Liverpool: Brendan Rodgers y la rodilla que cambió la Premier

El norilandés está a punto de convertirse en el nuevo entrenador del Liverpool

Perfil y análisis de Brendan Rodgers, el que será nuevo entrenador del Liverpool para los tres próximos años.

Tienen el apodo de uno de los ‘gigantes’ del momento ya que se les conoce con los Sky Blues. También manejan un técnico con apellido afamado hasta la eternidad, pues les lidera Glenn Ferguson. E incluso van camino de cumplir su primer siglo de vida como buen reflejo de tradición dentro del fútbol británico. Sin embargo, los norirlandeses del Ballymena United, al noreste del país, no pasarán a la historia por este tipo de singularidades, sino porque desde hoy, recibirán a todo tipo de curiosos en torno a su vetusto Ballymena Showgrounds. No han ganado nada. No han logrado nada. Todo depende de un recuerdo, el de un chico que mientras practicaba fútbol gaélico y hurling, entró en su club con apenas once años. Fue rápido, porque logró debutar en el primer equipo a los quince y cuando cumplió la mayoría de edad, daba el salto al Reading inglés tras solo doce encuentros en tres años.

Podría ser la historia de cualquier joven que destacaba ya en sus primeros pasos antes de convertirse en una estrella pero aquél joven, enérgico defensor y bregador incansable, jamás llegaría a explotar. Su ilusión fue su ‘pozo’ pues nunca pasó del equipo reservas, debilitado de por vida a causa de una lesión genética en la rodilla de su pierna derecha que no le iba a permitir ni tan siquiera luchar por sus sueños. Así, a los 20 años, con la pierna dolorida cada vez que intentaba forzar y con el corazón en un puño por una interminable sensación de impotencia, acababa la corta carrera de Brendan Rodgers, al que el destino le tenía preparado un camino mucho más agradable que desde hoy, le viste de Red en Anfield para liderar al Liverpool.

Con una envidiable educación juvenil y nada menos que dieciocho años a la sombra desde el día de su despedida, el norirlandés se preparó minuciosamente para ejercer la profesión que más le motivaba. Siempre había sido ingenioso, inteligente y de ideas claras en la vida, por lo que su filosofía tenía continuidad en el fútbol, al que se dedicó a fondo desde el ostracismo. Estudió a fondo los mecanismos tácticos, la evolución a cargo de los innovadores más cualificados y perfeccionó su visión sobre los modelos que más éxitos habían acumulado. Aprendió por todo el mundo pues se le pudo ver en Japón, en escuelas de Francia o Alemania, y hasta en charlas por Italia o España. Y todo, para crear su propia identidad, un estilo que respondiera a sus inquietudes y una serie de doctrinas que abanderaran lo que él había entendido como el camino correcto para alcanzar la élite. Ángel Rangel (que lo conoce a la perfección del Swansea), decía en una entrevista publicada por Fútbol Primera.es hace unas semanas que es un “entrenador preparado para dirigir a un grande de Europa por ideas y por su forma de trabajar, pero también por preparación porque, entre otras muchas cosas, habla seis idiomas”.

Y así, los contactos obtenidos le abrieron la posibilidad de mostrar sus ideales en el césped, aquél que le había dado la espalda cuando era un simple adolescente. Durante algunos años, fue ayudante de filiales en el Chelsea y también entrenador de la cantera del Reading, experiencia que le ayudaron a conocer a fondo el nivel y el ecosistema donde se movían los jóvenes a nivel nacional e internacional. Pero con una inquietante necesidad de que sus propuestas tuvieran oportunidades reales en el profesionalismo, apareció la propuesta del Watford, un equipo ascensor-descensor en las últimas décadas, metido de lleno en una crisis de resultados que había desestructurado su proyecto sin ni siquiera haber llegado a mitad de campaña. Así, en noviembre de 2008, surgió la primera posibilidad en el ‘mundo real’ para un Rodgers que, pese a mejorar y salvar cómodamente al equipo, apenas aguantó hasta final de campaña. Meses después, en verano de 2009, regresaba al Reading tras la marcha del mítico Steve Coppel y esta vez, convertido ya en técnico oficial del club donde sus sueños se habían roto. Y pese a la motivación y ambición existente en el equipo, un inicio atractivo dejó paso a una marcha decadente que obligó a ambas partes a separarse de mutuo acuerdo a mitad de campaña.

Rodgers no había encontrado una directiva y un proyecto adecuado para sus premisas, para mostrar sus virtudes y para evitar tener que centrarse en el resultadismo como objetivo principal. Quería llegar al mismo desde la posesión, el manejo del tiempo de partido y la identidad global como institución. Y así, surgió la posibilidad de Swansea, un equipo que había empezado un ilusionante registro con las aportaciones en esa línea a cargo de Roberto Martínez y Paulo Sousa y que, más allá de su progresión en ascensos y sensaciones, había logrado ya ganarse el respeto de toda Inglaterra por su atractivo estilo de juego. Con las ideas claras sobre lo que buscaba, los dueños del equipo galés no tenían dudas sobre el tipo de técnico que buscaban y en ese rol, encajaba a la perfección Brendan Rodgers que, sin haber culminado ni tan siquiera un año completo en un equipo profesional, alcanzaba la Premier League.

Cumpliendo el guion de su currículum y con la única intención de que los automatismos técnicos y asociativos aparecieran en su vestuario, profundizó en sus jugadores para mostrarles la receta que les convertiría en uno de los equipo revelación de la campaña. No sólo lograron salvar la categoría con absoluta comodidad, sino que todos sus jugadores pasaron del anonimato a la fama, de la humildad a ser deseados en el mercado y del ostracismo, a repetir otro año más en la cúspide del fútbol inglés. Allí donde un equipo galés había entrado con fuerza para recuperar las sensaciones del fútbol más vistoso, alegre, identificativo y convertirlo ya en una representación constante en cada cita con The Jacks. Rodgers llegó a ser Manager del Mes y fue considerado uno de los mejores entrenadores del año, lo que en febrero le hizo renovar su contrato hasta 2015 con el Swansea, que finalmente acabó undécimo en la clasificación.

Pero tal había sido su puesta en escena, el respeto logrado en apenas un año y el estilo que emanaban sus pizarras, que el Liverpool (ya sin Kenny Dalglish), buscaba un entrenador que trastocara la decepcionante línea que sigue estos años. Tras un primer acercamiento sin éxito y algunos sondeos con otros posibles entrenadores, Rodgers no pudo negarse al que ya es el gran reto y premio de su carrera. Tendrá tres temporadas (al menos firmadas), para convertirse en el técnico que regenere un estilo caduco, que evolucione la entrega Red y el empuje de The Kop para, utilizando su sapiencia, llevarlo nuevamente a competir con los mejores de Europa. Allí, donde su rodilla le negó estar, pero donde su cabeza le ha logrado alzar.

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