Emociones que juegan
El Barcelona perdió el Clásico contra el Real Madrid
El Barça tenía la Liga perdida hace un mes y medio. Esto es así. La distancia de diez puntos respecto a la cabeza convertía el título doméstico en una utopía, una quimera. Sin embargo, el Real Madrid con tres empates ante Málaga, Villarreal y Valencia se empeñó en brindar opciones a un cuadro azulgrana que asistía esperanzado al Clásico, en la confianza que podría hacer valer su condición de local y la inercia positiva de los últimos duelos directos, para de ese modo recortar 9 puntos en menos de dos meses y poner la Liga patas arriba. No fue así, ni mucho menos.
El día en que se decidía la Liga, Josep Guardiola sorprendió con un once titular un tanto extraño, donde los canteranos Tello y Thiago fueron las grandes novedades del técnico de Santpedor. Sintomático. Tres campeones del Mundo como Piqué, Pedro y Cesc fueron suplentes, decisión más sintomática aún, jugadores de peso a los que se unía en el banquillo el chileno Alexis Sánchez, renqueante aún del choque de Stamford Bridge. Demasiado arsenal fuera del once para jugarte una final disfrazada de partido de Liga.
El Barça salió tensionado desde el primer minuto, fallaba pases fáciles de cinco metros y el Real Madrid amenazaba saliendo rápido a la contra. La conexión Xavi-Iniesta-Messi se veía cortocircuitada permanentemente y las sensaciones no eran buenas. El gol de Khedira en el minuto 17 a la salida de un córner fue una puñalada mortal que no hizo más que incrementar de manera exponencial el nerviosismo culé. En ningún momento los culés se sobrepusieron a la presión de verse por debajo en el marcador y eso el Real Madrid lo notaba y le hacía ganar más confianza. El hecho que una máquina de generar fútbol como es el Barça, tan solo gozara de una ocasión clara en los primeros 45 minutos, un disparo de Xavi que desvió lo justo Iker Casillas, habla bien a las claras de cual era el estado de ansiedad y la nulidad creativa de un equipo que jugó un partido condicionado de manera decisiva desde el factor psicológico.
El Barça jugaba sin “9”, y el falso “9” –Messi- tenía que acudir a la medular para entrar algo en juego, no llegaban jugadores de segunda línea (los dos mejores llegadores –Cesc y Keita- estaban fuera del once), y los extremos, Tello y Alves, eran circunstanciales. Difícil hacer daño con semejante panorama ante la solidez de un Real Madrid muy serio. Ramos y Pepe apenas se vieron exigidos.
Al descanso la gente esperaba una reacción por parte de Guardiola, y por parte del equipo, no llegó ni de uno, ni de otros. Una ocasión clarísima de Tello que envió a las nubes fue todo el bagaje ofensivo del equipo hasta que por fin, cerca del minuto 70, Guardiola decidió mover ficha. Salió un desacertado Xavi y entró Alexis. En la primera jugada en que Messi pudo arrancar desde la medular teniendo a un compañero que fijara un poco a los centrales blancos llegó el gol del Barça, ¿casualidad? no lo creo.
Las tablas abrían un nuevo escenario, un escenario donde el 2-1 y por ende los tres puntos para los locales era posible. Ese escenario tan solo duró tres minutos, el tiempo que tardó el Real Madrid en rearmarse con entereza al golpe sufrido y armar un contragolpe académico que vía Özil-Cristiano liquidó el partido y de paso la Liga.
Nada que objetar. El Barça fue un juguete roto, y jugó un partido discreto, muy discreto. El Real Madrid se llevó los tres puntos del Camp Nou desde el orden y la seriedad. Ni siquiera necesitó acercarse a la excelencia para vencer en un campo prohibido en la etapa Mourinho.
Jugadores y entrenador azulgranas deberán reflexionar seriamente que falló para sucumbir de ese modo en el partido clave de la Liga. Pienso que Guardiola leyó francamente mal el partido, no acertó con los cambios y éstos llegaron muy tarde. Se demostró que Guardiola es humano y puede fallar, se demostró que jugadores Campeones del Mundo y Campeones de Europa pueden acusar la presión y la ansiedad de un modo evidente. Un mal día. No se alarmen. Tienen crédito para fallar. En el fútbol, las emociones y los estados de ánimos juegan tanto o más que la calidad individual, y las emociones las controló mejor el Real Madrid que siempre llevó el tempo del partido, aunque fuera en la sombra.
El Real Madrid será en breve justo campeón de Liga, el barcelonismo debe reconocer esta evidencia, tender la mano al rival, y mirar al frente porque el martes está en juego el tercer billete a una final de Champions League en cuatro años. No es poca cosa. El mal partido jugado por el Barça se puede revertir en tan solo 72 horas ante el Chelsea. Ésta es la grandeza del fútbol, un deporte que te da la posibilidad de enmendar errores en cuestión de días. El fracaso y la gloria son conceptos prostituidos y el resultadismo una tendencia del fútbol moderno, pero más allá de esto, lo cierto es que el Barça aún tiene en su mando el poder acabar la temporada con una Copa de Europa y una Copa del Rey que se podrían sumar a los tres títulos ya conquistados en el curso 2011/12. El martes a las 20.45 es el examen. Toca revisar bien la lección.
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