Real Madrid-Valencia, una rivalidad venida a menos
De la tensión absoluta a la total apatía
Real Madrid y Valencia se enfrentan en el inicio del campeonato de liga en primera división, dos equipos que estarán en la parte alta de la tabla al finalizar el torneo, pero que afrontan la temporada con objetivos diferentes; para los blancos será la tercera campaña de Jose Mourinho, adaptado al campeonato y con un equipo que ha asimilado casi por completo el concepto de juego del técnico portugués, defender el título logrado en el pasado ejercicio y asaltar el título de la Liga de Campeones serán los referentes de una plantilla que volverá a ofrecer la mejor de sus caras en su particular duelo frente al Barcelona. El Valencia por su parte inicia una nueva andadura, con un técnico, Mauricio Pellegrino, inexperto en la élite pero con la capacidad de generar ilusión en una afición que ha permanecido anestesiada durante los últimos años.
Valencia y Real Madrid abanderaron el fútbol español al inicio de este siglo. Fueron los dos primeros clubes que disputaron una final representando al mismo país en toda la historia de la liga de campeones, y lucharon codo a codo por la supremacía en el campeonato español en una época en la que el Barcelona no pasaba por su mejor momento, y solo el añorado Deportivo de la Coruña era capaz de introducirse en el binomio protagonizado por madridistas y valencianistas durante casi un lustro.
Poco queda de aquella rivalidad que llegó a alcanzar grandes dosis de prestigio. Los “ché” comenzaron en 2005 una caída desde la cima del fútbol europeo, que tocó fondo con la llegada al club de Ronald Koeman; el equipo ganó la copa del Rey, el único título que fue capaz de conquistar desde su época gloriosa de principios de siglo, pero también estuvo cerca de descender a segunda división.
La etapa Emery ha conducido al Valencia a un estado de reposo deportivo y anestesia social. Los resultados de las últimas temporadas han sido positivos en el torneo de la regularidad, donde el Valencia ha confirmado su posición como campeón de la otra liga, aunque siempre a mucha distancia de Real Madrid y Barcelona. La sensación de desgaste y freno de ambición que ha sufrido la afición valencianista ha superado cualquier pronóstico previo, y la salida de los mejores jugadores del club, ha sido la excusa más poderosa planteada ante el conformismo demostrado por gran parte de los estamentos del club.
La llegada de Pellegrino ha levantado en cierta manera la pasión por el fútbol en una ciudad que mantuvo siempre una conexión especial con este deporte, pero como decimos, lejos quedan aquellos años en los que la liga no era cosa de dos, y en Madrid se temía la visita del Valencia Club de fútbol como un conjunto aguerrido que buscaba la pelea y planteaba problemas año tras año.
La rivalidad entre Real Madrid y Valencia siempre ha sido compleja de analizar. Durante la dictadura franquista, el Real Madrid no era un club odiado en la capital del Túria, más bien lo contrario… ya que si bien no es cierto que existiera algún hermanamiento (como se ha llegado a afirmar en alguna ocasión), sí que lo es el hecho de que el aficionado valencianista asumía de buen grado la derrota ante los blancos, ya que admitía que el Madrid tenía a los mejores jugadores y disponía de un potencial con el que difícilmente podría competir el club “ché”. Ciertamente, las simpatías del bando valencianista de la ciudad, se inclinaban con más peso hacia el merengue madridista que al azulgrana del Barcelona.
Pero a principios de la década de los setenta comienzan a avistarse los primeros indicios de que algo está cambiando. El Valencia Club de Fútbol gana la liga por primera vez en 24 años en la temporada 1970-71; este triunfo significa todo un emblema para la ciudad, que considera a aquel compacto equipo de los Claramunt, Paquito, Antón o Valdez, un icono muy representativo de toda la provincia. La afición estaba orgullosa de su equipo y dejó de ver con buenas caras algunas maniobras federativas y arbitrajes sospechosos, como fue el de Ortiz de Mendibil en la final de copa de un año antes. Precisamente las decisiones arbitrales fueron el detonante de la primera gran bronca que se recuerda en muchos años hacia el Real Madrid en Mestalla. Temporada 1971-72, el Valencia recibe a los blancos en una de sus últimas oportunidades para revalidar su título del año anterior. Los madridistas ganan 1-2 con discutidas decisiones del colegiado Sánchez Ibáñez, y el público valencianista inunda el estadio de almohadillas. El encuentro es suspendido antes de la finalización por el constante arrojo de objetos al campo; lejos quedaba el respeto entre las dos entidades, puesto de manifiesto en el 50 aniversario del club de Mestalla en 1969, en unos actos en los que Santiago Bernabeu fue invitado a realizar un discurso en la cena oficial… la fractura entre los dos clubes había comenzado.
