República Checa (II): El suspense eterno de Panenka

Lideró a los checoslovacos en la Eurocopa de 1976

El penalti de Panenka El penalti de Panenka

Continuamos con el serial que iniciamos ayer recopilando los tres mejores momentos del fútbol checo. Tras Frantisek Planicka nos centramos en el mítico Antonin Panenka.

Distinguir a un genio de un loco es una tarea complicada. En algunas ocasiones las diferencias son mínimas. En otras, inexistentes. Antonin Panenka es el paradigma de ello. Locura y genialidad de reúnen en la figura del habilidoso media punta que puso a prueba el corazón de todos los checoslovacos en la Eurocopa de 1976 con la invención de una lanzamiento de penalti tan demencial como eterno que permanece escrito a fuego en el imaginario de los aficionados al fútbol.

Antonin Panenka hubiese quedado enterrado en la historia del fútbol checoslovaco como uno de los tantos talentos que ha producido el ya desaparecido país de no ser por su opera prima que materializó en forma de penalti en la final de la Eurocopa de 1976. Después de empatar a dos en el tiempo reglamentario contra Alemania Federal el título se decidiría desde los once metros. Hoeneb falló el cuarto lanzamiento de los alemanes, por lo que Panenka sería el encargado de ejecutar el disparo decisivo.

Cómo si no tuviera presión alguna, Panenka y su frondoso bigote caminaron con calma hacia el punto de penalti. Observó a Maier y descubrió lo que estaba a punto de hacer. "Sólo pensé en hacer algo diferente", confesó Panenka algo después. Y lo hizo. Su lanzamiento pasó a la historia. Amagó con una finta y cuando vio que el portero alemán vencía hacia un lado picó el balón con sutileza que besó la red acompañado de un inolvidable suspense. En ese momento nació una nueva acción en el mundo del fútbol: el penalti de Panenka, que ha sido repetido por otros muchos jugadores.

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Tras la trastienda de ese penalti se esconde una larga historia con el portero del Bohemians Zdenek Hruska como protagonista. Tras los entrenamientos, Panenka siempre se retaba a Hruska a una tanda de penaltis con cervezas y chocolate como premios para el ganador. El portero acostumbraba a ganar los duelos hasta que durante una noche a Panenka se le encendió la bombilla e inventó su famoso penalti.

"Tras toda una noche pensando en una acción técnica para batir a Hruska, me percaté de que el portero siempre esperaba justo hasta el último momento para anticiparse y volar hacia dónde iría la pelota. Entonces decidí que probablemente era más fácil romper aquella dinámica de acción con una finta para disparar y luego golpear suavemente la pelota picadapor el centro de la portería. De esta manera y haciéndolo con mucha sangre fría y parsimonia, el portero siempre se lanzaba a un lado u otro sin tiempo ni posibilidad de recuperación para detener el suave disparo efectuado. Aquella técnica comenzó a funcionar y dejé por un tiempo de perder apuestas, hasta que Hruska volvió a conocerme de tal manera que aquel chollo se acabó”, relató Panenka.

La contribución al fútbol de Antonin Panenka está a la altura de pocos jugadores. Aportó un estilo de lanzar un penalti que estará acompañado por su apellido a lo largo de toda la historia y, de paso, regaló un título al desnutrido palmarés de Checoslovaquia, protagonizando uno de los mejores momentos de la historia del fútbol checoslovaco.

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