La LFP y la Liga de las maravillas

Las decisiones de Astiazarán han empeorado la Liga BBVA

El sonido era estruendoso. Pitos, vítores, insultos, aplausos, … Todo tipo de ruidos, aparentemente inconexos, nacían tras una pequeña y brillante puerta. Alicia no pudo contenerse y caminó decidida para descubrir que generaba tanto alboroto. En cuanto las luces de los focos dejaron de cegarla, ante sus ojos se dibujó un universo para ella desconocido. Un inhabitado esqueleto de piedra rodeaba una pradera rectangular. Sobre el oasis entre el cemento desfilaban sin rumbo centenares de soldados. Estaban divididos en grupos de once y cada uno ataviado con colores diferentes, pero ninguno de ellos parecía saber muy bien lo que tenía que hacer. Chocaban constantemente entre sí y caían unos encima de otros formando graciosos montones humanos. Alicia no pudo evitar exhalar una traviesa risotada. “¿Quién será el responsable de este caos?“, se preguntó.

En el mismo momento en el que pensó la pregunta apareció a su lado un gato de amplia sonrisa burlona. Éste no le dirigió la palabra, si no que se limitó a señalar la respuesta. La pezuña apuntaba al centro de la construcción que rodeaba el césped. Allí, sentado sobre un cómodo sillón, se encontraba un hombre que realizaba estoicos esfuerzos por mantenerse erguido a causa de la pesada corona que portaba sobre la cabeza. Parecía que se la hubieran construido dos tallas más grande. Alicia se percató de otro detalle. Los sonidos que había escuchado antes procedían de un aparato que sostenía el hombre de corona demasiado grande o cabeza demasiado pequeña.

-Es el rey -intercedió el gato, adelantándose a la curiosidad de Alicia- y resolviendo tu duda te diré que su cabeza tiene un tamaño completamente normal. Es la corona la que le queda grande -sin conceder derecho a réplica a Alicia el gato continuó explayándose- Esto que ves antes era un espectáculo de masas, pero el rey se empeñó en que se jugara también los lunes o los domingos al mediodía y sólo él acude a presenciarlo. Ni siquiera había jugadores. Los sonidos los trae él de casa para engañar a las cámaras y hacer creer que su idea fue éxito. De hecho, creo que él todavía piensa que es así.

Alicia quiso corrobar que las palabras del gato eran ciertas y se acercó al rey para entrevistarle. “Buenos días, majestad”, espetó la niña.

-Buenos no, son excelentes. ¿Acaso no ves el espectáculo del que estamos disfrutando hoy? ¿Si lo saben hasta en Asia? Escucha la marabunta lo bien que se lo está pasando. Y todo gracias a mí.

Alicia decidió no hacer hincapié en el hecho de que estaba completamente solo y no había ninguna marabunta que disfrutara nada y se centró en la última parte de la exposición del rey. “¿Todo gracias a usted? ¿Qué ha hecho, majestad?”, interrogó.

-Soy un visionario. Se decía que había que innovar en el fútbol, pero que en los tiempos actuales, inmersos en una profunda crisis, era imposible. ¿Y qué hice? Innové, pero no en tiempos actuales, si no con una medida precaria. Hace quince años se jugó a fútbol los lunes y no tuvo mucho éxito. Pero fíjate ahora. He acertado plenamente. Y lo he redondeado programando un partido para el domingo a las 12.00 horas y adelantando a los viernes un encuentro de la Liga Adelante. Los campos están repletos y la gente encantada.

-¿Cúal fue el motivo para poner partidos los viernes y los lunes? ¿Para ganar más dinero de las televisiones? -Alicia no podía entender como el rey pensaba que todo marchaba bien.

-¡No! No tiene nada que ver con dinero. Nada más lejos de la realidad. ¿Para qué quiero yo más dinero? En España ya hay mucha gente que se toma los viernes por la tarde como fin de semana y los aficionados que vayan al estadio los lunes ya conocerán los otros resultados de la jornada. Así nos acercamos al resto de las Ligas europeas. Jugar al mediodía, en cambio, te convierte en un producto más llamativo para Asia.

Alicia no quiso preguntar más y decidió marcharse. Lo hacía mucho más confusa de lo que había llegado y preguntándose como alguien tan loco había llegado a ser rey.

-Fue el único que lo quiso ser -le explicó el gato. Eso respondía a todas las preguntas de Alicia.

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