Crece el poder y el dinero ruso

Los petrorublos mejoran el nivel futbolístico

El dinero ha convertido a la liga Premier de Rusia en un nuevo destino para jugadores de la talla de Roberto Carlos, y ha sacado de la nada a equipos antes casi desconocidos como el Zenit San Petersburgo o el Rubin Kazan. En una liga en la que el Spartak de Moscú y el Lokomotiv de Moscú habían sido los grandes dominadores durante años, tanto el Zenit como el Rubin han desplazado a los dos primeros, y no son los únicos por lo que parece.

La Copa de la UEFA ya ha visto la victoria de dos de estos equipos en la última década. La pujanza del fútbol ruso ya es una realidad. Jugadores brasileños y portugueses, sobre todo, sorprenden marchándose al fútbol ruso, que ha logrado esta importancia desde que los magnates del país se han hecho con las riendas de los equipos como una forma de blanquear dinero.

Así, un equipo "pequeño" como el Zenit o el Rubin Kazan son el destino más atrayente para estos hombres de negocios que consiguien dos objetivos rápidos: aumentar el nivel de un equipo poco acostumbrado a los aires de grandeza y, lo más importante, limpiar un dinero de dudosa procedencia.

El siguiente en la lista será el Krasnodar, que quiere a los jugadores de la Premier Hleb y Kranjcar. Y el ruso Arshavin, una de las estrellas de la selección nacional, podría volver a su país como un fichaje de relumbrón del Zenit San Petersburgo.

El fútbol ruso ha salido del anonimato gracias al dinero de poderosos magnates del gas y el petróleo, y los futbolistas tanto de Sudamérica como de África ya se plantean como una opción considerable el entrar en Europa por su puerta más oriental. En el Rubin Kazan se reúnen 16 nacionalidades distintas, gran parte de ellas de estos dos continentes.

Los jugadores brasileños, argentinos o nigerianos, por poner tres ejemplos, encuentran en el fútbol ruso algo más, un valor añadido con respecto a países más tradicionales en el planeta fútbol.

Allí son tratados como estrellas, tienen mayores salarios en comparación con los jugadores de su nivel que juegan en ligas más importantes. Coches, casas, traductores, guardaespaldas, chóferes, escuelas para los hijos... los futbolistas encuentran en Rusia la vida medio solucionada.

La llegada de Roman Abramovich al Chelsea en 2003 o la consecución del Mundial de 2018 han demostrado que Rusia es algo más que aquel país alejado en el que no viene bien jugar eliminatorias europeas en invierno.

Ahora, sus equipos han crecido sin parar y se han acercado a pasos agigantados al nivel medio europeo. Pronto serán capaces de superar a equipos de los "de toda la vida", al estilo del Chelsea, que no destacó en el ámbito europeo hasta la llegada de los petrorublos.

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