Mohamed Zidan, el ‘faraón’ de los records

El jugador egipcio bate récords en la Bundesliga

Tenía catorce años, correteaba sin parar en las polvorientas calles de Port Said y defendía una camiseta tan sucia, que se hacía imposible adivinar su procedencia. No era ni parecida a las que portaban con sudor sus compañeros y tampoco se había visto una similar en las perchas de la tienda del barrio. En la explanada donde cada tarde intentaban dar tres pases seguidos, improvisando dimensiones en torno a una pelota de trapo, siempre fue el chico menudo, pero el más habilidoso y caracterial. Incansable, trabajador y dedicado a su hobby, Mohamed Zidan marcó diferencias desde pequeñito por su tozudez y sus ropajes, ese vestir extraño que lo hacían diferente. Nunca de blanco o azulgrana. Jamás de mancuniano o bávaro. Lo suyo era exotismo ‘made in Denmark’.

Aquellas vestimentas y estilismos no sirvieron para que el modesto Al-Masry, el equipo de su ciudad, confiara en él en edad adolescente y lo rechazó para sus categorías inferiores por no tener capacidad técnica en el pase. Tan curiosa decisión fue el detonante que necesitó el joven Mohamed para cambiar de aires y recorrer medio planeta en busca de sus opciones con la pelota. Para ello, siguió el camino inverso a la de aquellos paquetes que le vestían de corto cada cierto tiempo, pues las camisetas que le habían diferenciado, eran regalos de un familiar muy futbolero residente en Dinamarca. Con lágrimas por haber dejado aquellos recuerdos a un lado y dolido por no poder crecer en el equipo de su ciudad, probó durante semanas en clubes modestos como B93, FC Anatolien o Kokkedal BK, pero sin suerte. Sin embargo, en un parque solitario comparable a su explanada egipcia, empezó a dar toques y a realizar malabarismos que llamaron la atención de un adre que paseaba alucinado con su hijo. Resultó ser scout de Akademisk Boldklub (Segunda División Danesa) y lo reclutó para darle la moral y el empuje que Zidan necesitaba para explotar sus cualidades.

Cuatro años de crecimiento y una crisis financiera, bastaron para que el FC Midtjylland lo contratara y el ‘faraón’ empezara a ganarse el respeto portando ahora de manera oficial, aquellas camisetas que lo marcaron como protagonistas en las calles de Port Said. Curiosamente, a sus vestimentas añadió la singularidad de sus peinados ya que su mejor amigo en la barriada donde vivía, era un peluquero de la ciudad experto en looks llamativos (una de sus características desde entonces). Máximo goleador y jugador revelación del año en la Super Liga Danesa durante su primer curso. Máximo realizador y jugador del año durante su segunda campaña. Números, registros y un show diferencial en cada partido. Tal fue su puesta en escena de Zidan en el nuevo estadio SAS Arena (nueve goles en los tres primeros partidos), que los aficionados lo llamaron coloquialmente el ‘Arena Zidan’. Su valor se multiplicó, los clubes extranjeros empezaron a asomarse a Herning y en 2005 la Bundesliga lo ató para uno de sus clásicos, un Werder Bremen donde inició una larga travesía por las enfermerías.

Y es que a pesar de que su gran explosión le llegaría en el Mainz (con 22 goles), su periplo por Bremen, Hamburgo o Borussia Dortmund, sólo tuvo un denominador común, sus rodillas. Lesiones y molestias físicas que le hicieron perder ritmo, siempre ganar algo de peso que jamás lograría perder definitivamente y romper el idilio goleador que lo había convertido en emblema en Mainz y en jugador muy querido allá donde puso su ingenio. Porque no le faltó garra, energía o trabajo, aunque la luz que durante años convirtió a Egipto en la mejor selección africana (estuvo en todos los éxitos de la generación de Shehata como delantero referencia y goleador), se fue apagando hasta regresar este invierno a la ciudad carnavalera de Alemania y pisar nuevamente Maguncia.

Sin minutos en un Borussia Dortmund con enorme competencia, habiendo entendido que sus piernas aún tenían mucho fútbol que mostrar y con ganas de ser protagonista después de largas sesiones de rehabilitación, Mohamed Zidan vuelve a ser icono de la Bundesliga. En un entorno ideal, adaptado a su rol y con un proyecto que necesitaba un atacante capacitado para crear y definir, el egipcio encontró su estrella. Y es que en solo mes y medio, el faraón de look danés ha logrado seis goles, uno por cada uno de los partidos en los que ha vuelto a enfundarse la elástica del Mainz. Anotó en su estreno ante el Schalke, repitió ante Hannover, clonó su actuación contra Hoffenheim, se aprovechó de la goleada al Kaiserslautern, marcó en su regreso al Westfalen (sin festejarlo) y volvió a dar la victoria este fin de semana ante el Nuremberg.

Seis goles que valen nueve puntos y que lo recuperan para el primer nivel que sólo sus rodillas decidieron cuestionar, pero sobre todo, seis goles que lo colocan en la historia. Y es que jamás un jugador había marcado durante seis jornadas consecutivas con su nuevo equipo, destrozando un record marcado hasta ahora en cinco partidos por el mito Freddy Bobic en 1995. Un reconocimiento que otorga un impulso moral a un personaje cuyo talento y devoción por el fútbol, le hicieron superar obstáculos casi insalvables. En Post Said, Dinamarca o Alemania, el faraón de los records sigue marcando goles pero, sobre todo, con un look muy especial.

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