La Selección Española y los amistosos innecesarios

Así se paga el precio de la estrella

España se coronaba Campeona del Mundo en el pasado Mundial de Sudáfrica en 2010 enamorando a todo buen aficionado que se abriera al fútbol como interés general. Un triunfo frente a Holanda que atribuyó ese aura especial que se le aplica a todo campeón.

Esa estrella que se le atribuye a todo equipo capaz de levantar la dorada copa al cielo, esa estrella que de repente te convierte en el rival a batir, en el equipo al que todo el Mundo quiere enfrentarse. Entonces comienzan las invitaciones, comienzan los eternos elogios y de la nada la rutina se transforma.

Ahora lo que prevalecen son las giras patrocinadas, esos calendarios de encuentros en los que priman el dinero por encima de una buena preparación física y deportiva, y que, como en caso actual de España, hacen que los pupilos de Vicente Del Bosque hagan miles de kilómetros para cerrar un simple amistoso que no sirve para nada, o prácticamente para nada, porque el único beneficio a priori destacable es que las arcas de la Real Federación Española de Fútbol se llenen de algún que otro millón de euros.

Sin embargo, ¿esto es positivo?, ¿es lógico? Estar ante una de las temporadas más apretadas de los últimos tiempos por la gran cantidad de compromisos tanto a nivel de clubes como a nivel de selecciones no presupone que encima se hagan encuentros de este tipo. Al menos, para aprovechar el parón por la repesca como en esta ocasión, deberían hacerse encuentros amistosos, sí, pero que sirvieran para hacer pruebas, para buscar alternativas ante hipotéticas barreras que puedan aparecer en el camino.

España, desde aquel verano en el que tocó con las dos manos la cima del fútbol, ha llevado a cabo multitud de encuentros amistosos ante rivales de poco prestigio futbolístico como por ejemplo Venezuela o Estados Unidos u otros de mayor nivel como México, Argentina o Italia, encuentros que en no han servido de mucho por diversos factores en los que para bien o para mal España no ha salido parada de la mejor de las maneras.

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Mañana martes el combinado español disputará un nuevo encuentro amistoso de estos tan criticados por la motivación económico de los mismos. Un nuevo cruce del charco del Oceáno Atlántico, con miles de kilómetros, para enfrentarse a una selección de bajo nivel, o al menos de grandes diferencias. El rival será Costa Rica, un combinado que a priori no supondrá mayores problemas y que al mismo tiempo no debe servir de mucho debido a la gran diferencia de nivel.

Un largo viaje, de casi doce horas de vuelo, tras haber jugado en el mítico estadio de Wembley que, sumado al viaje de vuelta, supondrá un peso físico extra a los futbolistas que, pocos días después deberán volver a la rutina de la Liga BBVA.

Comienzan a ser críticas las voces en torno a la figura del seleccionador Vicente Del Bosque, ya que este tipo de encuentros, a parte del factor económico, no son aprovechados por el técnico español para sacar cosas positivas, para probar nuevas alternativas, como si la gente esperara que siempre jueguen los mismos por decretos. Convocatorias sin modificaciones, casi de memoria. Jugadores que parece ser que marcan sus propias mentalidades ganadoras, que juegan como saben y quieren, y que marcan la figura del seleccionador como un simple espectador que aporta vivencias y experiencias a modo de psicólogo para evitar fracturas.

¿Sirven de algo estos amistosos en el apartado deportivo? Cada vez más parece ser que no, que el único motivo es exprimir al máximo esa estrella nueva que reluce encima del escudo y que, por ello, supone un esfuerzo extra casi infernal para unos futbolistas que más tarde o más temprano, tristemente, acabarán pagando un trabajo tan marcado y tan agobiante.

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