Los bien pagados

Los árbitros reciben hasta 200.000 euros en un año

Ser árbitro puede ser una profesión de riesgo, pero en la élite del fútbol es un trabajo más que bien pagado. La mayoría de colegiados que arbitran en las máximas categorías europeas no son profesionales del arbitraje. Trabajan a tiempo parcial en profesiones de todo tipo y cada pocos días se enfundan el traje oficial y se arman silbato en mano. Dos sueldos, y nada mal pagados. No está nada mal en una coyuntura económica como la que vivimos.

Hay casos extremos como el de Jonas Eriksson. El colegiado sueco, que arbitró el partido de vuelta en la eliminatoria de octavos de final de la UEFA Champions League Schalcke 04-Valencia, está en el mundo del arbitraje sólo porque "disfruta viendo partidos". Hace cinco años vendió una participación cercana al 15% que poseía en una televisión de su país y se forró. Pasó a ser millonario, con una fortuna estimada de más de nueve millones de euros. Lo suficiente para que uno se olvide de trabajar y se dedique a su pasión. En este caso, a dirigir partidos de alto nivel.

Los equipos a los que se encuentre Eriksson en el camino pueden estar tranquilos. Es casi imposible dudar que el árbitro pueda estar comprado por el rival cuando en su cuenta corriente hay tantos ceros en la parte derecha.

Por regla general, los árbitros de las grandes ligas no están nada mal pagados. Son parte indispensable de un negocio que mueve miles de millones de euros al año y, por ello, reciben parte del pastel. En la Liga BBVA un colegiado, que no es profesional y además trabaja el resto de la semana en su profesión, recibe de media unos 6.000 euros por partido, a lo que se le suman dietas, desplazamientos y alojamientos en hoteles nada desdeñables. En total, de media cada colegiado arbitra entre 15 y 20 partidos por temporada, por lo que pueden llegar a ganar alrededor de 120.000 euros.

A ello hay que sumar lo que ganan como árbitros internacionales. En España hay once. El último en sumarse a la lista el pasado enero, el valenciano Mateu Lahoz. Cada temporada, con suerte, arbitran del orden de cinco o seis partidos en Europa, lo que acrecenta su nómina notablemente. Sólo por tener la suerte de pitar una gran competición, 40.000 euros más a sus cuentas, sumándole pluses y extras.

Con un poco de nivel y fortuna, un buen árbitro español puede cerrar una temporada con cerca de 200.000 euros en su cuenta corriente. Algo con lo que redondear el sueldo que reciben por desempeñar su labor de funcionario (Ayza Gámez, Estrada Fernández y Turienzo Álvarez), profesor de Educación Física (Mateu Lahoz), protésico dental (Iturralde González), graduado social (Clos Gómez), químico (Rubinos Pérez) o empresario (Delgado Ferreiro y Fernández Borbalán). Hay quien ha probado incluso con la política, como Undiano Mallenco, que durante un año fue subdirector de Bienestar Social en el Ayuntamiento de Pamplona. Puesto que tuvo que abandonar porque no podía compaginar con su mejor pagado 'trabajo' de árbitro.

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