Holanda: La ‘condena natural’ de la Eredivisie

La Oranje es el reflejo de su propia liga

La sonrisa no se le borra de la cara. Sus gestos evidencian alegría y sus gritos acumulan felicidad. Lleva seis horas embebido ante el televisor y todavía le queda un domingo donde tendrá más diversión garantizada. Ha visto quince goles, ha estado a punto de ver otros quince e incluso ha comprobado como un delantero es capaz de marcar cinco por sí solo en un mismo encuentro. Ha vibrado con la velocidad de los extremos, ha reído cuando su equipo remontó tras ir perdiendo hasta por dos goles y sabe que la expulsión que ha dejado con uno menos al equipo local, no tiene porqué ser definitiva en el partido que aún está masticando. Otmar es holandés y disecciona acciones con la misma rapidez con la que se producen. Y eso, tratándose de la Eredivisie, es una muestra de valores.

Los de un fútbol diseñado por y para el espectáculo. Donde priman las ideas ofensivas, se trabaja la velocidad, se explotan las asociaciones, se busca capacidad técnica y se exprimen al máximo las premisas que conduzcan hacia el gol. El campeonato europeo de mayor media anotadora, el de mayor media de ocasiones generadas por partido, el que tiene los máximos asistentes, el de mayor capacidad evolutiva gracias a la gran bisoñez de sus protagonistas y el que aporta desde tiempos ancestrales, grandes estrellas al resto de Occidente. Todo un organigrama automatizado y teledirigido al fútbol ofensivo. Una ley no escrita pero si insertada desde lo arcaico hasta la posteridad, que asimila el fútbol como la mejor forma de divertimento y eso, sin gol, no se entiende. Un espectáculo que oculta una ‘condena natural’, la de agigantar ataques y minimizar defensas. El precio a pagar, es el reflejo de la actual selección holandesa. Poderoso en remate, alarmantemente débil atrás.

Una generalidad nada sorprendente e impactante, sino realista, admitida y prácticamente asumida históricamente. Pero una obviedad que en estos últimos años ha multiplicado los motivos de preocupación en el combinado oranje, que ha perdido liderazgo caracterial y táctico en su zona defensiva. Nunca dominó los espacios, salvo casos muy concretos jamás encontró iconos en estas labores y siempre asumió el rol que sus propias premisas le habían obligado a superar históricamente. Pero esta Eurocopa 2012 ha desafiado la lógica de un fútbol holandés que, salvo milagro de última hora, quedará apeada en la primera fase muy a pesar de tener el cartel de sub-campeona del mundo.

No hay que negar que pese a su grandísima capacidad ofensiva con los actuales máximos goleadores de Premier (Van Persie) y Bundesliga (Huntelaar) o con referentes del desequilibrio como Robben, Sneijder o Van der Vaart, la fluidez les ha abandonado circunstancialmente logrando apenas un gol en los dos primeros partidos de la Euro 2012. Pero su gran merma, no sólo en el césped sino también en lo psicológico, ha sido su enorme endeblez defensiva, con fisuras entre los centrales e incapacidad de laterales. Vert Van Marwijk apenas se llevó al torneo a dos laterales con más vocación ofensiva que capacidad de corte (uno para cada banda y sin opción real a ser cubiertos en caso de problemas), cuatro centrales de nivel inferior al resto del equipo y que además no mostraban máxima seguridad teniendo en cuenta lo irregular de su temporada y un comodín que puede actuar de carrilero diestro o zaguero conforme a las necesidades.

Van der Wiel y Willems han fracasado en los carriles. Uno evidenciando que su fama no se ajusta a la realidad que lo sitúa en clubes de primerísimo nivel pues su alegría ofensiva se ha reducido considerablemente en los últimos años a la vez que acumulaba dudas en el corte y en coberturas. El otro, evidenciando que pese a ser una firme promesa, a veces la juventud de sus risueños dieciocho años muestra carencias que solo la experiencia puede sufragar y superar, aunque la ternura y los titubeos en acciones aparentemente sencillas, le han frenado en seco. Fuera de zona, perdiendo la concentración y expuestos ante sus rivales, no han mantenido el nivel competitivo que necesitaba la oranje. Tanto, que incluso el seleccionador había probado ya ante los temores a Schaars (mediocentro) en el carril zurdo.

Mayores han sido las dudas generadas en la pérdida de balón, incapacidad para sacar pelota desde zonas retrasadas y falta de contundencia a cargo de sus centrales. Ya estaban bajo la lupa, pero desde Vlaar-Heitinga (en el primer partido derrotados ante Dinamarca), como Mathijsen-Heitinga (en el segundo partido superados por Alemania), han reflejado carencias notables en balones largos, contacto físico y marcaje ante la potencia y fuerza de los llegadores que les amenazaban. Las dos caras que aún no se han ganado ni la opción a poder ser soluciones, responden a los nombres de Boulharouz y Bouma, algo que acrecienta aún más si cabe los problemas debido a su falta de ritmo y lentitud.

Un obstáculo al que Holanda no ha sido capaz de adaptarse en los dos primeros partidos de la Euro 2012, que ha debilitado la confianza del colectivo y que con la clasificación prácticamente imposible, pasa ya a convertirse en el dilema principal de los próximos años. Mientras, Otmar seguirá disfrutando durante horas de la nueva campaña de la Eredivisie. Ese campeonato que fabrica extremos, delanteros y estrellas ofensivas cada temporada a costa de que su grandeza debilite diariamente a quienes reciben el castigo del gol. Un espectáculo exclusivo que siempre arrastrará su propia ‘condena natural’.

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