Entrenadores de leyenda... Enzo Bearzot

Comandó a la Italia campeona en el 82

El reciente fallecimiento de Enzo Bearzot, desaparecido el pasado mes de diciembre con 83 años, ha hecho correr litros y litros de tinta para recordar la historia de un hombre que devolvió a Italia a la élite del fútbol mundial y que acabó su carrera deportiva con un palmarés corto pero envidiable.

Antes de ocupar el banquillo, Bearzot desarrolló una prolífica carrera como futbolista durante las décadas de los 50 y 60. Tras dos temporadas en el Pro Gorizia, equipo de la segunda división italiana en el que debutó, en 1948 le llegó la oportunidad de su vida. El Inter de Milán centró sus miradas en él gracias a su buen hacer en el centro del campo. Como buen italiano, con un corte defensivo contundente. Tras un paso poco lucido por la 'squadra neroazzurra', donde sólo disputó 19 partidos en tres años, el Catania de la Serie B le acogió y allí pudo disfrutar de minutos. En la temporada 1953-54 dejó el club, habiendo logrado un ascenso a la máxima categoría, el primero en la historia del equipo.

El Torino, que fue el club de su vida tal y como él mismo aseguraría años más tarde, le fichó en 1954. Allí jugó durante nueve temporadas, con sólo un año en el que retornó al Inter para volver a desencantarse con los de Milán. Con la camiseta granate del 'Toro' vivió un descenso a la Serie B (temporada 58-59) y de nuevo un ascenso a la temporada siguiente. Con 36 años, después de 17 dedicado al fútbol, decidió colgar las botas y fue entonces cuando empezó su verdadera historia, aquella que es recordada por la mayoría de los aficionados al fútbol. Cuando nació la leyenda.

Se enfundó un chándal, compró una pizarra y sacó su pipa. La misma que le acompañó durante toda su carrera. Sus primeros pasos como entrenador los dio en el juvenil del Torino. Tras ello pasó al AC Prato, de la tercera italiana, y allí continuó adquiriendo experiencia. Un año más tarde se hizo cargo de las categorías inferiores de la selección italiana y en 1975 tomó las riendas de la 'azzurra'. Antes, algo más tapado había estado en los mundiales de 1970 y 1974 como ayudante.

En su llegada al cargo de seleccionador nacional trajo consigo una nueva filosofía de juego y una nueva actitud. En ella primó la defensa a ultranza de sus jugadores, algo que demostró constantemente haciendo caso omiso a las críticas. Ejemplo claro y carismático fue el de Paolo Rossi, al que rescató literalmente de prisión para su proyecto mundialista en 1982.

ESPAÑA 82: Un verano inolvidable

Enzo Bearzot

La convocatoria para el Mundial trajo consigo un aluvión de críticas. Pero Bearzot las acallaría sólo unas semanas después. Tras un inicio menos esperanzador del deseado (tres empates en la primera ronda), Italia se clasificó como segunda de grupo. Un trabajo magistral por parte del técnico, que consiguió que sus jugadores no se vieran afectados por las críticas de la prensa. Convirtió el mítico estadio barcelonés de Sarriá en un búnquer para su selección y como consecuencia logró una victoria tras otra desde la segunda ronda hasta la final.

La primera selección en caer fue la Argentina de Maradona, campeona por aquel entonces, que perdió 2-1. Brasil siguió la misma suerte que el combinado albiceleste y sucumbió a la Italia de Bearzot por 3-2. Polonia fue la tercera en caer ante Italia, en semifinales por 2-0. El último rival, una gran piedra en el camino: la RFA, que no pudo poner freno a Italia y acabó perdiendo por 3-1. Con este triunfo, la selección encabezada por el ya eterno Bearzot consiguió levantar la Copa del Mundo 40 años después.

Un resurgir 'azzurro' que tuvo dos protagonistas destacados. El primero, indiscutiblemente el propio Enzo Bearzot. Y el segundo, consecuencia directa de su trabajo, el conjunto que disputó el Mundial y al que consiguió unir, estabilizar y mentalizar para ser campeón. Todo ello, con permiso del presidente de la República, Francesco Cossiga, quien no pudo reprimir la emoción y celebró efusivamente el triunfo junto al rey Juan Carlos en el palco del Bernabéu.

Enzo Bearzot

Tras el mundial de México, en 1986, el 'Vecio' dejó su cargo como entrenador tras haber dejado para la historia su récord de 104 partidos al frente del combinado nacional.

Desde entonces, su tiempo decidió dedicarlo a su verdadero gran amor, Luisa, con la que, ineludiblemente, continuó viendo fútbol. Quedó para el recuerdo una persona que supo gestionar como nadie a un grupo de jugadores que pasaron a la historia, pero también el héroe nacional, recordado eternamente por su gesta en ese caluroso verano de 1982 en España.

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