El Clásico del Fútbol

Lo que envuelve al Barcelona - Real Madrid

El fútbol se ha convertido en un fenómeno de masas con una mayoría de seguidores que ve sólo los partidos más mediáticos como algo de culto que hay que seguir pese a desconocer las circunstancias; un poco como quien va al cine con la intención de distraerse un par de horas entre algo de comer y de beber sin darle demasiada importancia al contenido. Ésta será la actitud de una gran parte de los 400 millones de personas que verán el Barcelona – Real Madrid de este sábado, esa mayoría que ha sucumbido al encanto del mercadeo y los medios que buscan solo llenarse con el partido que mueve algo como 1.2 millones de euros.

Marcas, diarios, radios y canales de televisión han convertido el Clásico español en el clásico de clásicos en el mundo entero; basta tomar como ejemplo Sudamérica. Desde hace unos años, el aficionado común del cono sur del Nuevo Continente es madridista o barcelonista, y siempre que declara su preferencia dice “desde pequeñito he sido de...” en un intento desesperado por no parecer el último llegado. Los productos oficiales, tanto merengue como blaugrana, son moda y la colección de la próxima temporada siempre es motivo de debate cual un prêt-à-porter de verano-otoño; unos quieren las franjas más gruesas y otros condenan el nefasto color de la segunda camiseta. Para el día del gran partido, cualquier local que transmita se garantiza un llenazo y los que cuentan con TV de pago en casa organizan comidas para un sinnúmero de invitados. En lo que respecta a la cobertura periodística, la reseña del encuentro es primera plana indiscutida porque es la noticia; la imagen de rigor será de Messi o Cristiano Ronaldo, sin importar que quizás los protagonistas sean Iniesta o Benzema.

Para sacar el máximo provecho económico de este evento, las compañías hacen campaña durante todo el año para que, además de comprar, el fanático tenga entre ceja y ceja la imagen de los equipos. En tanto, los medios siguen aferrándose a esa política editorial que prevé generar diariamente noticias todo tipo cual si Barcelona y Real Madrid fuesen parte de un reality show; cosas como que Coentrao fuma, Piqué waka-waka, Mourinho gruñe y Guardiola hace el falso modesto son el pan nuestro de todos los días en la prensa. Lo trágico de todo esto es que estamos hablando de un partido que, hoy por hoy, es la mejor expresión del fútbol: los mejores jugadores, los mejores entrenadores, los mejores equipos, todos dando vida a un partidazo. Pero lo importante es hacer dinero y los análisis técnico-tácticos venden poco y nada.

Pero el día del partido te topas con uno, en la cola del supermercado o en la parada de autobús, que te habla de los clásicos de los años 80 y dice que verá el juego con pocos íntimos en un lugar tranquilo para poder degustar de 90 minutos de buen fútbol no exentos de un toque de sufrimiento. Ahí recuerdas que en cualquier rincón del mundo aún existen verdaderos apasionados, esos que sí eran hinchas desde niños y no han caído los tentáculos del mercadeo y los medios comunes. Lo saludas reconciliado con el fútbol, te das las media vuelta y te marchas a casa a ver otra edición más del que es el clásico del fútbol.

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