Sporting CP: La alternativa terciaria

Los lisboetas 'amenazan' a la revelación de la competición

Perenne rival entre dos potencias mayoritarias, sólo en ocasiones contadas en capaz de hacer prevalecer su teoría, renueva deseos con demasiada asiduidad y siempre acaba oscurecido por la fuerza de sus gigantescos enemigos. Es el personaje de fondo necesario para completar una escena donde sobresalen sus premiados ‘vecinos’, reactiva esperanzas cuando arranca el sol de pretemporada pero acaba congelado cuando las temperaturas invernales hacen avanzar la campaña. Nunca pudo cambiar su rol, su destino o su etiqueta, esa que hace demasiado arrastra como tercera potencia. El acompañante ideal incapaz de ascender en la cadena alimentaria de un fútbol, el portugués, que ha ido limitando su crecimiento con obstáculos anuales. Los que ahora vuelven a tacharle de alternativa, la tercera vía histórica.

No es lírica ni poesía, sino incuestionable realidad observar como el Sporting Club de Portugal sólo ha podido romper la dualidad Oporto-Benfica en dos ocasiones durante las dos últimas décadas. Momentos puntuales que responden más a la mala gestión de sus rivales en situaciones concretas dentro de un global, que al buen uso de sus propias armas (en los años 50-60 el Sporting sumó 9 títulos ligueros). Porque en el José Alvalade existe una afición tan fiel como exigente y tan colorida como pretenciosa. En Europa su rastro ha sido similar, pues su único éxito fue una Recopa con casi medio siglo de vida (1964), creando aún dolor la final perdida como locales ante el CSKA de Moscú en la UEFA de 2004. Cansados de ser la eterna alternativa, los leones han buscado fórmulas similares durante años, con la única novedad de quien los dirigiera. Un caos tras otro, acumula nada menos que once técnicos en el nuevo siglo.

El último de todos ellos es un icono del movimiento sportinguista, Ricardo Sá Pinto. Tan caracterial como atrevido y tan ‘novato’ como predispuesto, hace apenas unos meses tomó las riendas de un equipo que, de nuevo, estaba en caída libre respecto a Benfica y Porto en la pelea por la Superliga lusa. Sustituyó a un técnico más consagrado, con reputación tras haber llevado al Braga a la Champions y haberlo colocado como sub-campeón de la Europa League, Domingos Paciencia. Y mientras el ex entrenador buscaba crecer desde la base, con una defensa sólida y una capacidad de respuesta ofensiva basada en la velocidad, con Sá Pinto el esquema busca potenciar la agresividad y explosividad en tres cuartos de campo. Conceptos renovados en mitad de una campaña que, como siempre, navegando en la imprevisibilidad, les ha llevado a una semifinal europea que ni soñaban.

Más allá de lesiones concretas que han impedido que algunos de sus jugadores más interesantes hayan encontrado momentos de lucidez (Jeffren, Matías Fernández, Alberto Rodríguez o Izmailov), sí están respondiendo positivamente los que ya forman su columna vertebral: Rui Patricio en portería, el incombustible Joao Pereira, Stijn Schaars en la medular organizativa (el jugador más importante), Capel como elemento desequilibrante y Ricky van Wolfswinkel como goleador de área. Todos ellos, así como las aportaciones de Carriço, Insúa o Elías, otorgan una nueva esperanza en un club que, pese a todo, sigue siendo una acumulación anual de mutaciones e improvisaciones en busca de la fórmula salvavidas.

Conscientes de que su rol en Portugal va incluso descendiendo en los últimos años (donde Braga les ha adelantado), el Sporting ha resistido casi de manera milagrosa a retar a la ‘Armada Española’ a nivel continental. Superaron la fase de grupos como líderes (a pesar de perder dos partidos), sufrieron para eliminar al Legia en octavos, rompieron el esquema provisional al superar al Manchester City con sudores históricos y supieron frenar al frío ucraniano del Metalist. Sensaciones positivas dentro de una campaña muy gris donde sus aspiraciones ligueras vuelven a ser simplemente mantener el status de Europa League. Esa competición que, de repente, pone a prueba la fuerza del león sportinguista. Tan debilitado y ensombrecido como siempre. Tan liberado en ilusionado como nunca.

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