Liverpool: avanzar mirando hacia atrás

Los Reds buscan resucitar su época de gloria

El imaginario popular acepta como cierto el axioma de que todo tiempo pasado fue mejor. Antes se escuchaba mejor música, las estrellas de cine eran más glamourosas y el arte era inteligible, mientras que en el presente todo ha bajado uno o dos peldaños en la escala de la calidad. No todo el mundo estará de acuerdo en la idealización del pasado. El Liverpool sí. Para justificar su grandeza -que lo es y mucho- los Reds apelan a sus gestas pasadas, obviando el presente. Recuerdan su dominio aplastante en los 70, su manifiesta superioridad en los 80, las hazañas logradas con Rafa Benítez tras el cambio de siglo. Del presente, en cambio, mejor ni hablar.

Con la victoria del pasado fin de semana frente al Cardiff en la final de la Carling Cup, el Liverpool sube el primer escalón para cambiar la dinámica derrotista de los últimos años. En el momento en el que Steven Gerrard levantaba el trofeo desde las gradas de Wembley -el Anfield del sur como se le llamaba durante los buenos tiempos- los Reds rompían una sequía de seis temporadas sin sumar ningún título a su palmarés. La pregunta -con aroma a esperanza- que circula por Anfield es si el Liverpool podrá aprovechar este impulso para resucitar sus mejores tiempo. El pasado reciente les apoya y sirve como ejemplo.

En Anfield ya sufrieron una situación similar hace once años y lograron superarla. Entonces los ingredientes fueron casi los mismos, aunque en distinto orden. En 2001 el Liverpool también atravesaba una dolorosa sequía de títulos. Los Reds se alejaban poco de su mejor época y la derrota se instauró como costumbre. Sin embargo, la Carling Cup -entonces bautizada Worthington Cup por cuestiones publicitarias- acudió al rescate para romper la mala racha. El 25 de diciembre, el Liverpool se vería las caras en la final -que se jugó en Cardiff- contra un equipo de la segunda división inglesa, el Birmingham, y se proclamaría campeón en la tanda de penaltis. ¿Les suena la escena?

Ese Liverpool, con Gerard Houllier en el banquillo, logró cambiar la dinámica negativa y ese triunfo en Cardiff se convirtió en el inicio de una nueva era gloriosa del Liverpool. No fue una época tan prolífica como las décadas de los setenta y ochenta, pero los Reds volvieron a acostumbrarse a sumar títulos a su palmarés con asiduidad, especialmente tras la llegada de Rafa Benítez al club. Durante los cinco siguientes años, a Anfield llegaron una Copa de Europa, una Copa de la UEFA, dos Community Shield, otra Carling Cup, una FA Cup, y dos Supercopas de Europa. Además de jugar varias finales y firmar dos subcampeonatos de la Premier League.

Un lustro cargado de títulos, que encontró su final en 2006. La Community Shield que los Reds le ganaron el 13 de agosto del 2006 al Chelsea en el Millennium de Cardiff fue el último trofeo que el Liverpool levantó hasta el pasado fin de semana. Desde entonces, los de Anfield quedaron sumidos en una caída en picado. Primero Rafa Benítez abandonó el club. Luego Roy Hodgson empeoró la situación y tuvo que llegar Kenny Dalglish, un mito en Anfield, para resucitar la épica de un equipo que empezaba a olvidar su grandeza y pasaba a convertirse en un actor secundario en el fútbol inglés. El triunfo en Wembley del pasado domingo marca lo que podría ser el inicio de una nueva era. La duda es si el Liverpool está capacitado para aprovecharla o este título es solo una excepción dentro de la decadencia de las últimas temporadas.

La respuesta llegará durante las próximas semanas. Desde el vestuario parece que impera la cordura. Conscientes de que se encuentran en una situación privilegiada no hablan de más títulos, sino de recuperar el prestigio subiendo escalón por escalón y el próximo objetivo no es otro que alcanzar la cuarta plaza, como anunció Craig Bellamy todavía en Wembley tras ganar la Carling Cup. El Liverpool quiere recuperar su grandeza y para ello debe tomar como ejemplo su propio pasado. Acabar entre los cuatro primeros y disputar de nuevo la Champions League es el primer paso para volver a ser grandes, pero antes habrá que ganar este fin de semana al Arsenal. Ese partido será la primera prueba para descubrir la verdadera identidad actual del Liverpool. Que Anfield empiece a afinar su garganta...

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