El fútbol sudamericano sangra

La violencia vuelve a ensuciar al deporte rey

Aficionados del Alianza de Lima Aficionados del Alianza de Lima

En Sudamérica el fútbol tiene un aroma puro, alejado del maquillaje publicitario al que se le somete en Europa. Destila pasión, garra y sentimiento, sus estadios rugen, explotan en millones de papelitos blancos y es la cuna de los mejores jugadores de la historia del deporte rey. Sin embargo, toda esa magia que se enciende en tierras sudamericanas cada vez que un balón echa a rodar está manchada por la peor lacra que pueda infectar a un deporte: la violencia.

La violencia se ha convertido en el mal endémico del fútbol sudamericano durante la última década e incluso ha logrado enmudecerlo. El último episodio lo hemos vivido en la liga peruana. No habrá fútbol en Perú hasta el próximo 16 de octubre mientras avanzan las investigaciones por la muerte de un hincha en el estadio del Monumental de Lima. El incidente se produjo durante el Clásico entre Alianza Lima y Universitario de Deportes, como consecuencia de una batalla entre los aficionados de ambos equipos.

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Chile, un país que acostumbra a controlar más su pasión en los estadios, tampoco ha conseguido escapar de este virus y la pasada semana se suspendió un encuentro de la Copa Sudamericana en Santiago por graves altercados. Durante un partido entre el Universidad de Chile y el Nacional uruguayo el asistente Milciades Salvidar quedó inconsciente por el impacto de un objeto lanzado desde la grada. El choque quedó suspendido de manera inmediata y se le ha dado la victoria a los locales, dejando el partido inacabado.

Estos son los dos últimos episodios de violencia en Sudamérica y la muestra de que el virus es realmente complicado de erradicar. Cada vez que se disputa un partido de importancia los incidentes hacen acto de presencia, y no hay que bucear demasiado en las hemerotecas para encontrar casos impactantes. Sin ir más lejos, con el descenso de River Plate se vivió uno de los episodios más tristes cuando los integrantes de la barrabrava millonaria invadieron el terreno de juego para agredir a los jugadores de su propio equipo.

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La afición de Huracán tampoco resistió el descenso de su equipo y tras perder el desempate ante Gimnasia invadió las calles, invadiendo un comedor infantil y varios comercios. La revuelta se cerró con 60 detenidos y varios policías heridos. Pero, sin duda, el partido más grande de Sudamérica es la final de la Copa Libertadores y, como tal, también vivió uno de los incidentes más graves de los últimos años. A la conclusión del encuentro entre Santos y Peñarol, los jugadores de ambos equipos se enzarzaron en una batalla campal. Y es que los futbolista no son un buen ejemplo para sus aficionados.

Pero las peleas, puñetazos y altercados quedan reducidos a minucias cuando la violencia se empieza a cuantificar en muertes. Argentina cuenta ya con más de 200 víctimas mortales como consecuencia del fútbol. El mal está tan arraigado que incluso se han desarrollado asociaciones para ayudar a las afectados por la violencia en el fútbol. Se dice que la primera muerte en el fútbol sudamericano se produjo en 1924 tras un Argentina-Uruguay. Un siglo después, quizá sea hora de empezar a atajar el problema. No dejemos que la pelota continúe manchada de sangre.

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