Drogba lleva la gloria a Londres

Marcó el penalti que le da la Copa de Europa al Chelsea

Por Borja Pardo (enviado especial a Munich)

La ciudad de Londres, probablemente la más futbolera del planeta ya tiene su primera Copa de Europa. No ha sido fácil la travesía, pero finalmente se subsana tal desagravio. El Arsenal en 2006 y el Chelsea en 2008 la habían rozado pero el destino les tenía reservado el amargo sabor de la derrota. Eto’o-Larsson-Belletti en el caso de los gunners y los canallescos penaltis en el caso de los blues les habían negado anteriormente el cetro continental. En 2012, en el neumático y vanguardista Fussball Arena (Allianz) de Munich, esos mismos penaltis le han devuelto al Chelsea la gloria que le fue arrebatada en el Luzhniki de Moscú y el honor de ser el primer equipo londinense (ni Arsenal, ni Tottenham) en llevar la Copa de Europa a la City. Curiosamente el éxito del Chelsea penaliza a sus vecinos de los spurs y los destierra a la Europa League. El fútbol es así de maquiavélico.

Seamos sinceros, el partido fue malo, tedioso por momentos. Algunos afirman que estamos ante la peor final desde Manchester 2003 (AC Milan vs Juventus). La primera parte fue de cierto tanteo, el Bayern apretaba como se le presupone a un equipo que juega en su estadio, con mayoría de hinchada y con mejores peloteros que un Chelsea que se dedicó a defender con orden y a morder en el centro del campo a la espera de poder cazar un contragolpe. El guión esperado.

Diego Contento fue la sorpresa del cuadro bávaro en el once titular, mayor aún fue la que presentó Di Matteo alineando al joven Ryan Bertrand (primer jugador de la historia de la Champions en debutar en una final), que ocupó la plaza del sancionado Ramires cuando esa pieza parecía reservada a Mickael Essien a fin de reforzar el centro del campo inglés o en todo caso al francés Malouda para dotar de mayor experiencia al equipo.

El partido siguió el mismo patrón durante 82 minutos, el Bayern buscaba y el Chelsea esperaba. Todo muy previsible y con gran desacierto global. La búsqueda muniquesa tuvo su justo premio cuando Thomas Müller (min.83) cabeceó a la red un balón que parecía valer una Copa de Europa. Fue la única concesión de un muro llamado Peter Cech. Cuatro minutos después (min. 87) Heynckes cambió al goleador para dar entrada a Van Buyten y matar el partido. Solo 60 segundos después, Didier Drogba cabeceaba un balón imposible para llevar el partido a la prórroga. El fútbol es así.

En la media hora de añadido, idéntico guión, el Bayern busca, el Chelsea espera. Nada más arrancar el extra un claro penalti sobre Ribéry parece que pondrá en ventaja a los bávaros, Peter Cech dijo no y alargó de paso la leyenda de desdichado que persigue a Arjen Robben desde hace tres temporadas -ha perdido dos finales de Champions, la final de un Mundial y una final de Copa en este tiempo, además de fallar un penalti clave en Dortmund que sentenció las opciones de su equipo en Bundesliga-. Un drama para un futbolista que merece mejor fortuna.

Al final el miedo a encajar prevaleció sobre la valentía de ganar, un clásico recurrente en partidos de esta trascendencia. Los penaltis decidían y allí Peter Cech emergió como un gigante para cimentar el edificio del éxito que remató Drogba entre lágrimas, para alivio de Juan Mata y orgullo de una hinchada ruidosa y fiel. El marfileño emergió cual ángel de ébano en la sala de prensa y recibió la placa de Man of the Match, fue ovacionado por los periodistas allí presentes y minutos después lanzo balones fuera sobre su futuro entre sonrisas.

El fútbol fue cruel con Bastian Schweinsteiger, excelso futbolista, fue él quien sella el pase a la final en el Santiago Bernabéu y fue él quien falla el penalti que le da la opción a Drogba de ganar la final, la primera Champions y primer título continental para el gigante marfileño, primera Copa de Europa para el Chelsea y por ende para la ciudad de Londres. Todo en uno. El fútbol es volátil y la cara y cruz a veces se entrelazan.

Un Jupp Heynckes alicaído -recordemos que ha perdido Bundesliga, Pokal y Champions en un mes- afirmó en rueda de prensa que habían jugado mejor, que habían creado más ocasiones que el Chelsea, se lamentó por haber marcado en el min. 83 y aun así verse abocado a la prórroga. En la lotería de los penaltis el Chelsea fue más afortunado dijo el alemán.

Estaba escrito que la Champions era blue desde que accede a la final encajando 44 disparos y realizando 4.

Heynckes justificó el cambio de Müller por los problemas recientes que venía acarreando en su gemelo y reconoció que Robben no lanzó penalti en la tanda porque perdió confianza en si mismo a raíz de su error desde los once metros en la prórroga.

Roberto Di Matteo por su parte se mostró feliz y en parte aliviado a la par que orgulloso por haber podido llevar al club azul un logro que llevaba años buscando sin fortuna. Manifestó que cualquier decisión que tome el club sobre su futuro será la correcta. El italiano (nacido en Suiza) deja en tres meses una FA Cup, una Champions League, amén de asegurar la participación del Chelsea en la próxima edición de la máxima competición continental (aun quedando sexto en Premier League). Villas-Boas está en su cama gigante -hecha desde hace tiempo- y haciéndose cruces ante semejante resurrección.

Abramovich sonríe como jamás lo ha hecho y lloró en vestuarios por la emoción. Su brutal inversión llevada a cabo desde el 2003 ha culminado con éxito. Eso si, lo logra el año en que menos se podía imaginar levantar la gran Copa y de la forma menos vistosa que se recuerda, aunque eso pueda parecer un detalle menor para la gran mayoría.

El 31 de agosto vuelve el gran circo a lo grande, Chelsea vs Atlético de Madrid en el estadio Louis II de Mónaco. Veremos si Didier Drogba y Di Matteo están allí.

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