Mahmoud Sarsak y el fútbol en la franja de Gaza

Un futbolista palestino ha pasado tres años encarcelado sin razón

"Hay un tiempo para la paz y un tiempo para la lucha, y ahora ha llegado el momento de luchar", con esta arenga el ministro de defensa de Israel Ehud Barak desataba la ofensiva que sería conocida como Masacre de Gaza, en la que murieron más de 1.400 palestinos. Fue la culminación de las tensiones sufridas en la Franja de Gaza y el final definitivo de la paz. Los bombardeos, lanzamientos de misiles y atentados suicidas se convirtieron en una desgraciada costumbre para unos ciudadanos que observaban impotentes que sus vidas -o muertes- se habían convertido en una mera estadística. El día a día se había convertido en un infierno de la incertidumbre.

Aunque no para todos. Mahmoud Sarsak vivía en Gaza, pero, al mismo tiempo, muy lejos de allí. Se encerraba en sus sueños para mantenerse ajeno al dolor que le rodeaba. Su sueño era ser futbolista profesional y así poder escapar algún día del horror perpetuo en el que se había convertido su hogar. Y no le iba nada mal. Con 14 años se convirtió en el jugador más joven en debutar en primera división. Con 17, participó en un torneo de jóvenes talentos en Noruega y pronto consiguió ser internacional por Palestina. Estaba considerado como la gran promesa del fútbol palestino y con ese cartel no tardaron en llegar las ofertas del extranjero. El Balata, un club de Cisjordania, cerró su fichaje en julio del 2009.

Sarsak vio como se cumplía su sueño, pero eso se convirtió en su condena. Jamás llegó a firmar su soñado contrato con el Balata. Cuando cruzó la frontera para abandonar Gaza y disfrutar de su futuro como futbolista profesional fue detenido por la policía israelí, acusado de ser un combatiente ilegal de la Yihad Islámica, un grupo terrorista culpable de los atentados contra Israel. Sarsak mantuvo la calma, consciente de su inocencia, lo que no sospechaba es que eso era lo que menos importaba. No tuvo ni juicio, ni pruebas que le relacionaran con la banda de asesinos palestinos, pero acabó en la cárcel. Primero le sentenció a seis meses de cárcel, luego a otro seis más, y así sucesivamente, renovándose la condena sin que el gobierno israelí ofreciera ninguna explicación. Sarsak se había convertido en rehén de una guerra de la que siempre quiso escapar.

"El día que fue detenido llevaba mis zapatillas de fútbol -recuerda uno de sus hermanos- porque habíamos jugado juntos esa misma mañana. Era muy pacífico. Siempre que me metía en alguna pelea la paraba hablando. No tienen ningún sentido las acusaciones que ha hecho Israel en su contra. Ningún sentido". Sarsak permaneció encarcelado durante más de dos años esperando que la razón se impusiera y se le concediera la libertad, pero el durante el pasado mes de marzo su paciencia se agotó. Después de la enésima renovación de su condena, Sarsak explotó de rabia. Había llegado su tiempo de luchar, pero su lucha sería pacífica y se declaró en huelga de hambre.

Aguantó más de 90 días sin probar bocado. Se alimentaba únicamente a través de un suero intravenoso y perdió casi la mitad de su peso. "Estoy muy preocupada. Hubiera preferido que no hiciera esta huelga", reconoció su preocupada madre. Sin embargo, la estrategia surtió efecto. Su grito silencioso dio la vuelta al mundo. Futbolistas de todo el mundo se solidarizaron con él y el gobierno israelí recibió peticiones de Eric Cantona, Michel Platini y hasta el mismo Joseph Blatter, presidente de la FIFA, para que se le liberara. Su situación era crítica. Se encontraba entre la vida y la muerte, hasta que el 18 de junio llegó a un acuerdo: si terminaba la huelga de hambre sería liberado. Sarsak se tomó una onza de chocolate.

Tres años atrás el sueño de Mahmoud Sarsak era salir de Gaza. Ahora, su único sueño era poder volver. El pasado 10 de julio por fin pudo cumplirlo y esta vez si tuvo un final feliz. A su regreso fue recibido como un héroe. Esta de vuelta en casa. Libre de nuevo, pero el fútbol tendrá que esperar. "Su carrera ha quedado destruida totalmente. No podrá volver a jugar al fútbol de manera profesional", aseguran desde Adamir, la ONG palestina defensa de los prisioneros. La huelga de hambre le ha dejado secuelas imborrables, pero Mahmoud Sarsak ya ha sido capaz de vencer una guerra mucho más dura: la lucha por su libertad. Volver al fútbol no será tan complicado.

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