La presidencia perfecta de Al Thani

El propietario malaguista se limita a su cargo

El fútbol ha evolucionado desde sus inicios. En ocasiones el deporte cae en el olvido del poder mediático y se entromete por medio uno de los mayores negocios del Mundo. Merchandising, fichajes multimillonarios, precios de entradas, acciones. El deporte es la escusa, el dinero la causa de que todo siga adelante.

Intereses de unos y de otros han creado en los últimos años un movimiento empresarial que se ha traducido en el desembarco de empresarios multimillonarios en equipos europeos. Clubes de mayor o menor dimensión que de la noche a la mañana han visto como sus arcas económicas se multiplicaban. Sin méritos propios, al menos deportivos.

Los clubes se convierten en empresas todavía más económicas de lo que el deporte, en ocasiones, intenta maquillar. Se intenta vender la imagen de clubes deportivos, equipos de fútbol, cuando en el fondo se esconde un simple ejemplo de empresa que busca generar ingresos, que busca expandir su marca, su imagen con el fin de seguir engordando las cuentas.

Muchos han sido los nombres de empresarios multimillonarios, procedentes comúnmente del negocio petrolífero, que han desembarcado junto a sus respectivos capitales para rescatar económicamente las finanzas de diversos clubes europeos.

España no se ha escapado a este tipo de moda, a esta nueva medida financiera. En Málaga cuentan con uno de estos casos. Un empresario de origen catarí, miembro de la familia real de Catar, que llegaba en el año 2010 a la capital de la Costa del Sol para sanear las cuentas del club e intentar impulsar el proyecto malaguista colocando en un corto plazo las aspiraciones europeas como objetivo propio.

Lejos de la popularidad, del poder mediático, Nasser Al Thani, presidente del Málaga, ha ido cumpliendo los plazos y los objetivos marcados. Sin hacer mucho ruido, sin colocarse en el primer plano de la actualidad, como por el contrario ocurrió en Santander con la llegada la pasada temporada de Ali Syed, el propietario malaguista ha formado en apenas temporada y media un proyecto más que interesante y lo mejor de todo, competitivo, con resultados positivos.

El pasado verano sin duda alguna tuvo al Málaga como uno de los principales protagonistas en lo que a traspasos se refiere. Jugadores de la talla de Joaquín Sánchez, Santi Cazorla, Ruud Van Nistelrooy, Toulalan o Isco Alarcón fueron desembarcando en La Rosaleda bajo el ánimo de multitudinarias presentaciones. La ilusión crecía cada semana. Estrellas del fútbol español y europeo se estaban congregando en torno a un equipo que debería manejar otro entrenador del sello de Al Thani, Manuel Pellegrini.

Los números de los malagueños están siendo dignos de ser destacados. Sin hacer demasiado ruido, como si nada, desde un segundo plano, el pasado fin de semana el Málaga conseguía vencer a domicilio frente al Espanyol por 1-2, lo que sumado a la derrota del Valencia el sábado en Getafe, hizo que ambos conjuntos se vieran igualados en la tercera posición de la tabla clasificatoria. Una tercera posición que hace tan solo un mes parecía tener tan solo un dueño, pero ahora presenta al conjunto de Pellegrini como un candidato ya no por lograr la anecdótica tercera plaza, sino para quedarse con una de las deseadas plazas que dan derecho a disputar competición europea.

Un proyecto que parte con la ventaja de lo económico, de las inversiones que a priori no presentan mayores problemas pero que de fondo convive con una gestión importante, seria y sobretodo, basada en el esfuerzo, en la calma.

Disponer de cantidades altas para fichajes no debe suponer, como ocurre en muchos casos, derroche. Al Thani fichó el pasado verano un total de 9 jugadores, tanteados y propuestos anteriormente por el técnico. Nada de decisión libre del propietario. Traspasos con base, con firmamento. 9 futbolistas de primer nivel que para nada supusieron un desembolso total mayúsculo. Un total de 56 millones de euros invertidos. Importante, sí, pero teniendo en cuenta que se trata de nueve incorporaciones de un nivel más que considerable presenta una gestión perfecta.

Todavía más perfección cuando el máximo propietario se ha limitado a mantener las formas, a mantenerse en su puesto, en no meterse en lo deportivo. Tan solo poner el capital, sanear las cuentas e intentar que un desembarco de tales características esté cumpliendo las expectativas, no siempre asequibles.

El Málaga es uno de los claros candidatos a estar en Europa la próxima temporada. Su juego comienza a ser productivo, beneficioso, positivo. La Rosaleda cree en el equipo, se enamora cada fin de semana y tienen en la Costa del Sol una de las zonas candidatas a acoger competición europea la próxima temporada.

Al Thani, un ejemplo perfecto de empresario y de propietario. Un presidente que se mantiene al margen, que se limita a sus tareas y crea ese ambiente correcto y necesario para el buen rendimiento del equipo.

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