Shinji Kagawa, el chanko que amenaza al Real Madrid
Marcó un hat trick con el Manchester United
Al Manchester United le bastó con Shinji Kagawa para golear por 4-0 al Norwich y meterle el miedo en el cuerpo al Real Madrid de cara al partido de vuelta los octavos de final de la Liga de Campeones. En Fútbol Primera.es ya le rendimos un homenaje al crack japonés cuando todavía militaba en el Borussia Dortmund y hoy lo recuperamos.
Puede llevar pollo y verduras, los hay con estómagos más potentes que lo prefieren con cerdo y sardinas e incluso cuentan que el de curry con bacalao es el más ancestral. El chanko (o chankonabe), un plato cocinado en la propia mesa mediante un puchero metálico que acaba bebiéndose, es una de las delicias que todo occidental debería tomar si en alguna ocasión puede disfrutar de una visita a Japón. Es un manjar casi exclusivo de los luchadores de sumo (pues es ideal para aumentar de peso), pero todos los deportistas, sobre todo cuando son adolescentes, consumen a menudo el apetitoso caldo. Una vez llegan al profesionalismo, los nutricionistas recomiendan beberlo en pequeñas dosis, como si de un elixir milagroso se tratara. Una esencia tan nutritiva como prohibitiva.
Uno de los que más lo echa de menos, en la distancia y debido a las estrictas dietas de Alemania, es la estrella del Borussia Dortmund, Shinji Kagawa. “Aquí la cerveza es natural, los japoneses no lo toleramos así, por lo que ojalá me dejaran cambiarlo por chanko”, ironizó (curiosamente, mientras comentaba para la televisión japonesa el mundial de tenis de mesa). Pero desde su aparición en la Bundesliga, su impacto ha sido demoledor, tenaz y ambicioso, renovando sus conceptos para ser determinante. No tiene la regularidad de sus inicios y tampoco el anonimato, pero ha moldeado su estilo, siendo más determinante, desequilibrante y aportando en pequeñas dosis su talento, siempre por bien de un Dortmund al que lleva en volandas y al que impulsa con su fantasía y pequeños detalles. Chispazos, destellos de agudeza, una perspicacia irreconocible en un jugador nipón y una envidiable celeridad de pensamiento-ejecución. Tamaño mini, tarro pequeño y de delicioso final. El chanko más apetitoso del planeta.
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La clave en su rendimiento estuvo en la pasada Copa de Asia. Con permiso de Honda, la clase de Endo y ya sin los galones de Nakamura, la selección japonesa otorgó papel estelar al reciente crack de la Bundesliga, que tuvo un papel tan irregular como desequilibrante, apareciendo con cuentagotas pero proporcionando los aportes determinantes que acabaron por situar a Japón como rey del fútbol asiático. No fue esa demostración de capacidad y determinación lo que le marcó, sino la lesión de gravedad que trajo de regreso al Westfalen y que lo apartó del rendimiento mayúsculo que había encontrado en sus primeros meses de impacto occidental. Su partido previo a la competición asiática fue un 18 de diciembre ante el mismo Eintracht de Frankfurt ante el que regresaría cinco meses después, habiendo perdido nada menos que una vuelta completa en su puesta a punto. Un frenazo grotesco y desagradable para la aparición del año 2011.
Esos meses de ausencia fueron, a su vez, el trampolín para quien mejor supo leer la oportunidad desde abajo, un hoy mundialmente conocido Mario Gotze. El canterano, perla del Dortmund, enamorado del fútbol asociativo, asistente de lujo y llegador talentoso, era un sustituto ideal que ya había tenido regularidad antes de la baja del nipón pero que dio un salto mayúsculo cuando Jurgen Klopp le dio galones para liberar su magia. Su aureola fue creciendo al ritmo de detalles, clarividencia, fantasía y pases a la red, generando automatismos con sus compañeros en tiempo record y llegando hasta la selección absoluta cuando meses atrás apenas era un chico prometedor esperando su opción en la sombra.
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El inicio del curso 2012 unió a los dos. Un Kagawa que tenía que mostrar que su adaptación estaba completada y que podía llevar el peso del campeón con el extra de la Champions, así como un Gotze al que ya le inundaban de ofertas ante su impactante puesta en escena. Tras un par de decepciones europeas, el Dortmund se centró en conquistar los títulos nacionales pero el canterano cayó gravemente lesionado y hace tres meses que se le espera (volverá la semana que viene), tiempo que, como ya pasó anteriormente, fue aprovechado mejor que nunca por su compañero, un Kagawa que volvió a dar un paso al frente para mostrarse absolutamente determinante en sus acciones.
Hoy, el japonés es la imagen del estilo de su club. Creativo, veloz, inteligente, de veloces ejecuciones y habilidoso en espacios reducidos. Ha llevado al BVB a una racha de 22 partidos consecutivos sin perder (sumando 29 de los últimos 33 puntos), es más efectivo (suma 12 goles y supera la máxima cifra de goles de un nipón en Bundesliga, anteriormente en poder de Naohiro Takahara) y tiene responsabilidad absoluta en la determinación virtuosa de su equipo, participando en la raíz de elaboración, rompiendo con el pase decisivo (suma 7 asistencias) y superando ya su producción de 2011. Ahora, este japonés menudo criado en el singular FC Miyagi Barcelona y que apenas costó 350.000 euros (producto de un detallado organigrama de ojeadores), sigue anhelando como nunca su chanko, ese elixir mágico cuya esencia desprende sobre el césped para delicia de quienes lo saborean cada semana.
