Beckham: ¿un bluf para la MLS?

Las claves del fracaso como icono

David Beckham, el jugador que iba a revolucionar la liga de fútbol estadounidense, que iba a convertir a la Major League Soccer (MLS) en un deporte de masas, no ha conseguido su objetivo. Los flashes han acompañado al jugador más allá de los terrenos de juego, pero no en el campo.

Al estilo de Pelé, con su llegada al New York Cosmos, el británico ha pasado en cuatro años de recibir un gran eco en los medios a convertirse en un simple murmullo. Ninguno de los dos dio gran nombre a la competición. En el caso de Beckham, todavía sabe cómo jugar al fútbol, pero 9 goles en 48 partidos se antoja un balance pobre.

El inglés, que forma parte de la disciplina de Los Angeles Galaxy, llegó a la MLS en 2007. En sus primeros partidos despertó a la dormida afición estadounidense, pero ahora mismo sólo arrastra a fans quinceañeras, con intereses alejados del fútbol, y que esperan de él que en algún momento se desvele como el quinto Beatle.

La MLS, que vuelve a empezar en marzo, esperaba del británico que colaborara en el empuje que necesita para salir del anonimato futbolístico. Los responsables de la competición quieren quitarle la imagen de "retiro dorado" que tiene, pero Beckham no ha contribuido para romperla.

Sin embargo, la influencia futbolística que pudo tener con su llegada ha quedado reducida a cenizas. El inglés no aguantó mucho tiempo seguido en Estados Unidos y pidió una cesión al Milan, de la que volvió con un tendón de Aquiles desgarrado.

Su único impacto ha llegado de la mano de su imagen. El futbolista ha dado charlas a canteranos y ha protagonizado infinidad de actos publicitarios con su esposa Victoria.

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