Ginés Meléndez reabre el tabú de las banderas
Su gesto con la banderas asturiana, tras la explicación, presenta debate
La selección española sub19 ganó con esfuerzo y brillantez el Europeo de la categoría hace unos días, pero todo el buen fútbol que desplegó y los chavales de los que deberíamos estar cuestionando en cuánto tiempo deberían ser indiscutibles en Primera quedó totalmente opacado por el gesto del seleccionador Ginés Meléndez en la celebración, cuando quitó con malas formas la bandera asturiana del cuello de Juan Muñiz.
La imagen captada por la televisión causó un gran revuelo. Muchos asturianos aprovecharon las redes sociales para mostrar su enfado ante un gesto que consideran vejatorio y mientras que el resto de la afición, debatía entre lo exagerado de 'obligar' a celebrar con banderas nacionales o permitir que cada jugador se acuerde de quien quiera en un momento así.
También hay que reconocer que en este país existe una sensibilidad especial hacia los símbolos autonómicos que provoca que este tipo de acciones sea revisada y juzgada sin pararnos a estudiar todos los datos.
El seleccionador comentó en su defensa, que quizás podría haberse equivocado en las formas, pero que su gesto se debió a seguir con las normas establecidas por la dirección de la Federación donde prohíbe celebrar los títulos conquistados con otra bandera que no sea la española, ni autonómicas ni emblemas de localidades ni tan siquiera de clubes por más modestos que sean.
Esta norma genera una primera pregunta ¿desde cuándo está vigente? Todos recordamos a Sergio Busquets con su bufanda del Badía o Villa con la del Tuilla en el pasado Mundial. Concedamos el beneficio de la duda y pensemos que lleva 'en funcionamiento' desde este año.
Tampoco queda claro qué entiende la RFEF sobre banderas nacionales, ya que en las celebraciones se pueden ver banderas españolas, sí, pero tanto constitucionales como anticonstitucionales. Aquí también hay que romper una lanza en favor de los jugadores, que suelen coger en algunos casos la primera que le dan los aficionados y, seguro que fruto de la emoción y de la descarga de adrelina, no se paran a mirar qué ondean.
Está claro que, como comentábamos antes, quedan algunas heridas históricas por cicatrizar que acciones como las del seleccionador, admirado y querido por todos los jugadores que ha tenido, realizó en la pasada final no ayudan a curar, pero antes de poner a nadie a los pies de los caballos deberíamos preguntarnos quién o quiénes son responsables de esas 'órdenes'.
