Montpellier: La cantera, receta estrella del campeón francés

Belhanda es el mejor ejemplo de la apuesta por la cantera del Montpellier

No se trata de un escaparate donde lucir sus mejores vestiduras, habilidades y fortalezas para el mejor postor. No es el escenario donde catalogar y adquirir aquellos que mejor sintonía encuentren entre los aplausos del público. No es una galería al mejor postor con millones rutilantes en los bolsillos del palco. La Copa Gambardella es mucho más que juveniles buscando un contrato que ilusione sus expectativas y que complete sus metas inmediatas (que también). Pero la lectura que tanto éxito ha logrado y que impulsa su crecimiento en Francia como principal competición para jóvenes promesas, es la que defiende a los clubes, a los formadores, a los que defienden esa propuesta como subsistencia global de la entidad y del fútbol francés en general. Una victoria final, sólo al alcance de generaciones notabilísimas, proporciona una inmensa alegría en la entidad, que demuestra su feroz y óptima capacidad para crear talentos. Allí radica el sentimiento. Allí radica el éxito.

La Copa Gambardella, creada por la propia Federación Francesa (FFF) reúne a los diecinueve mejores clubes franceses en categorías juveniles y desde 1954 sustituye a la extinta Copa Nacional Junior. Recibe el nombre como muestra de honor y respeto a Emmanuel Gambardella, presidente federativo durante cuatro años (1949-1953 hasta su muerte) y que siempre reservaba un lugar privilegiado entre sus preferencias para los jóvenes jugadores. El formato une por eliminatorias (once en total) a los clubes, que se enfrentan en estadios propios pero de manera aleatoria hasta que llegan a semifinal, donde ninguno de los dos será local y la sede es neutral. La final se disputa el mismo día de la Copa de Francia absoluta sobre el imponente césped de Saint Denis, donde cada año el fútbol galo celebra su gran fiesta con la colaboración de los mejores juveniles. Una manera de impulsar, defender y ampliar sus redes de captación e interés, al tiempo que desarrollan las estrellas del mañana que, en algunos casos como el Montpellier, no han tardado en confirmarse.

Y es que hace solo cuatro ediciones, en 2009, el hoy flamante campeón francés, lograba de igual manera un atractivo triunfo en el preciado torneo juvenil. Se imponía al St.Etienne con holgura (2-0) y acumulaba su segundo entorchado gracias a la gestación de figuras salientes que en solo unos años han pasado del reinado nacional Sub 18 a conquistar toda Francia. Porque aquella tarde primaveral de mayo en la barriada más famosa de París, el joven equipo sureño tenía entre sus filas a cuatro arquetipos que ahora mismo ya gritan en La Mosson el campeonato de Ligue 1.

Desde la estrella rutilante, enganche de asociación, filtración y talento puro Younés Belhanda (cuarto mejor jugador del curso en Ligue 1 según votaciones oficiales), al progresivo y técnico Remy Cabella (seguramente la estrella en un futuro inmediato), pasando por el equilibrio, solvencia y dinamismo medular de Benjamin Stambouli (con muchísima participación y titular fijo para el próximo curso) o el aún secundario Abdelhamid El Kaoutari. Cuatro representantes que hace solo tres años estaban florenciendo y que gracias al mecanismo juvenil, la paciencia y el buen suministro de René Girard, han acabado siendo parte determinante en el título.

Si a ellos sumamos el capitán y central ya internacional francés Yanga-Mbiwa (curtido en su cantera desde los 14 años), el mediocentro titular Jamel Saihi (al que captaron siendo niño en uno de los centros de Túnez), el extremo Ait-Fana (ya conseagrado desde el año pasado y que ha marcado goles determinante este curso) o el titularísimo bajo palos Jourdren (que llegó al club sureño con solo 15 años), la receta del éxito tiene una premisa absolutamente innegociable, la de la cantera. Un orgullo especial, un sentimiento más personal y exclusivo que multiplica la grandeza y heroicidad del ‘milagro ‘futbolístico del año en Europa.

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