Esta Eurocopa debe hacer pensar al fútbol

Cansancio, poco fútbol, campos sin llenar…

La Eurocopa 2012 está llegando a su fase final, y se puede empezar a sacar conclusiones de lo que está siendo un torneo flojo de fútbol, escaso de espectadores, cargado de cansancio en las piernas de los jugadores, los estadios en Polonia y Ucrania sin llenar salvo para ver a los anfitriones que salieron en la fase de grupos, y una sensación de que algo está fallando en el fútbol de este nivel, y en diversos aspectos.

Los partidos se hacen largos para los equipos. Los jugadores eléctricos no se hacen notar. Todavía no ha habido un “gran partido” en esta Eurocopa. Nadie está haciendo un fútbol brillante, no hay una estrella rutilante del torneo. Y a todo eso, en lugar de pasarlo por alto, hay que buscarle soluciones, explicaciones, razonamientos.

España o Italia tienen ligas de 20 equipos, con 38 partidos, más la Copa de cada país, más las competiciones europeas, más los amistosos de las selecciones. Sergio Ramos se ha plantado en la Eurocopa con 50 partidos jugados con el Real Madrid, Andrea Pirlo con 40, porque la Juventus no se clasificó para Europa. Cristiano Ronaldo disputó 55 con el Madrid, y Mario Gómez 52 con Bayern Munich. Todos son jugadores que están dando un buen rendimiento, pero, ¿se puede soportar ese ritmo casi 11 meses consecutivos?

A los jugadores les pedimos partidos al 120% cada vez que saltan al césped, y eso es imposible con esta carga de encuentros. Está siendo una Euro sin fútbol, sin alma, sin ritmo, sin esencia. En 2000 ganó el estilo de Zidane, en 2004 la eficiencia griega, en 2008 el espectáculo español. En 2012, gane quien gane, lo hará casi más por eliminación que por personalidad propia.

España es el claro ejemplo. Si bien es cierto que del equipo de 2008 a hoy sólo queda el espíritu ganador, que ya es mucho, en cuatro años, se ha pasado de un fútbol descomunal a otro que llega a aburrir. La segunda parte frente a Francia es un ejemplo clarísimo de encuentro sin fuerzas, conservador, ley del mínimo esfuerzo, y un rival que es incapaz de encontrar energías para poder darle vuelta a un marcador que tuvo 1-0 70 minutos y que jamás llegó a poner en problemas. Benzema (52 partidos) o Ribéry (46 partidos), que debían ser los que llevaran a su selección hacia arriba, simplemente, no podían.

Estamos llevando el fútbol a extremos delicados y complejos, y eso redunda en las selecciones, que hace años que son un problema en el calendario, cada vez más odiado por los clubes, que ceden gratis a sus jugadores para someterlos a un escaparate que puede tener consecuencias positivas, las menos, negativas, tampoco demasiadas, o simplemente hacer que tengan menos vacaciones y que el año posterior a un gran evento su rendimiento sea menor. La organización, además, no ha estado a la altura. Viajar entre sedes se convierte casi en una travesía, por no hablar de las opuestas condiciones ciimatológicas entre los dos países anfitriones. Tan pronto juegas en Polonia a 14 grados, como lo haces en Ucrania a 35 grados.

Las conclusiones, duras, es que si bien la pasión de los países, especialmente en estos tiempos de tanta dificultad económica, siguen intactas, el fútbol se resiente de una manera sangrante. No hay espectáculo en el césped, esa es la gran realidad. Las estrellas brillan, pero por debajo de su nivel. Las grandes selecciones, con grandes jugadores de grandes equipos, llegan cada vez más cansadas, y eso se nota en sus partidos, que sacan más por oficio que por juego. Michel Platini debería estar tomando nota, igual que Joseph Blatter, aunque mientras primen los negocios sobre el espectáculo, y pueden convivir, todo lo que acabo de decir aquí no será más que una especie de borrador de buenas intenciones con el que hacer algún avioncito de papel sin encima quieres perder el tiempo imprimiendo y gastando tinta. A los que nos gusta este deporte, los que lo amamos, y lo vemos sangrar de esta forma, si nos importa. A los que lo dirigen, ¿también?

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