Athletic: Los ‘Bielsa Boys’, lágrimas del porvenir

El futuro se oculta tras la derrota

Muniain llora tras la derrota en la final. Foto: lainformacion.com Muniain llora tras la derrota en la final. Foto: lainformacion.com

La distancia que se vio en el campo no es la que existe entre ambos equipos. El entrenador es el responsable de que las circunstancias favorezcan más al rival que al equipo propio". Asumiendo, digiriendo y sometido ante el protagonismo esquivo que la final de la Europa League, como cuando fracasó en la selección argentina, como cuando lo hizo en el Espanyol y también como cuando empezó este proyecto ilusionante en el Athletic de Bilbao. No oculta sus ideas, sus premisas y su dinámica de trabajo porque, sencillamente, no está en su línea entorpecer a los demás, sino mostrarse tal como es para buscar el éxito libre de máscaras. Llevaba diez años sin dirigir cuando Urrutia le llamó y, por el camino hasta la final, pocos técnicos han conseguido reunir tantos elogios por metro cuadrado en San Mamés.

Que la reactivación del ADN bilbaíno, la regeneración de los valores, la propuesta elogiable y los peones para ejecutarlo, gustan y emocionaron a toda Europa estos meses, es incontestable. Verdídico si miramos a Old Trafford, a Gelnsenkirchen o a la fría tarde moscovita de octavos. Y por eso, por haber sido incapaz de mostrar esa misma cara libre, sin tensiones y sin presiones, todos sus chicos lloraban desconsolados. Eran lágrimas de impotencia, de desidia por lo acontecido y de furia ante el golpe recibido casi sin haber podido sacar argumentos para defenderse del ‘ko’ en el ring rumano.

Incómodo, indolente, extremadamente hermético y hasta sin la suerte de otras noches, el Athletic se había adormecido ante la grandeza de la situación y en cuanto recibió el primer empujón, se ahogó inevitablemente. Llevó la posesión por la propuesta natural de su espíritu y por la intención de su rival, pero jamás pudo encontrar fisuras, aplicar ritmo y profundizar como para sentirse involucrado en una final para la que tenía todas las esperanzas pero para la que no parecía haber sido invitado. Su entrada se extravió y aquellos ‘Bielsa Boys’ como su camiseta, aún estaban algo ‘verdes’ para asaltar el reino europeo.

No será la última y probablemente no habrá que esperar demasiado porque, pese a rumorologías, ni Bielsa es un tipo que huya a mitad de camino ni sus chicos se dejan arrastrar ante las mareantes ofertas extranjeras que ya se acumulan en sus mesas. Tienen una misión para la que han sido programados desde pequeños en las ilustrativas tardes de pelota y charla en Lezama. Aquellas que tenían la lección bien desarrollada pero la tarea sin finalizar porque el último temario, el de la coronación, había que atravesarlo sin ayudas. Un examen suspendido en un proceso que encontró el aprendizaje definitivo con un ‘varapalo’ que impulsa una reválida. Sus lágrimas aseguran porvenir.

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