Fracaso romanista de Luís Enrique
La afición le ha sentenciado
Los grandes cambios, las modificaciones considerables, a corto plazo no son solventes de poder adquirir resultados positivos. El cambio de situación, ya sea a nivel económico, deportivo o incluso institucional suele provocar rutinas diferentes, planes de trabajo que nada se parecen a lo anterior, lo que crea un cúmulo de barreras que finalmente acaban por convertirse en un handicap para un equipo de fútbol.
Thomas Di Benedetto, empresario multimillonario de origen estadounidense, se hacía cargo hace uno año de la Roma, uno de los conjuntos más importantes tanto a nivel doméstico en Italia como en el viejo continente. Su llegada hacía presagiar buenos tiempos, al menos en lo económico, ya que grandes inversiones no siempre aseguran éxitos, puesto que los grandes cambios necesitan periodos de tiempo importantes, o al menos no a corto plazo.
En el Olímpico de Roma el pasado verano se produjo una auténtica revolución en materia de fichajes, que provocó la llegada de jugadores interesantes como Stekelenburg, José Ángel, Heinze, Erik Lamela, Gago, Bojan Krkic o Daniel Osvaldo, entre otros, que se unirían a grandes jugadores a nivel europeo como Francesco Totti o De Rossi, estrellas del conjunto romanista.
Una plantilla digna de aparecer entre los candidatos a los títulos, pero que de la mano de Luís Enrique, quien cogía las riendas por primera vez de un gran club a nivel europeo, no han sabido llegar a las expectativas marcadas, y lejos de conseguir objetivos menores se han visto abocados a puestos que no dan derecho a disputar competición europea la próxima temporada. Al menos hasta la fecha, ya que todavía restan 3 jornadas por disputar.

Una campaña plagada de altibajos, de irregularidad, resultados inesperados, que evidentemente han privado a los romanistas de aspirar a ningún título.
La situación ha sido negativa, sin duda, y poco parece cambiar, ya que se encuentran en séptima posición a cuatro puntos de sus rivales por Europa como son Udinese, Lazio e Inter de Milán, que deberán pelearse por los dos puestos de UEFA Europa League y una de UEFA Champions League.
Tal ha sido la primera temporada del entrenador español Luís Enrique que el pasado fin de semana, tras el encuentro en casa frente al Napoli que acabó con empate 2-2, parte del sector ultra de la afición romanista recriminó los resultados globales de la temporada al entrenador, pidiendo mediante cánticos y pancartas su marcha de la Roma, tras su primera temporada.
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Luís Enrique sorprendió a todos cuando, tras una interesante temporada en el banquillo del Barcelona B, daba el salto enorme a un grande del fútbol europeo como la Roma. Un cambio profesional que supondría, además, un salto en su estilo de trabajo y que, evidentemente, prometía mayores resultados negativos que positivos.
En Barcelona, durante su etapa como técnico del filial azulgrana, tenía a su disposición a un grupo formado por los mejores jugadores de la que es considerada una de las mejores canteras del viejo continente en la actualidad, lo que resultaba a primera vista más sencillo de llevar y más asequible de llegar a los resultados esperados.
Allí se le alzó a los cielos fútbolísticos, se le elogió en su temporada como entrenador de una plantilla en la que aparecían jugadores de la talla de Isaac Cuenca, Christian Tello, Sergi Roberto o Nolito, entre otros, formando así una plantilla que, pese a ser considerada filial, estaba consiguiendo grandes resultados en la Liga Adelante y que, por ser filial de un equipo en la Liga BBVA, no se le permitía aspirar al ascenso. Una temporada memorable, digna de elogio, pero que al fin y al cabo todos sus jugadores eran conscientes de una filosofía de juego, todos sabían a qué jugaban, y entonces la figura del entrenador ya está instaurada a unas ideas futbolísticas.
Una situación que queda muy lejos de lo vivido en Roma, donde se ha encontrado un grupo nuevo para él, formado a base de talonario gran parte de la plantilla el pasado verano y que, evidentemente, no tenían en común una filosofía de juego, no conocían las bases de su nuevo entrenador y, como se esperaba, no ha rendido a las expectativas previstas.

Thomas Di Benedetto afirmó en su llegada al Olímpico de Roma que conseguir el Scudetto era un objetivo a corto plazo. El máximo mandatario esperaba resultados pronto, pero visto lo visto, tendrá que esperar. Una Serie A que se encuentran entre Juventus de Turín, líder, y el AC Milan, segundo clasificado. Rivales a los que la Roma no ha podido ganar esta temporada en sus respectivos enfrentamientos. Sin embargo, contra el Inter de Milán, el otro grande italiano en problemas, la Roma conseguía hace unas semanas una importante victoria por 4-0 que a día de hoy le deja, por pequeño que sea, un haz de esperanza continental de cara a la próxima temporada.
Que la Roma acabe la temporada en puestos europeos, a priori, se presenta como una quimera, y el ambiente del club romanista no abre esperanzas a mejorar, por lo que ya se comienza a hablar más de la próxima campaña que de la presente, síntoma claro de que las cosas no han ido bien.
La primera temporada de Luís Enrique no ha sido positiva, ni mucho menos. La afición romanista es consciente, y ya ha hecho saber al técnico asturiano sus deseos de que abandone su cargo de entrenador a final de temporada. ¿Será su primera y única temporada al frente de la Roma?

