Werder Bremen: Pérdida de estrellas, ganancia regenerativa

Schaaf perderá a los jugadores más importantes de su plantilla

Por su carácter experimental, arriesgado y hasta anti-natural con la filosofía futbolística que abunda en la actualidad, Thomas Schaaf es un alocado inmune a sus tácticas ofensivas. No es el Ein-Mann-Club (hombre de un solo club) una persona ajena a todo lo que rodea al club, pues en Bremen, en ‘su’ Bremen, también existe lugar para la crítica. Sólo 14 personajes futbolísticos a lo largo de la historia han jugado como futbolistas, han sido posteriormente entrenadores de la misma entidad y ejercieron puestos en la dirección deportiva durante más de 30 años (el míster hanseático suma 40). Schaaf es, por decisión propia y orgullo personal, uno de los románticos que aún disfruta de su trabajo en el Weserstadion.

“Si recibimos tres goles, la mejor manera de ganar es marcar cuatro”, defiende con carácter Schaaf, una filosofía elogiable, plausible, admirable por los tiempos que corren pero que, en una época donde se imponen los valores defensivos y la solidez de la línea trasera, quedan muy a merced de los resultados. Su forma de entender el fútbol le lleva a buscar el gol, a presionar al rival, a evitar el atrincheramiento enemigo ofreciéndole facilidades defensivas y, desde luego, a ser referente del fútbol virtuoso. Así han llegado 3 Copas, 1 Copa de la Liga, una final de Copa de la UEFA y una Bundesliga en 2004, acompañada del ‘doblete’ que aún vanaglorian a su figura. Hoy, sin embargo, se le tacha de alocadamente osado y de haber quedado caduco por sus planteamientos arcaicos.

Por todo ello, nadie mejor que él para valorar la situación actual, alejada de las expectativas de un club en continuo progreso y obligado, cuanto menos, a ser alternativa más seria en Alemania para el todopoderoso Bayern de Múnich. Ahora, la realidad es bien distinta pues, instalado en la mitad de la Bundesliga, ha perdido fuelle a nivel nacional e internacional. Por vez primera en su mandato, la prensa contradice desde hace mucho tiempo sus decisiones y aunque el club lo ha defendido siempre incluso renovándolo en un año donde no se alcanzaron las metas deseadas, Schaaf ha aguantado todos los ‘golpes’ y este verano tendrá un reto aún de mayor calado y dedicación.

Y es que un curso que acabó con sólo una victoria (y seis puntos) en sus últimos doce partidos y que lo obligó a reinventar a su plantilla por las múltiples bajas que arrastró durante meses, parece haber sido una simple prueba para lo que está por venir. Después de haber visto cómo jóvenes inexpertos tomaban las riendas del proyecto por obligación (Ignjovski, Ekici, Trybull, Füllkrug o Trinks), la regeneración va a ser absoluta este verano con la marcha confirmada de varios de sus jugadores determinantes. Si hace un año ya fue imposible recuperar el liderazgo en su defensa con la marcha del gigante Mertesacker, los problemas van a multiplicarse a gran escala con la marcha de Tim Wiese (Hoffenheim), Marin (Chelsea) y Pizarro (aún por concretar, pero puede regresar al Bayern) y hasta de Rosenberg, que sin ser un goleador, sí era una referencia ofensiva donde ahora tendrán que reinvertir nuevamente. Además, sin dejar grandes sumas de dinero por finalidad de contrato y sólo ingresando 8 millones por el joven extremo que jamás funcionó como se esperaba en el Weserstadion.

Lejos de sus expectativas de antaño, con una nueva base tremendamente joven-inmadura y en el momento más gris de la eterna ‘Era Schaaf’, el Werder Bremen está obligado a empezar de cero, recuperar sensaciones, resultados y prestigio porque, de lo contrario, la balanza competitiva puede guiarles por la ruta amenazante hacia los infiernos.

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