La decadencia de Mateja Kezman

El serbio ha pasado de estrella a descarte

La línea que separa el éxito del fracaso es delgada, pero una vez se cruza ya no hay vuelta atrás. Mateja Kezman lo sabe perfectamente. Durante sus comienzos el delantero serbio estaba llamado a marcar una época. Sus registros goleadores con el PSV Eindhoven (2000-2004) le dibujaban como uno de los proyectos más prometedores de Europa. Siete años después, todo se ha esfumado y su carrera se ha perdido en un desorientado y decadente periplo por distintos equipos de todo el planeta.

Países tan dispares como Inglaterra, España, Turquía, Francia, Rusia, Hong Kong han cuñado el pasaporte de Mateja Kezman desde que abandonó Holanda. El trayecto marca claramente la decadencia que le ha llevado a bajar escalón tras escalón hasta ser expulsado del fútbol europeo para refugiarse en Hong Kong, como jugador del South China. Esta temporada ha fichado por el BATE Borisov de Bielorrusia, con quien tiene la oportunidad de disputar la Champions League e intentará reencontrarse con sus mejores años cuando era un ídolo en Philips Stadion.

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Y es que, vistiendo los colores del PSV Eindhoven, Kezman se convirtió en uno de los delanteros más cotizados de Europa. El Philips Stadion es un escenario exigente con los los nueves, no en vano han disfrutado a leyendas como Ronaldo, Romario o Rudd Van Nistelrooy, pero el serbio se situó a la altura de los mejores. Durante sus cuatro temporadas en Holanda rompió todos los registros goleadores, estando especialmente fino en sus dos últimos años allí, firmando 35 y 31 goles, con una media superior a la de un gol por partido y siendo Bota de Plata europeo.

Estos números le catapultaban desde la Eredivisie hacia una liga de primer nivel. Estuvo cerca de fichar por el Barcelona, pero finalmente en 2004 el Chelsea, quien estaba invirtiendo fuertes sumas de dinero para convertirse en un grande de Europa, cerró su contratación a cambio ocho millones de euros. Llegaba a Stamford Bridge dispuesto a convertirse en el hombre gol de los Blues, pero su fracaso fue estrepitoso. Sólo firmó cuatro tantos en 25 apariciones y su condición de goleador quedó enterrada por las lesiones y la potente irrupción de Didier Drogba.

El verano siguiente, José Mourinho le abrió las puertas del club para que se buscara un nuevo destino, y el Atlético de Madrid vio en él al acompañante ideal para Fernando Torres. Kezman aterrizaba en el Vicente Calderón convencido de que su paso por el Chelsea solo era un tachón en su prometedora carrera y la afición rojiblanca parecía compartir la misma opinión. Sin embargo, el serbio volvió a fallar. Sus ocho goles para los colchoneros no fueron aval suficiente para vivir una segunda temporada en el Atlético de Madrid, quien también se deshizo de él.

Ese fue el principio del fin para Kezman. El inicio de una caída libre que le haría vestir sin éxito las camisetas del Fenerbahce, Paris Saint Germain y Zenit de San Petersburgo. El serbio llegó a todos esos equipos despertando ilusión y se marchó al poco tiempo protagonizando actos de rebeldía (lanzó la camiseta del PSG en mitad de un partido) y con decepcionantes cifras goleadores. La pasada temporada, optó por un destino exótico como Hong Kong, donde decepcionó al South China, para quien solo marcó dos goles y perdió la liga a manos del Kitchee del delantero español 'Chino' Losada.

Su aventura hongkonesa parecía ser el final de la carrera de Mateja Kezman, pero el fútbol le ha dado una segunda oportunidad. A sus 32 años y con el orgullo repleto de cicatrices, el serbio ha fichado por el BATE Borisov, de Bielorrusia, y este miércoles se enfrentará al Barcelona en la Liga de Campeones. El serbio se verá las caras con el equipo al que pudo pertenecer cuando no era más que un prometedor delantero. Tal vez sea la oportunidad ideal para que el serbio se reencuentre como ese chico que un día fue uno de los goleadores más letales de Europa.

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