Cómo hacer de una renovación un culebrón

Pep Guardiola y sus renovaciones anuales

El éxito, la prosperidad, la felicidad. Todos los términos anteriormente expuestos son sinónimos de estados positivos. Los estados de ánimo de las personas deben ser controlados tanto en niveles negativos de autoestima como positivos en el aspecto del orgullo.

Trabajar y obtener resultados destacados, que convierten automáticamente a un trabajador en bases superiores a otro, no debe suponer una escusa para convertirse en un ejemplo, y menos todavía debe ser utilizado para menospreciar el entorno, todos esos aspectos y factores que aparentemente puedan estar por debajo.

En Barcelona existe desde hace unas semanas, curiosamente desde que el Real Madrid aventaja en diez puntos al conjunto del Camp Nou, un monotema que expande multitud de dudas. Pep Guardiola, técnico azulgrana, se encuentra en el foco de cualquier dardo mediático en busca de titulares, de cualquier información capaz de descifrar el enigma sobre su futuro, sobre su continuidad, o no, en Can Barça la próxima temporada.

Un método apoyado y criticado a partes iguales. Una decisión la del entrenador catalán de renovar año tras año, temporada tras temporada, que salta cada campaña a estas alturas y que, como es normal tras cuatro etapas en Barcelona, comienza a cansar. Si a esto se le suma que el equipo barcelonista se encuentra en su peor forma en el campeonato doméstico, en la Liga BBVA, de los últimos años, las dudas sobre su futuro alcanzan porcentajes altos.

Pep Guardiola tiene la fórmula perfecta, si tiene algún tipo de utilidad, para convertir cada año una simple renovación de contrato en un auténtico culebrón digno de radionovela de amores y desamores, en este caso el Barcelona.

Sus métodos tienen ventajas, pero evidentemente también handicaps, desventajas. Es cierto que en un año pueden pasar numerosas situaciones, pueden influir multitud de factores que pueden hacer variar en mayor o menor proporción una misma realidad. Sin embargo, cuenta con aspectos negativos como el que se vive en estos momentos, que los medios de comunicación, ante la duda, ante la ignorancia de su opinión, direccionen cualquier tipo de pregunta sobre Guardiola a su futuro.

También existe el otro punto de vista, el que afirma que todo esto es una clara estrategia para que no se hable del supuesto mal estado de forma del equipo, que sucumbe ante un hipotético poderío deportivo del máximo rival histórico y que, como es evidente que quizás no conviene tratar ese tema, se prefiere sacar el mismo tema de cada año y total, ¿para qué? Para que cuando pase la tormenta, todo esté correcto, el Barcelona haya ganado algún título, entonces Guardiola afirme abiertamente lo que sabe en la actualidad, que siga o no entrenando la próxima temporada en Can Barça.

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