Colombia: Teo Gutiérrez, el disparate ‘cafetero’

Un personaje cómico, tan irreverente como absurdo y tan noticiable como pintoresco.

La figura de Teófilo Gutiérrez, el delantero colombiano que milita en Junior de Barranquilla es analizada en Fútbol Primera.es.

Es su gran reclamo al mundo, su mensaje de paz y su regalo a la sociedad que cada día, tarde o noche, busca un momento de relax junto a la compañía de una taza de café. La dinámica de consumo se ha disparado en los últimos años por todo el planeta pero incluso a nivel nacional, Colombia ha multiplicado las inversiones en su bien más preciado. Un incremento exponencial que va desde el café molido al instantáneo pero que incluso se hizo hueco entre los paladares más sofisticados con su versión gourmet. Uno de ellos, caliente, sabroso y relajante nada más terminar una actividad física, era el mejor anestesiante tras un entrenamiento del modesto Barranquilla. Charlando, riendo y disfrutando del elixir nacional, los jugadores iban dejando la habitación rumbo a sus casas hasta que dos de los más jóvenes se enzarzaron en una discusión. El más bravo, agresivo por instinto, lanzó la tacita caliente sobre el rostro de su compañero, al parecer, perteneciente a la pandilla rival del barrio. Ahí comenzó la hoy desmesurada lista de disparates que aglutina Teo Gutiérrez.

Colombia, que crea iconos con la misma facilidad que el buen café y alimenta esperanzas sin metas finales, posee actualmente una camada de juventud futbolera que debería estar explotando ya su verdadero potencial en las canchas. Pero estas jóvenes estrellas giran en torno a mitos pasados, glorias eternas que, pese a todo, no actuaron como profesionales ejemplares (Asprilla, Higuita, Freddy Rincón…). Muchos de ellos han tenido algún episodio no demasiado brillante en algún momento de sus carreras. Esas que transitan en el límite, que no entienden de silencios, perdones o apacibilidad, sino de fogosidad e intransigencia hacia un entorno al que siempre consideran enemigo. El más fiel de todos sus representantes es Teo, tan brillante con la pelota como atolondrado sin ella.

Será la historia de un chico criado en los barrios marginales de Barranquilla, entre La Chinita y La Luz. La de una madre que, católica ferviente, obligó a sus críos a asistir a la escuela con humildad pese a la escasez familiar y la de un padre que en su día, cuando las monedas no caían del cielo a los amos del balompié, reclamó minutos como portero. Pero la calle tenía sus reglas, sus doctrinas y sus obligaciones, más aún cuando el mejor amigo de Teo es el líder pandillero. Eso le llevó, entre otras cosas, a peleas diarias por territorios urbanos y leyes no escritas. Teo incluso contó hace no demasiado que pudo ser asesinado por miembros de una banda contraria y que sólo una última intervención a cargo de un rival, lo mantuvo con vida. Amaneció tirado en una cama en la calle, tras una paliza, pero un pandillero lo reconoció como miembro de una familia tranquila y lo ignoró.

“El fútbol me sacó de una guerra, de los problemas de la violencia. Siempre tuve mentalidad para llegar a ser alguien en la vida. Siempre tuve talento y mis padres me inculcaron el fútbol”. Una escapatoria real cuando los estudios dejaron de interesarle. Para entonces, Barranquilla lo había impulsado al Juniors y tras convertirse en máximo goleador nacional en 2009, sus agentes lo llevaron a Turquía para alistarse en el Trabzonspor. Un año gris donde, por cierto, fue expulsado tras una salvaje entrada a Toroman (Besiktas) que propició una trifulca enorme y le devolvió la etiqueta de personaje polémico incluso a kilómetros de casa.

Su agente lo reclutó a América para unirse a Racing de Avellaneda donde, un espectacular inicio y su envidiable facilidad para facturar goles, lo convirtieron en el reclamo principal de la Academia. Un elegido para la prensa y un icono renovado para una afición sin mitos desde hace años. Ese cariño, seguramente exagerado para una cabeza malpensante, nunca lo interpretó correctamente y sus polémicas tocaron fondo poco a poco. Hace un año entró de manera exagerada al tercero portero de su equipo, Dobler, en un entrenamiento que, acto seguido, Teo convirtió en una pelea de puñetazos. Meses después, ante Boca en la Bombonera y ya con amonestación, el colombiano no quedó conforme con una acción donde no le señalaron falta. Sin pensar y sin dudar, empujó al árbitro, lo escupió, rodeó sus partes menos agraciadas como gesto ‘cariñoso’ a la afición xeneize y fue retirado con custodia policial.

Ya este 2012, en un Clásico ante Independiente, se dejó llevar por la ‘calentura’ del momento para golpear tras un gol a Gabi Milito con la pelota. Semanas más tarde sería expulsado ante Banfield por quitarle de las manos la pelota al arquero infantilmente y esta temporada llegó a su culmen definitivo. En un derbi más hostil que nunca ante el Rojo, con marcador en contra pese a haber marcado gol él mismo, Teo Gutiérrez llamó ‘cagón’ al colegiado (algunas versiones dicen que le gritó “carón”, que en su tierra significa descarado). Cuando sus compañeros le recriminaron una expulsión que fue clave para la vergonzante derrota final, Teo se creció, se cruzó con el portero Saja y sacó un arma (finalmente parecía ser de juguete). Gritos, críticas, improperios y un cúmulo de anécdotas que acabaron con el colombiano saliendo en solitario de su vestuario hacia un taxi porque sus propios compañeros lo han vetado de viajar en el autobús del club.

Y así, mientras algunos se apresuran a apuntar que su cabreo se debe a que Racing no aceptó venderlo este invierno al Oporto pese a existir una oferta firme de los portugueses y cuando su propio agente pide que lo dejen salir cedido a Lanús (que lo quiere para la Copa Libertadores), Teo sigue su pelea con el mundo. Un ejemplo más de personaje cómico, tan irreverente como absurdo y tan noticiable como pintoresco. Un nuevo disparate ‘cafetero’.

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