Pablo César Aimar: otro pibe inmortal

Aimar vive una segunda juventud en el Benfica

Hablar de Pablo César Aimar es hablar de la historia del “casi”. Y es que Aimar fue un genial futbolista que se quedó siempre a un paso, a un “casi” de ser una estrella mundial del fútbol y de conseguir llegar al nivel que, por potencial, podría haber llegado. Nacido un 3 de noviembre de 1979 en Río Cuarto, Argentina, la vida de Aimar estuvo siempre ligada al fútbol pues desde muy joven formó parte de los Estudiantes de Río Cuarto desde donde realizó pruebas para ingresar en River Plate. Su carácter reservado que se convertiría en su santo y seña tanto dentro como fuera del terreno de juego ya comenzó a aflorar, pues prefirió volver con sus padres antes que enrolarse en las filas de “los millonarios”.

Aimar siempre tuvo ese carácter tímido, introvertido y alejado de los medios de comunicación que no le permitieron ser una estrella del fútbol como tal. Y es que a él no le gustaba hablar con un micrófono en la mano, se sentía mucho más cómodo con un balón en los pies. Y así, cuando finalmente Daniel Pasarella convenció a su familia y a él mismo para que ingresara en las categorías inferiores de River, pronto comenzó a destacar. Debutó en Primera División con tan solo 17 años en un River que pocos meses antes había sido coronado como el “Rey de América” al conseguir la Copa Libertadores. Las dolorosas e importantes salidas de jugadores como Hernán Crespo, Matías Almeyda o el propio “Burrito” Ortega hacían que River Plate se encontrara inmerso en una renovación obligada por el éxito. Esta renovación sería liderada por Aimar y Saviola, dos jóvenes futbolistas que devolverían los títulos a las vitrinas riverplatenses.

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Considerado uno de los mejores futbolistas argentinos de la época, fue campeón del Mundial sub ’20 de 1997 con aquella Argentina liderada por su íntimo amigo Juan Román Riquelme y por Esteban Cambiasso. Aquel torneo le lanzó definitivamente a la fama y consiguió hacerse con un puesto como titular en River Plate. Fueron sus mejores momentos en Argentina, consiguiendo un Clausura y un Apertura y jugar 2 veces consecutivas las semifinales de la Copa Libertadores, además de conseguir su primera internacionalidad absoluta en 1999, cuando apenas contaba con 20 años. Siguió creciendo como futbolista, aunque siempre eclipsado por la rutilante estrella de Javier Pedro Saviola, hasta que en invierno de 2001, el Valencia CF subcampeón de Europa se hizo con sus servicios a cambio de 24 millones de Euros, comenzando así su etapa más dorada como futbolista.

Aimar llegó a la ribera del Turia dispuesto a levantar el vuelo de un equipo que andaba perdido y sin rumbo. El Valencia había pasado del liderato de la Liga a quedar eliminado a las primeras de cambio de la Copa del Rey frente a un Segunda B (el Guadix) y a perder tres partidos consecutivos ante Deportivo de La Coruña, FC Barcelona y Real Madrid, colocándose a 10 puntos del liderato y con un bagaje de 0 puntos ante los 3 grandes de España. Faltaba frescura en el juego, claridad en la distribución del balón, faltaba magia, toque, calidad técnica… y para suplir todo ello llegó Pablo César Aimar.

Debutó a lo grande frente al Manchester United en Champions League realizando un partido que llenó de ilusión Mestalla y así se puede describir su paso por Mestalla, como una constante creación de ilusión. Una final Champions perdida frente al Bayern de Munich, y un doblete de Liga y Copa de la UEFA fue la hoja de servicios que Aimar dejó en Valencia, convirtiéndose en el ídolo de la afición pese a que sus continuos problemas físicos, acrecentados tras su tercera temporada, no le permitían rendir nunca al máximo nivel. Aimar era grande, un muy buen futbolista pero nunca llegó al nivel de estrella del fútbol. Era rápido, clarividente y capaz de mantener al público en vilo cuando cogía el balón. El murmullo en la grada reservado para los más grandes se oía cada vez que “Pablito” (como le gustaba que le llamaran) cogía el esférico. Sin embargo, todo cambió en 2004. Una pubalgia afectaría gravemente a su rendimiento lo que unido a la llegada de Claudio Ranieri a Valencia, poco amigo de la fantasía y la inspiración futbolística, fueron disminuyendo su presencia en las alineaciones ches. Además, una meningitis en 2006 le tuvieron apartado durante un tiempo de la práctica del fútbol.

Siempre estuvo rondando el interés del FC Barcelona por hacerse con sus servicios y unir en el mismo equipo a dos grandes amigos y figuras del fútbol como Juan Román Riquelme y Aimar, sonando con fuerza cada verano su traspaso a la Ciudad Condal. Éste no se dio finalmente, lo que alimentó que fuera idolatrado por la grada de Mestalla por su fidelidad a los colores. Sin embargo, la etapa del “Payaso” Aimar (apodo que no le gustaba y que le fue puesto por un periodista tras un Sudamericano juvenil al disfrazarlo de payaso para un reportaje) en Mestalla tocó a su fin en 2006.

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Ese verano fichó por el Real Zaragoza a cambio de 11 millones de Euros llegando a un equipo con menos aspiraciones que el Valencia pero con la ambición de convertirse en un grande. Este proyecto resultó un auténtico fiasco y con el descenso del conjunto maño a Segunda Divisón, Aimar hizo las maletas y fichó por el Benfica portugués en 2008.

Pese a que las lesiones son una constante en esta nueva etapa, Pablo César Aimar ha vuelto a brillar. Fueron unos duros inicios en Lisboa, pero con paciencia y trabajo consiguió convertirse en uno de los ídolos de Da Luz, donde ha conseguido un título de Liga y 3 Taças de Portugal en las 3 temporadas que lleva allí, consiguiendo incluso volver a la Selección Argentina de la mano de Diego Armando Maradona, un enamorado de Aimar.

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Hoy Pablo Aimar ya tiene 32 años y ha vuelto a formar una excelente dupla con Saviola, como hace más de 12 años en River Plate, pero hoy en Portugal. Ya no es el Aimar rápido, la edad no perdona, pero sí es un Aimar más maduro, más asentado, menos vistoso pero más efectivo y que situado en la mediapunta del conjunto lisboeta y con el 10 a la espalda se está volviendo a sentir futbolista y vuelve a hacer disfrutar a toda una afición, que ve en él al líder que todo equipo necesita.

No merece un final de su carrera Aimar que no sea irse con triunfos y buen fútbol, aunque siempre nos quedará el “qué hubiera pasado si…” Aimar no hubiese tenido tantos problemas con las lesiones. Un gran futbolista de “highlights” que no llegó a estrella. Se quedó rozándolo… a un paso, a un “casi”...

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