bien, ahora, más de 15 años después de aquellos recuerdos, el caballero escandinavo se despidió a lo grande, con 38 largas primaveras, 21 campañas como profesional, 324 goles a sus espaldas, 7 campeonatos ligueros, 5 Copas, una Champions League y hasta una Bota de Oro. El delantero sueco más afamado de la historia (galardonado por la Federación Nacional) y autor del tanto más precioso de la selección escandinava, dirá adiós definitivamente este domingo ante el Elsfborg (fue un domingo 9 de noviembre de 2009) en la última jornada de la Allsvenskan (el Goteborg-AIK Solna decidirá el título con sólo un punto a favor de los visitantes). Ahora sé al 100% que me retiro. Tengo 38 años y ya es suficiente. He disfrutado de mi carrera al máximo”, dijo y, desde luego, no le falta razón.

Y es que el pequeño Henrik comenzó su abultada carrera al éxito en el modestísimo Högaborgs, club diminuto que actualmente participa en la División 2 Västra Götaland (Cuarta División). Aquel club de una barriada de Helsingborg le brindó la primera pelota, los primeros goles y las sensaciones de todo ‘novato’ que sueña con emular a los ídolos suecos de antaño (Gunnar Nordahl, Agne Simonsson o Gunnar Gren) pero pronto el rubio llamó la atención del gigante local, el propio Helsingborg. Con el equipo Mjölkkossan rompió cifras goleadoras (hoy en díahan retirado su dorsal 17), porque representa el mayor mito de su historia. Tras varias opciones, dio el salto a un gran campeonato. El Feyenoord fue el más hábil a la hora de contratarle ante el interés de varios equipos ingleses. Allí, en The Kuip, comenzó a forjarse su leyenda con unas rastas jamás antes vistas que compartía con su compañero en ataque, el también hirsuto Gaston Taument. Suecia empezó a adorarle y tras el buen papel de los escandinavos en USA 94 (donde fue uno de los destacados pese a su juventud), forjó su leyenda al tiempo que memorizaba el código del jugador perfecto.

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Cuatro años en la Eredivisie le hicieron crecer en un ambiente ideal, sin tensiones, sin presiones y con una aureola que no iba a desaparecer sino medrar en Escocia, pues su próxima parada estaba fijada en el Celtic Park. Y es que si un jugador quiere dejar huella y permanecer de por vida en la retina de los aficionados, no hay mejor destino que las Islas, más aún si la estación es tan legendaria y agradecida como la que representa en el fútbol actual el Celtic de Glasgow. Larsson se adaptó con facilidad, explotó su estupendo juego aéreo, aprovechó la facilidad táctica que siempre gobernó su cabeza e interpretó como nadie el espíritu ‘católico’ durante siete largas temporadas. En Glasgow se hizo mayor, importante, legendario y goleador, muy goleador, tanto que logró la Bota de Oro al máximo anotador en 2001 tras tres años como líder de registros en Escocia. Cuando confirmó su marcha todo el Celtic lloró la pérdida del mejor jugador que haya vestido la camiseta de los Lions Greens en las últimas décadas. Escocia llora ahora su despedida.

Y es que esa magia que propagaba El Inoxidable y que ya le había convertido en un ejemplo para todo buen ‘catador’ futbolístico, necesitaba el gran reto de su carrera, ése que le llevara a un gran título y que le colocara entre los más grandes. Por ello, aceptó la propuesta del Barcelona que, aunque sorprendente, aún sigue siendo una de las mejores inversiones que han realizado los culés en los últimos años. Sin ir más lejos, nadie niega que tras él, el club quiso suplir su ausencia con un jugador de idénticas características que jamás logró encontrar. Sólo estuvo dos años, suficientes para ganar dos Ligas y, sobre todo, la Champions League en París, donde sus últimos minutos de partido sentenciaron a favor de los catalanes. En el Camp Nou, como en cualquier rincón por donde pasó, dejó una estela de respeto impoluta que se ha demostrado incluso en esta semana tan especial para el sueco. Cansado de la máxima competitividad, se marchó a su país porque pretendía descansar pero el Manchester United llamó a su puerta para contratarle dos meses y aceptó. En Old Trafford, pese a poder disputar sólo siete partidos, levantó admiración hasta el punto que Ferguson hizo todo lo posible por renovar su vínculo y ampliar ese último sueño escandinavo.

Desde hace años vive tranquilo en Helsingborg (donde jugó tres cursos más hasta los 37 años) aunque la selección sueca siempre le ha pedido ayuda de cara a fases finales (participó, con goles, en Japón-Korea 2002, Portugal 2004 y Alemania 2006) y hasta sacó tiempo para practicar profesionalmente el Halle-Bandy, variante sueca del hockey. La eliminación de Suecia de cara a Sudáfrica 2010 nos priva de alargar su marcha. Larsson no es sólo uno de los mejores delanteros europeos de las últimas décadas, sino un referente de máxima profesionalidad, orgullo de ser futbolista, icono de fútbol escandinavo y crack a seguir para todos aquellos que quieran aprender el conocimiento profundo del juego. Ya como técnico del modesto Landskrona BoIS (segunda división sueca) sus dos grandes clubes se reunen hoy en su ciudad para otorgarle un merecido homenaje en el 'universo Champions.'

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