El arte de matar y los toreros

La jornada de descanso invita a reflexionar

Argentina sorprendida por Bolivia/lainformacion.com/Reuters Argentina sorprendida por Bolivia/lainformacion.com/Reuters

La Copa América pone de manifiesto la gran catarsis del fútbol mundial que se ha producido. Las dos grandes superpotencias americanas, Argentina y Brasil, se han encontrado con un arranque de campeonato que no esperaban ni los más pesimistas. Tras la salida por la puerta de atrás del Mundial de Suráfrica, los obligados cambios en los banquillos dieron nuevas alas a la Canarinha y a Argentina. La verde-amarelha, presentó un nuevo proyecto en el que, descaradamente, daba paso a la savia nueva. Pato, Neymar, Ganso. Batista entró como un elefante en una cacharrería haciéndole un agujero de campanillas a la campeona España, con una goleada holgada donde Argentina mostró todo su poder. La electricidad de Higuaín, Agüero y Messi, culminaban como lanzas afiladas en el corazón del campeón. Argentina planteó un partido duro y de competición y España una exhibición. Al final los arañazos fueron hendiduras de consideración e inmediatamente saltaron las alarmas en Europa. El gran campeón caído y goleado. Igualmente, Portugal, aniquiló en pocos días al equipo de Del Bosque con otra sonora goleada. Y todo el mundo vio debilidades en La Roja. Después de la primera jornada de la Copa América, Argentina parece muy poco, con Messi y todo y Brasil cuestiona sus emergentes estrellas. Parafraseando a Mourinho: "¿Por qué?".

Fácil. El fútbol suramericano es el verdadero referente mundial con respecto a la última parte del campo y de un partido. La delantera. Nadie tiene delanteros como los brasileños, los uruguayos... quizá Portugal. Y sin embargo en Europa y en el mundo, se baila al son que toca España. (Y por ahí viene también Alemania). Todo responde al cómo. España ha encabezado un sistema que bloquea la tesis de que el fútbol es un juego de tanteo y gana el que mete más goles. Obviamente, así sigue, pero resulta que mete más goles quien mejor los engendra, los amasa, los genera... los acuna. Y no los más habilidosos y rápidos delanteros. Evidentemente, un equipo bien agazapado y pegando palos en el medio campo, encrudeciendo un amistoso masticando alambre y tejiendo trincheras en el centro le ganará al fino estilista. Entre otras cosas porque el elegante galán de noche, no sale a tirarse al barro por la mañana. Argentina tendrá que empezar a jugar al fútbol si quiere ganar esta Copa América, porque mordiendo en medio y corriendo alante, se les gana a equipo que juegan mejor que tú la pelotita, pero cuando te mides a rivales menores que te dan el balón para que seas tú quien crees... eso es otra historia. Así que un equipo partido y con dos leñadores como Mascherano y Gago en el centro no tiene motor ni transmisión para que sus ruedas vuelen. Brasil, más pausado y elegante, se ha encontrado con un cambio de idea y de sistema, pero, a grosso modo, sigue siendo el mismo equipo anodino con luces de color y guirnaldas en el techo. Buen portero, buenos defensas y maravillosos delanteros. Maestros en el arte de matar... pero nadie le pone el trapito al toro. Así que hoy mandan los señores que cogen el trapo y marean a la bestia. Se la enseñan por aquí y te la cuelan por allá. Los toreros. Si Ganso es todo lo que ofreció ante Venezuela, ya puede darse prisa a firmar un buen contrato en Europa o atracar a alguien en Brasil, porque competir y ganar, por estos lares lo va a tener complicado. Y si Argentina no se dibuja mejor y aprende a mover la pelota con velocidad en el medio condenará al ostracismo al mayor talento que ha dado ese país, quizá el mundo, a muchos años en blanco con la selección.

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