Ya en periodo de la transición política española, la rivalidad extradeportiva volvió a hacer acto de presencia en los enfrentamientos entre los dos equipos. Hasta esos años, no era raro escuchar aplausos en la salida de los jugadores del Valencia al estadio madridista, pero en Noviembre de 1977, el equipo valenciano comandado por Kempes o el “lobo” Diarte, saltó al césped del estadio madridista vestido con los colores de la bandera valenciana. Aquello fue considerado por gran parte de la conservadora afición madridista como una ofensa, y una señal del evidente cambio que estaba aconteciendo en buena parte de la geografía española; la camiseta con la senyera no gustó en Madrid, y menos aún cuando un año y medio más tarde, el Valencia ganaba en la capital de España la copa del Rey ante el Madrid vestido de esa forma.
Pero las derrotas deportivas difícilmente crean antipatías o rivalidades exacerbadas. Aquella final de copa de 1979, como la de la Liga de campeones 21 años más tarde, no fue caldo de cultivo de la antipatía que los dos clubes comenzaron a procesarse.
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Recordado fue el ambiente de Mestalla en el año 2001, fecha del debut de Zidane; aquel día, el estadio valencianista fue un infierno para los blancos. Se jugó por algo más que tres puntos, y en ocasiones se alcanzó una gran dosis de violencia tanto en las gradas como en el campo. Pero no es menos cierto que años atrás, el que fuera presidente valencianista Francisco Roig, fue agredido en las puertas del estadio Santiago Bernabeu por un grupo de desalmados. El fichaje de Mijatovic a mediados de los años noventa encendió la mecha del odio, y los Real Madrid-Valencia se convirtieron a partir de aquel momento en fuego constante.
El Valencia, sin esperarlo, se transformó en un club deportivamente muy grande, con capacidad para luchar con los mejores, tanto que se convirtió en la gran pesadilla de la primera etapa de Florentino Pérez. Su Real Madrid faraónico con jugadores por los que había pagado auténticas fortunas, se estrelló más de una vez ante el pequeño. El Valencia representó la fórmula del trabajo bien hecho, y su afición entendió aquellas victorias como una demostración de orgullo, un ejemplo de que en el fútbol se podía ganar gastando poco pero invirtiendo bien…
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Pero el fútbol ha cambiado mucho, y con ese cambio se ha llevado uno de los duelos con más solera de la liga española. Real Madrid y Barcelona aglutinan absolutamente todo en el campeonato de hoy en día. Existe un clásico, y el resto de equipos compiten en una liga paralela, con poco premio y mucha resignación. Las diferencias son cada vez mayores, los milagros son prácticamente inexistentes. El Real Madrid-Valencia es un símbolo perfecto de esta indiferencia.
Un encuentro que levantaba pasiones, nunca como un Barça-Real Madrid… pero era sin duda, una de las citas importantes de una temporada. Al Madrid no se le aplaude como en aquella época de los 50 o 60, pero tampoco se espera con especial predilección un enfrentamiento ante ellos. Poca gente clama al cielo en Valencia porque un futbolista de la primera plantilla sea capaz de fotografiarse con la camiseta del que fuera máximo rival, y el éxodo e intercambio de cromos y futbolistas entre los dos clubes se ha convertido en una constante, sin que exista la menor queja o protesta por ello.
La anestesia ha invadido al Valencia, los terceros puestos que no conducen a nada han hecho mella, y por supuesto, el nivel incontestable alcanzado por Barcelona y Real Madrid, han convertido a los Real Madrid- Valencia como otros grandes duelos históricos del fútbol español, en partidos casi insustanciales…
Ojala vuelva la lucha al fútbol español, será bueno para los dos grandes, los históricos y en general para todos los integrantes de la liga; el fútbol vive de algo más que dos partidos al año, y la liga española debe volver a ser el mejor ejemplo de ello.

