República Checa (III): Euro 96, el inicio de una nueva era

Una nueva generación del fútbol checo se presentó en sociedad

Continuamos con el serial sobre los mejores momentos del fútbol checo. Tras pasar por Planicka y Panenka nos detenemos en la Eurocopa de 1996.

La nochevieja de 1992 tuvo un sabor diferente en Checoslovaquia. Sería la última que celebraría como país unificado. El 1 de enero de 1993 amaneció con la República Checa y Eslovaquia como naciones independientes. Así se 'extinguía' una nación que había regalado grandes momentos al fútbol alcanzando dos finales de Mundiales (1934 y 1962), ganando una Eurocopa (1976) con un penalti que se convirtió en eterno, y levantando un Balón de Oro (1962) en manos de Josef Masopust.

Checoslovaquia se convertía, de este modo, en material de los libros de historia. El futuro caía sobre los pies de una recién nacida selección de la República Checa. Confeccionada por una nueva hornada de talentos, los inicios no fueron buenos y su primer partido, un amistoso contra Turquía, concluyó con derrota por 1-4. La fase de clasificación para la Eurocopa de 1996 era, por lo tanto, la oportunidad de demostrar su valía. Y no fallaron. Lograron el billete para Inglaterra quedando líderes de un grupo en el que también estaban equipos como Holanda y Noruega.

Lograr inscribir su nombre en el sorteo de la primera fase de la Eurocopa en su estreno como selección independiente ya suponía todo un éxito para los checos. Estar presentes en Inglaterra estaba considerado una victoria, sin esperar que el equipo entrenado por Dusah Uhrin lograra nada en el torneo y menos después de conocer que compartiría grupo con Alemania, Italia, y Rusia. La simple presencia en la Eurocopa de 1996 era una fiesta. Bastaba con eso.

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De este modo, la generación formada por jóvenes talentos como Nedved, Poborsky o Berger se presentaba sin ninguna presión en Inglaterra. El tropiezo inicial contra Alemania (2-0) era la confirmación de que los checos solo estaban de paso en la Eurocopa, pero, de repente, se pusieron a jugar y enamoraron a Europa con un fútbol ofensivo y ambicioso. Pasaron por encima de Italia (2-1) en un partido que Maldini se vio totalmente desbordado y con el empate ante Rusia (3-3) gracias a un gol en el descuento de Vladimir Smicer lograron clasificarse para los cuartos de final.

Ya no hubo como pararles. En cuartos Portugal sucumbió con una magistral vaselina de Karel Poborsky. En semifinales se enfrentaron a Francia y tuvieron que recurrir a la tanda de penaltis para encontrar el camino a la victoria. Kouba, el portero checo, había sido el héroe del partido con intervenciones salvadoras, y en los lanzamientos desde los once metros la suerte también estuvo de su lado cuando Pedros falló el disparo decisivo. De este modo, la República Checa es consumaba como la gran sorpresa de la Eurocopa de 1996 y se ganaba un sitio en la final.

Allí les esperaba Alemania, el único equipo que había sido capaz de ganarles en el torneo. Los alemanes despertarían a la República Checa de su sueño de la manera más cruel. En la prórroga, tras empatar a uno en el tiempo reglamentario, apareció el recién estrenado Gol de Oro para hundir a los checos. Un inofensivo disparo de Oliver Bierhoff sorprendió a Kouba y dio el triunfo a los alemanes. Fue un trágico final para la República Checa, pero también un esperanzador inicio para una mágica generación del fútbol checo que ahora busca un recambio.

El once de la República Checa en la Eurocopa de 1996

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