Manchester Derby: Ferguson, Mancini y el juego de las especulaciones
El City ha recuperado el liderato de la Premier League
Un gol puede ser determinante o puede completar una goleada sin recuerdos postreros, pero en el Manchester Derby, un gol significaba una Liga. La misma que uno defendía como actual campeón y otro pretende desesperadamente desde 1968. La misma que uno ha tenido en su mano hasta hace tres semanas cuando sacaba ocho puntos a su desesperanzado enemigo. La misma que ha cambiad de dueño en un momento previsible por la dinámica, aunque completamente inesperado por el desarrollo. No hay equipo más entero, sólido e imponente en situaciones límite y de presión, que el Manchester United pero, de igual manera, nunca había tenido que jugarse cada punto como si fuera el decisivo ante un Manchester City con 800 millones de inversión para ser competitivos en noches como esta.
Y en ese juego del gol decisivo del campeonato, las ventajas mínimas se convirtieron en especulaciones. La inicial era para Alex Ferguson, tan experto como cauteloso en partidos de primera índole, debió sentir que las enormes carencias defensivas que arrastra su equipo, iban a proporcionar excesivos problemas como Tévez, Agüero y Silva tuvieran espacios para explotar. Así que decidió que esa ventaja de tres puntos que realmente era un solo gol, era merecedora de una renovación completa en su esquema, planteamiento, once inicial y hasta carácter. Reculó en exceso, no propuso intensidad y desequilibrios al dejar en el banquillo a Valencia, Young o Welbeck y volvió a las viejas tradiciones, tan lícitas y elogiables, como mal improvisadas en una noche donde ganar era ser campeón. Recibió merecido castigo a su desidia justo antes del descanso (además, en una acción concreta de saque de esquina) y allí, el juego especulativo cambió de manos.
Porque ahora, ese gol establecía que la ventaja era del Manchester City que, como su acérrimo vecino, decidió que los márgenes favorables no se refrendan sino que se defienden a capa y espada. En esa línea, Roberto Mancini frenó las alegrías de sus llegadores, oficializó su intención de unir líneas cuando sacó a Tévez para aportar despliegue con De Yong y se encontró con que el United no tenía alma ni capacidad para atreverse a encarar con energías la recta final. Ese cambio, además, le permitió liberar muchísimo a Yaya Touré que, con espacios, ganó en consistencia, en identificarse como el líder del duelo y en demoler cualquier reacción visitante con su imponente amenaza a la contra.
Cuando el juego tocaba a su fin, incluso después de haber tenido su momento de polémica particular (escocés e italiano se cruzaron lindezas y gesticulaciones varias en la segunda mitad), las tácticas habían cambiado de bando pero las lecturas eran las mismas. Ferguson prefería hablar de sensaciones grises mientras Mancini relanzaba sus dotes victimistas asegurando que la Premier aún está más favorable para sus vecinos Devils. Un juego especulativo que toca a su fin en dos semanas pero que, ría quien ría el último, perdurará en la mentalidad de sus clubes. Ese es el peligro, la expansión de la filosofía del estraperlo y la especulación, la de arroparse antes de que anochezca y temer al lobo sin haber salido al monte. Ferguson y Mancini ya son fieles exponentes. La Premier, aún intenta redimirse.
