Liverpool: Pecados y registros del adiós de Dalglish

Análisis de la destitución del ex entrenador del Liverpool

Kenny Dalglish // Foto: Lainformacion.com Kenny Dalglish // Foto: Lainformacion.com

Mientras Roy Hodgson aparecía acompañado de los directivos de la AFA para anunciar su lista de convocados para la Euro 2012 como nuevo seleccionador inglés, en Liverpool, a la misma hora, el gran icono Kenny Dalglish era cesado de su cargo en el banquillo de Anfield. Singular e inquietante coincidencia que generaba una simetría entre dos entrenadores que hace apenas dos años, eran el pasado y el futuro de los Reds. Y es que allí donde el inglés recibió críticas por su alarmante falta de competitividad, regularidad de resultados, incapacidad de plantear sistemas hermanados a la grandeza de su entidad (siempre se polemizó sobre sus temores propios de equipo pequeño) e imagen global, ‘King Kenny’ recogió elogios y alegrías que fueron convirtiéndose en pasividad y falta de decisión. Hoy, año y medio después, el giro ha sido tan mayúsculo como imprevisible, aunque real como para que uno esté en el trono y el rey haya perdido su pedestal en tierra dorada.

Uno, había aportado tranquilidad, mesura y diplomacia en todos y cada uno de sus movimientos, sin excentricidades, sin levantar la voz y con la intención de congestionar su templanza en Anfield. Tarea imposible por la sequía que arrastran los de Mersey y por la enorme disputa existente entre los frentes que desde hace años tienen las llaves del club. El otro, de sangre Red y sentimiento carismático, levantó las masas e hizo reaccionar a sus pupilos por lo emotivo de sus recuerdos, pero aquél hincha que regresaba a la orilla del césped llevaba dos décadas fuera del club. Se le ofreció un contrato cuando muchos lo habían tachado de interino y pese a organizar su propio proyecto con meses de antelación (porque ya en enero de 2011 contrató por ejemplo a Carroll por petición propia) para impulsar una base de trabajo correcta, ha decepcionado como nunca.

Y es que Dalglish, que diseñó a su estilo su vestuario, no sólo ha sido incapaz de competir de cerca por la Premier (premisa y obsesión desde que uno firma y que jamás dejará de serlo hasta que se cumpla con un triunfo liguero), sino que ha quedado fuera de toda competición europea vía clasificatoria e incluso ha visto como su rival vecino, el Everton, quedaba por delante y lo superaba con merecimiento. Sólo su salvadora campaña en copas, donde alcanzó el título de Carling Cup en la tanda de penaltis ante el Cardiff (por ello estará en Europa League 2012-2013) y una actuación sublime en FA Cup donde sólo le faltó el engranaje decisivo en la finalísima (perdió ante el Chelsea), ha podido maquillar un curso absolutamente negro.

En Inglaterra insisten en que, pese a sus múltiples fallos de sistema, una alarmante necesidad de respaldo constante (ha tenido deslices con casi todos los tesoreros y asistentes del club), incapacidad para encontrar alternativas en momentos críticos y su falta de capacidad para adaptar a los nuevos fichajes (mención especial para Carroll, al que pidió pero después dejó en el ostracismo y al que casi nunca unió junto a Luis Suárez), el problema decisivo es que su orgullo como emblema del club impedía a quienes le rodeaban, frenar sus excesos o cuestionar sus decisiones. 

Ideas, razones y premisas que han generado resultados absolutamente históricos por negativos. Sólo seis victorias en Anfield, la tercera marca más baja de la historia del club en goles a favor y la posición más retrasada en el campeonato liguero desde que llegaron al primer escalón en 1962. En total, han sido 74 partidos, con 35 victorias, 17 empates y 22 derrotas, por lo que el porcentaje de éxito sólo fue del 47,30 % (en su primera etapa, esta cifra le llevó al tampoco demasiado brillante 60%), una estadística absolutamente desastrosa para un club gigantesco.

Durante el caótico transcurso de la campaña, Dalglish cambió su discurso ante los medios, ampliando que su proyecto estaba buscando metas más globales. Desde la facilidad de los canteranos a poder adaptarse al nivel de exigencia del primer equipo (cierto que algunos chicos sí han debutado con él, pero este curso esa línea se truncó), hasta la capacidad copera de su equipo que, según él, honraba a las competiciones más tradicionales como ningún otro club en Inglaterra (llegó a decir que el resto de grandes clubes las ignoraban).

Y mientras en 18 meses Hodgson supo reactivar su carrera para acabar encontrando el premio de seleccionador que siempre quiso, su veteranísimo sustituto, ‘King Kenny Dalglish’, ha perdido reputación y respeto entre sus enamorados hinchas. Un intento negativo y quizás desesperado por devolver la grandeza al Liverpool en un momento de crisis notable que ni un animador de masas ha podido hacer reaccionar. Su salida, tan triste como poco noticiable por los conflictos de la FA y la selección inglesa, quizás haya sido la mejor de las noticias para conservar intacta su imagen exterior y para, de manera definitiva, cerrar la puerta de Anfield.

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